La carta no estaba dirigida a un empresario para reclamarle el impuesto revolucionario. Tampoco a un adversario político que debería tomar las maletas y llevarse a su familia del País Vasco si no quería arriesgarse a morir asesinado. Este modelo de carta, incautado en 2004 a la cúpula terrorista, era otra cosa. La prueba de que entre los etarras y sus cómplices, como en cualquier empresa, partido o mafia, también había ladrones, corruptos, que robaban a los suyos. Y que, según su visión, merecían ser secuestrados por el aparato militar para que devolvieran el dinero y pedir perdón.
"Mediante esta carta (...) queríamos ofrecerte una última oportunidad antes de considerarte como enemigo de Euskal Herria. ETA te ofrece dos opciones: la firma del pacto que te ofrecemos o que te vayas de Euskal Herria. Junto con esta carta te hacemos llegar un contrato en el que se te especifica cómo y en qué plazo, guardando la discreción debida, deberás devolver los XX euros robados. (...) Al mismo tiempo, en este pacto se te concretará en qué momento y en qué condiciones pedirás perdón. (...) El no cumplir con el acuerdo firmado con nosotros, o comunicárselo a la 'txakurrada' (los perros: la Policía), daría pie a ETA a llevar a cabo las medidas en tu contra que decidiese".
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"Le recordamos que ha sido arrestada y que tras llegar a un acuerdo aceptable, ha acordado realizar el pago completo. (...) Con este acuerdo ha evitado la realización de una acción contra usted. (...) No creemos que le tengamos que recordar las consecuencias que podría conllevar el incumplimiento del acuerdo realizado con Euskadi Ta Askatasuna. ETA utilizará su fuerza armada en su contra sin ningún tipo de miramiento".
Los ladrones de ETA, un tabú siempre envuelto en silencio porque manchaba su imagen de sacrificados servidores del "pueblo vasco", están recogidos con nombres y apellidos en un documento interno de la banda. ETA los agrupó en un epígrafe que denominó Ustelak ("podridos" o "corruptos"). El texto fue descubierto en la localidad francesa de Salies de Béarn en 2004, cuando la Policía Francesa detuvo en colaboración con la Guardia Civil a Mikel Albisu (Antza), el dirigente de ETA que más años lideró la organización, y a su pareja, Soledad Iparragirre (Anboto), jefa del aparato de extorsión y la mujer que junto a Josu Ternera ha leído ahora el comunicado final de la banda.
A continuación, los ocho casos recopilados por la cúpula terrorista hasta 2004, en los que se vieron implicados 10 "podridos". Se trata de colaboradores de ETA, personas vinculadas a ese mundo o miembros de sus organizaciones subordinadas dentro del denominado Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV) que financió y alimentó a la banda, y a las que la propia ETA considera de su propiedad (aunque sólo algunas de ellas, como Gestoras pro Amnistía, fueron disueltas por orden judicial).
Los autores del documento hablan en pesetas unas veces y otras en euros, dado que 2002 fue el año del cambio de moneda. Y a los 10 "ladrones" les atribuyen en conjunto un robo mínimo de un millón de euros a precios actuales. Aunque la cifra sería superior: en un caso no proporcionan cifras y en otro aseguran que el acusado se llevó "muchos millones" pero que no han podido cuantificarlos. Se desconoce si fueron objeto de un ataque por parte de ETA.
Primer caso
Esteban Sein
Robo de "muchos millones "a Gestoras pro Amnistía
Esteban era miembro de Gestoras pro Amnistía, la organización de asistencia a los presos de ETA que formaba parte de la banda y actuaba a sus órdenes. De joven, en 1979, ya había sido arrestado en un bar de su pueblo, Oyarzun (Guipúzcoa), en una serie de detenciones relacionadas con el atentado en San Sebastián contra el teniente coronel Tomás López de Diego. Según indica ETA, su caso era indubitado: "Ha hecho un robo de muchos millones a Gestoras pro Amnistía. Durante 12 años ha robado dinero tanto de Gestoras como de los fondos destinados a su cuñado preso".
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En otro documento de ETA figura una declaración que o bien hizo él mismo o bien estaba preparada para que la firmara:
«Quiero manifestar que no he respetado la lucha por la liberación de Euskal Herria y que he defraudado tanto a compañeros de lucha como al pueblo vasco. Durante todos estos años, siendo militante de Gestoras pro Amnistía, reconozco haber robado. Lo hecho no tiene justificación. (...) Me hago responsable de los resultados negativos que mi comportamiento inadmisible ha tenido en la lucha por la defensa de Euskal Herria. Quiero pedir perdón a esta Organización...».
Con sus ladrones ETA sí empleaba palabras claras. "Comportamiento inadmisible". "Lo hecho no tiene justificación".
Segundo caso
Xabier Cervera
Robo de 9.5 millones de pesetas a la aseguradora Aski
A ETA Xabier le robó, según las anotaciones, 9.5 millones de pesetas. Y en dos tandas; por eso se pregunta la banda: "Esto es la hostia: qué tipo de miedo nos tenía para volver a robarnos dos años después".
Xabier era un agente de seguros de la Margen Izquierda de Vizcaya que, según ETA, sustraía dinero de Aski, la correduría de seguros que -según consta en documentación intervenida a ETA y como consideró la Audiencia Nacional- formaba parte del entramado empresarial que nutría a la organización terrorista. Pero no sólo eso. Xabier también robaba "clientes" a esta aseguradora y a otra que ETA señala como propia, Bikabi. "Ha solido realizar facturas falsas, utilizando y escondiendo dinero negro", dicen los autores del documento.
La cosa la cuentan así. Como consecuencia de unas diligencias de la Audiencia Nacional, Xabier cambió de nombre algunas cuentas corrientes "pero se olvidó" de hacerlo con una cuenta de Aski en la que él figuraba como titular, "y el juez Baltasar Garzón la embargó". Cuando dos años después fue declarado no culpable y se levantó el embargo, Xabier fue al banco y «extrajo todo el dinero» de esa cuenta «en dos partes».
Tercer caso
Santiago Díez, Miren Bitore Eiguren María Dolores Eiguren
Robo de 18 millones de pesetas a la red de escuelas de euskera AEK
Un caso de robo en familia en el que, esta vez sí, actuaron los tribunales de verdad. El escándalo lo detectaron a principios de 1997: la vizcaína Miren Bitore era tesorera de AEK (la denominada Coordinadora de Euskaldunización y Alfabetización, históricamente vinculada a ETA y que hoy sigue enseñando lengua vasca en centros del País Vasco, Navarra y el País Vasco francés). Miren Bitore, al mando del dinero, "desvió durante dos o tres años" y poco a poco "18 millones de pesetas" a las cuentas de su hermana, María Dolores, profesora de euskera, y de su cuñado Santi, militante de Herri Batasuna (HB).
La dirección de AEK lo denunció ante un juzgado vizcaíno que, según los apuntes de ETA, acreditó el robo de al menos 12.5 millones. ETA anota que la izquierda abertzale ha expulsado a Santi y que la banda se encargará de preguntar si los tres parientes "han pagado o no".
jamj