El almirante Karl Donitz, sucesor de Adolfo Hitler y con cuyo nombre fue bautizada la academia militarizada de Ciudad Madero, Tamaulipas, donde murió en circunstancias poco claras la adolescente Dafne Zapata, fue uno de los jerarcas nazis sentenciados en el histórico proceso de Nuremberg.
Instituido el 8 de agosto de 1945 por las potencias aliadas (Estados Unidos, Unión Soviética, Reino Unido y Francia), el juicio se desarrolló, en su fase principal, del 20 de noviembre de 1945 al 1 de octubre de 1946 en Nuremberg, que al lado de Berlin y Munich, era una de las ciudades símbolo del régimen nazi.
En el denominado “Proceso a los principales criminales de guerra”, el Tribunal Militar Internacional juzgó a 24 supervivientes entre los altos jerarcas nazis; el segundo grupo de 12 procesos fue abierto contra imputados de grado inferior en la misma ciudad alemana.
Crímenes contra la humanidad
En la parte principal del juicio se evaluó la culpabilidad de los acusados respecto a cuatro cargos: conspiración para librar una guerra de agresión; crímenes contra la paz; crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.
Las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial querían juzgar a los líderes del nazismo pero los más destacados, como el propio Hitler, Heinrich Himmler (líder de las formaciones paramilitares SS, constructor de los campos de exterminio y ministro del Interior del Reich) y Joseph Goebbels (ministro de la Propaganda) se suicidaron antes de ser procesados.
Fue así que al final en Nuremberg fueron sentados en el banquillo de los acusados 24 dirigentes del nazismo, la mayoría de los cuales había sido capturado o se había entregado a las fuerzas de Estados Unidos o Reino Unido.
Doce sentenciados a la horca
Del total de imputados, 12 fueron sentenciados a la horca, entre ellos Hermann Goering, comandante en jefe de la Luftwaffe, la fuerza aérea nazi, quien se suicidó con cianuro poco después del veredicto, o Martin Bormann, jefe de la Cancillería del partido nazi, juzgado en ausencia pues presuntamente murió en mayo de 1945, aunque fue declarado oficialmente fallecido hasta 1998.
También fueron sentenciados a muerte Hans Frank, gobernador de la Polonia ocupada; Wilhelm Frick, exministro del Interior; Alfred Jodl, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas; Ernest Kaltenbrunner, dirigente de la Oficina de Seguridad; Wilhelm Keitel, jefe del Alto Mando de la Defensa; Joachim von Ribbentrop, ministro de Exteriores; Alfred Rosenberg, ministro para los Territorios Ocupados y Fritz Sauckel, responsable de la región de Turingia.
Los otros dos sentenciados a la pena capital fueron Julius Streicher, propagandista y propietario de una editorial antisemita y Arthur Seyss-Inquart, comisario del Reich para los territorios ocupados de los Países Bajos.
El almirante Donitz, quien fue presidente del Reich tras el suicidio de Hitler el 30 de abril de 1945 y hasta el 23 de mayo del mismo año, cuando fue detenido por el alto mando británico, fue sentenciado a 10 años de prisión y falleció en Alemania en 1980, a los 89 años.
Del resto de los imputados, seis recibieron penas de prisión de entre 10 años y cadena perpetua. Albert Speer, conocido como el “arquitecto de Hitler”, fue sentenciado a 20 años de cárcel, mientras tres de los acusados fueron absueltos.
Juicios secundarios
Aunque inicialmente se había acordado celebrar más juicios ante el Tribunal Militar Internacional, las crecientes divergencias entre los cuatro países ganadores de la guerra hicieron irrealizable ese proyecto por lo que las autoridades de Estados Unidos, basándose en una ley promulgada por el Consejo de Control Aliado, que establecía que cada país ocupante podía procesar independientemente a sospechosos de crímenes de guerra, llevaron a cabo 12 procesos secundarios sucesivos.
Esos juicios iniciaron el 9 de diciembre de 1946 y concluyeron el 13 de abril de 1949. Entre ellos estuvieron el llamado “proceso de los doctores”, contra 23 médicos y administradores, acusados de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad al haber participado en experimentos nazis sobre seres humanos en nombre de la ciencia.
De los 23 imputados, siete fueron sentenciados a muerte, siete absueltos y 9 recibieron diversas condenas carcelarias.
En los 12 procesos hubo un total de 177 imputados, de los cuales 35 resultaron absueltos y 142 condenados; de estos últimos, 25 recibieron la sentencia a la pena de muerte, mientras el resto purgó diversas condenas carcelarias.
