La amenaza de un posible ataque con un misil tierra-aire contra el Air Force One, atribuida a Irán, obligó a desplegar un elaborado esquema de seguridad durante el viaje de regreso a Washington del presidente Donald Trump desde Turquía, que incluyó su traslado oculto en un camión de servicios y un vuelo secreto en una segunda aeronave más pequeña, un episodio que reavivó el debate sobre las medidas de protección aérea al mandatario.
Funcionarios cercanos al entorno presidencial, citados por medios estadunidenses, señalaron que la posible amenaza estaba relacionada con el uso por Teherán de misiles tierra-aire, o incluso, de un misil portátil lanzado desde el hombro. Ante ese riesgo, se optó por modificar los planes de regreso con el objetivo de despistar a un eventual atacante.
¿Qué se sabe del traslado de Trump desde Turquía?
Trump llegó a Turquía en un Boeing 747-8 regalado por Qatar y adaptado para uso presidencial, aunque sin el mismo nivel de protección que los tradicionales VC-25A, que sirven como Air Force One.
El Servicio Secreto decidió que Trump fuera trasladado de manera encubierta dentro del aeropuerto, en un vehículo de “catering” (comida), hasta un avión militar más pequeño, un Boeing C-32A, a pesar de que la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) había expresado “baja confianza” de la supuesta amenaza transmitida por el gobierno de Israel, de acuerdo con el Washington Post.
El incidente fue visto por expertos como una demostración de que la protección presidencial depende no sólo de las defensas instaladas en el avión, la mayoría de cuyos detalles son secretos, sino también incluye inteligencia, cambios de aeronave, rutas secretas, aviones señuelo y ocultamiento de la ubicación real del mandatario.
“Uno puede imaginarse las diferentes maneras en que esto podría haber salido mal, donde, durante un tiempo, nadie habría podido corroborar de forma independiente la situación del presidente de Estados Unidos, o quién estaba al mando del gobierno estadunidense”, observó el escritor Garret Graff.
Pero el episodio también reavivó el debate sobre las diferencias de protección entre el 747-8 provisional de Qatar, los veteranos VC-25A y los futuros VC-25B, a pesar de que muchas de las medidas se reservan fuera de la esfera pública.
“Air Force One” es técnicamente el indicativo de llamada de cualquier aeronave de la Fuerza Aérea de Estados Unidos que transporte al Presidente pero el público asocia el nombre con los dos emblemáticos aviones azules y blancos basados en el Boeing 747-200B, que rondan los cielos del mundo con sucesivos mandatarios estadunidenses a bordo desde 1990 y 1991.
Así son las naves presidenciales
Los VC-25A son los dos aviones presidenciales que durante más de tres décadas han constituido la imagen tradicional del Air Force One.
Boeing 747-200B
Se trata de dos Boeing 747-200B modificados para la misión presidencial, identificados por los números de cola SAM 28000 y SAM 29000 y asignados al Presidential Airlift Group de la 89th Airlift Wing, con base en Joint Base Andrews, Maryland.
Con un costo original de 325 millones de dólares cada uno (unos 800 millones a precios actuales), los dos gemelos fueron configurados para permitir que el Presidente pueda viajar, trabajar, comunicarse y ejercer sus funciones como comandante en jefe durante el vuelo, incluso en situaciones de crisis.
Su misión más conocida ocurrió el 11 de septiembre de 2001 tras los atentados terroristas. El SAM 29000 transportó al presidente George W. Bush mientras las autoridades intentaban determinar la naturaleza de la amenaza.
Boeing describe al avión como una especie de “Oficina Oval voladora”, con aproximadamente 372 metros cuadrados de superficie interior distribuida en sus diferentes niveles.
Cada aparato mide aproximadamente 70.7 metros de largo, tiene una envergadura de 59.6 metros y alcanza una altura de 19.3 metros. Está impulsado por cuatro motores General Electric CF6-80C2B1, cada uno capaz de producir unas 56 mil 700 libras de empuje. Su peso máximo al despegue ronda las 833 mil libras, unos 375 mil kilogramos.
Puede alcanzar aproximadamente 630 millas por hora, Mach 0.92, volar hasta a unos 45 mil 100 pies de altitud y tiene una autonomía publicada de aproximadamente 12 mil 550 kilómetros aunque su capacidad de reabastecimiento de combustible en vuelo puede ampliar su permanencia en el aire.
Una Casa Blanca en el aire
El Presidente dispone de una suite ejecutiva privada, que incluye dormitorio, vestidor, baño y ducha, además de una oficina de trabajo separada. También existe una sala de conferencias y comedor para reuniones con familiares, asesores y altos funcionarios.