La fuga de criminales nazis
El ocaso del nazismo en 1945 no coincidió, sin embargo, con el final de todos sus protagonistas, pues aunque algunos fueron procesados en Nuremberg, muchos de los responsables del exterminio de los judíos y de otros crímenes de guerra lograron regresar a sus hogares sin ser molestados o emprendieron la fuga al extranjero.
Según una investigación hecha para la muestra “Jerarcas en fuga: a dónde escaparon los nazis, quién les ayudó y quién los acogió”, que se realiza hasta el 31 de agosto próximo en el Museo Hebreo de la ciudad de Bolonia, Italia, los fugitivos contaron con el apoyo de redes eclesiásticas y de gobiernos locales a través de las denominadas Ratlines (líneas de ratas).
La exposición muestra como Italia fue un cruce fundamental de tales fugas y a través de las Ratlines, organizaciones secretas como ODESSA o Stille Hilfe actuaron prácticamente como agencias de viaje, proporcionando hospedaje, alimentos y documentos falsos para la expatriación.
Entre los cómplices de los fugitivos aparecen exponentes de la Iglesia católica, como el obispo Alois Hudal o instituciones como la Cruz Roja Internacional o la Media Luna Roja Árabe, involucradas en la expedición de pasaportes falsos.
Argentina, principal escondite de jerarcas nazis
Según la investigación, Argentina fue la principal meta del exilio para los nazis fugitivos, pues el gobierno de Juan Domingo Perón organizó una amplia red de salvataje, buscando expertos para modernizar la industria y el ejército argentinos.
En el país sudamericano encontraron refugio criminales como Adolf Eichman, quien se escondía detrás de la identidad de Ricardo Klement, que fue comandante superior de las unidades de asalto nazis y uno de los mayores responsables operativos del exterminio de los judíos.
Eichmann fue localizado y posteriormente detenido en 1960 en un rocambolesco operativo por el Mossad, los servicios secretos de Israel, gracias al trabajo de Simon Weisenthal, uno de los principales “cazadores” de criminales de guerra nazis.
Trasladado y juzgado en Israel, Eichmann fue declarado culpable de crímenes de guerra y contra la humanidad y ejecutado en 1962.
En Argentina también se refugió Joseph Mengele, conocido como el Ángel de la Muerte por los crueles experimentos médicos y de eugenésica hechos en el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau. De ese país Mengele se trasladó a Paraguay y de ahí a Brasil, donde en 1979 murió de causas naturales sin haber sido nunca juzgado por sus crímenes.
En Bariloche, Argentina, residió el agente de la Gestapo y capitán de las SS, Erich Priebke, localizado en 1994 gracias a una indicación del Centro Simon Wiesenthal - que lleva el nombre del célebre “cazador” de criminales de guerra - a la televisora estadunidense ABC.
Extraditado a Italia, donde fue acusado de haber participado en la planificación y ejecución de la matanza de las Fosas Ardeatinas, a las afueras de Roma, en la que 335 italianos fueron asesinados en 1944 en represalia por un atentado de la resistencia en el que murieron 33 soldados alemanes, Priebke fue sentenciado a cadena perpetua, aunque le fue concedido el arresto domiciliario debido a su edad. Murió en 2013, a los 100 años de edad, sin haber mostrado nunca signos de arrepentimiento.
En 2020 el investigador privado argentino Pedro Filippuzzi anunció haber descubierto un documento con una lista de nombres de unos 12 mil presuntos nazis llegados al país décadas atrás, muchos de los cuales sospechosos de haber transferido grandes cantidades de dinero a cuentas bancarias en Suiza.
Algunas fuentes históricas estiman que en Sudamérica se refugiaron unos 10 mil nazis, la mitad en Argentina, unos dos mil en Brasil, 500 en Chile y el resto en Paraguay, Uruguay, Bolivia y otros países de la región.
En el curso de los años, el Centro Simon Wiesenthal ha trazado la fuga de miles de nazis, entre ellos Franz Stangl, comandante de los campos de exterminio de Sobibor y Treblinka, arrestado en Brasil en 1967 o Alois Brunner, brazo derecho de Eichmann, que se refugió en Siria, donde murió escapando al intento de extradición.
En uno de los últimos juicios, en 2020, fue condenado a dos años de cárcel Bruno Dey quien entonces tenía 93 años de edad, por haber sido un guardia en el campo de concentración de Stutthof, Polonia, aunque la pena fue suspendida debido a su edad.
LJ