Hay espacios independientes para altos funcionarios, invitados, miembros del Servicio Secreto, personal de seguridad, tripulación y representantes de los medios de comunicación. Los aviones pueden transportar más de 70 pasajeros, además de una tripulación de alrededor de 30 personas.
Dos cocinas o galleys permiten preparar hasta 100 comidas, lo que proporciona al avión autonomía logística durante viajes largos. Cuenta además con seis baños para pasajeros, instalaciones accesibles para personas con discapacidad y zonas de descanso para la tripulación.
Cada VC-25A dispone también de un compartimento equipado con suministros y equipos médicos destinados a atender emergencias durante el vuelo. La configuración completa y los recursos disponibles no se detallan públicamente por razones operativas, pero la Fuerza Aérea confirma oficialmente la existencia de esta capacidad médica a bordo.
Una de las diferencias entre estos aviones y un Boeing 747 convencional se encuentra en sus sistemas electrónicos y de comunicaciones. Su función consiste en permitir que el mandatario permanezca comunicado con Washington, las fuerzas armadas y otros organismos gubernamentales mientras se encuentra en vuelo.
Los detalles técnicos de las comunicaciones seguras, sus niveles de redundancia y buena parte de los sistemas defensivos no son divulgados públicamente, por lo que las descripciones oficiales se mantienen deliberadamente generales.
Seguridad y sistemas defensivos
Los VC-25A fueron diseñados no solamente para transportar al Presidente sino para hacerlo en un entorno donde pueden existir amenazas militares o terroristas. Por esa razón incorporan sistemas especializados de seguridad, comunicaciones y protección.
Sin embargo, la Fuerza Aérea no publica la configuración de las contramedidas antimisiles, guerra electrónica, sensores ni otras defensas del avión.
Algunos ejemplos genéricos de contramedidas antimisiles en aviones son bengalas (flares): señuelos pirotécnicos que generan calor intenso para desviar misiles guiados por infrarrojos o por calor lejos de los motores del avión; Chaff, pequeñas tiras o fibras metalizadas que crean ecos falsos en el radar para confundir misiles guiados por radar.
Otras incluyen contramedidas infrarrojas dirigidas con sensores que detectan un misil entrante y una torreta dirige energía infrarroja o láser modulada hacia su buscador para dificultar que siga al avión, así como sensores infrarrojos o ultravioletas para detectar lanzamientos o misiles que se aproximan.
El polémico regalo de Qatar
El avión obsequiado por el gobierno qatarí, con un costo de unos 400 millones de dólares, es un VC-25B “Bridge” provisional, basado en un 747-8 comercial.
La Fuerza Aérea afirma que es un avión “seguro” y con las tecnologías necesarias para la misión presidencial pero reconoce que no incorporó necesariamente todas las capacidades secundarias previstas para el futuro VC-25B definitivo.
La Casa Blanca indicó que este avión “Bridge” recibiría otra fase, de aproximadamente un mes, de mejoras defensivas y de seguridad en el otoño de 2026. Durante esos trabajos, Trump volvería a utilizar el antiguo VC-25A.
Modernización en aviones presidenciales
El informe de adquisiciones del Pentágono publicado en abril de 2026 ofrece algunos detalles interesantes sobre la nueva generación de aviones presidenciales VC-25B, a un costo estimado en casi 2 mil millones de dólares.
Entre las mejoras públicas se encuentran: mayor capacidad de generación eléctrica; dos unidades auxiliares de potencia capaces de funcionar en vuelo; nuevo sistema de comunicaciones de misión; aviónica militar; sistema de autodefensa; capacidad autónoma de embarque y desembarque; manejo autónomo de equipajes; e instalaciones de trabajo y descanso para el presidente.
Además, se introducirá una nueva modernización antes incluso de que los aviones entren en servicio. La Fuerza Aérea determinó que la arquitectura de comunicaciones originalmente diseñada para el VC-25B no sería viable más allá de 2028 debido a cuestiones de ciberseguridad y obsolescencia tecnológica.
Por ello comenzó una actualización denominada VC-25B Block Upgrade/Mission Communications System technology refresh. El Congreso aprobó aproximadamente 36.65 millones de dólares de los 73.3 millones solicitados inicialmente para el año fiscal 2026.
La previsión oficial actual es el primer VC-25B permanente, para mediados de 2028, y el segundo VC-25B permanente, para mediados de 2029. Hasta entonces, la Fuerza Aérea pretende mantener los antiguos VC-25A plenamente operativos.
MD