El cine, como todas las artes, es un reflejo de la vida humana, representando la “realidad” a veces en mayor o menor medida; pero como ya lo preveían desde 1947 los teóricos de la Escuela de Frankfurt, Theodor Adorno y Max Horkheimer, en la Dialéctica de la Ilustración, la ‘Industria Cultural’ se erigiría a través de la producción y difusión del arte y la cultura bajo intereses económicos.
A pesar de que las reflexiones ocurrieron hace más de 70 años, pueden trasladarse hasta la actualidad, con blockbusters que aunque representen coyunturas con intenciones de acercarse a la audiencia, hay detrás todo un entramado comercial, y ante todo, sociopolítico.
Bajo este contexto, el 2025 presentó diversos títulos que resaltaron tanto en carteleras como en redes sociales —el medio actual por excelencia para saber qué película escoger para ver en el cine o en plataformas digitales—.
Algunos de los filmes más taquilleros empataron con situaciones políticas que marcaron el año. En el caso del panorama de Estados Unidos: la inmigración y la crítica a las empresas, así como a la situación médica en el país norteamericano.
La enorme producción cinematográfica anual hace que formular una lista de las “10 mejores” o establecer qué títulos deben ser galardonados se vuelva una tarea titánica.
Sin embargo, el cineasta estadunidense Paul Thomas Anderson (PTA) con la película Una Batalla tras Otra (One Battle After Another) encabeza la mayoría de los recuentos. Otro de los largometrajes favoritos del 2025 fue Bugonia, del director griego Yorgos Lanthimos.
Ambas lideran algunas de las listas más importantes en el mundo del cine comercial, apareciendo, por ejemplo, en la shortlist para los Premios Oscar 2026 en la categoría de Cinematografía.
Incluso, el filme de PTA aparece en el primer lugar de las “películas favoritas de Barack Obama”, un listado que el ex presidente comenzó desde su estancia en la Casa Blanca.
Además de esta recepción tan estadunidense, ambos largometrajes comparten la exploración sobre la sociedad del país de ‘las barras y las estrellas’ como la premisa que fundamenta los relatos. Cabe mencionar que en los dos casos, las películas están basadas en otras obras.
Una Batalla tras Otra: un espejo de la inmigración en EU
En el caso de Una Batalla tras Otra, una película basada en la novela Vineland del escritor estadonidense Thomas Pynchon, la historia inicia con un grupo insurrecto llamado French 75 que planea liberar a cerca de 270 inmigrantes de un centro de detención en la Mesa de Otay, una región fronteriza que colinda con Tijuana y San Diego, en California.
Una de las escenas muestra el controversial muro que divide a México de Estados Unidos, aquel que en agosto, el presidente Donald Trump ordenó pintar de negro para imposibilitar el cruce: una estructura que sea “más caliente y difícil de escalar”, dijo en su momento la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem.
Posterior a ello, la agrupación ingresa al centro, logra amagar a los guardias fronterizos y finalmente liberan a los detenidos, que en ese momento, se encontraban durmiendo en colchonetas dentro de casas de campaña. No sin antes encontrarse con el antagonista de la historia, el capitán Steven J. Lockjaw —interpretado por Sean Penn—, quien se encontraba a cargo de la operación antimigrantes.
“Fronteras, personas y elecciones libres. Y basta de miedo”, señala Perfidia Beverly Hills, una de las guerrilleras de French 75 —con la actuación de Teyana Taylor— al capitán.
“Somos una organización política fuera de la vista, de los oídos, y sobre todo, de las armas del Estado imperialista y de este régimen fascista”, grita Pat, Rocket Man, otro de los miembros, interpretado por Leonardo DiCaprio.
El filme continúa con acciones de la French 75 contra el gobierno frente a otras situaciones además de la migración, como la legalización del aborto. La organización opera bajo el lema de “la violencia revolucionaria lo es todo”, mencionado en un diálogo de Perfidia.
A lo largo de este año, frente al endurecimiento de las políticas de Trump, colectivos de activistas y organizaciones civiles empezaron a configurarse como fuerzas de oposición que —aunque de forma quizás menos ficcional— apoyaron a aquellos objetivos que el Presidente busca erradicar.
Por ejemplo, las Barbies Antifascistas, un grupo de mujeres en Chicago que usan su condición como ciudadanas estadunidenses para asistir a las personas en situación migratoria irregular frente a las brutales redadas en la región.
Tiempo después, el grupo de los French 75 es desarticulado; asesinados en algunos casos y llevados ante la justicia en otros. Mientras que el coronel Lockjaw recibe una mención honorífica.
En una reunión con el gobernador del estado lo felicitan por la acción: “Estamos en un combate cuerpo a cuerpo contra la migración desbocada”.
“Si quieres salvar al planeta, empieza por la migración”, dice el político, un personaje ficcional con una frase que rememora a las declaraciones del líder republicano, sobre frenar la entrada de personas “del Tercer Mundo” a Estados Unidos, hasta que “el sistema del país se recupere por completo”.
En otra de las escenas, puede verse a Billy Goat, otro miembro de la French 75, resguardado en un barrio migrante, a cargo de una estación de radio independiente en Los Ángeles, recordando que Estados Unidos “es una nación que da asilo”.
La trama de la película lleva al coronel a ordenar una redada migratoria en Backtan Cross, ciudad ficcional que fue grabada en el condado de Humboldt, en California; uno de los estados santuarios que han sido azotados por los operativos del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) durante este año.
“Es una ciudad santuario llena de mojados apetosos (sic)”, dice Lockjaw a su equipo.
“Llegó la migra y se llevaron a todos del Chicken Lickin, creo que seguimos nosotros”, le advierten a Sergio St. Carlos, un instructor de karate interpretado por Benicio del Toro, cuando los agentes de inmigración llegan a Backtan Cross.
Al recibir esta alerta, Sergio comienza un plan de emergencia para cerrar una tienda que está detrás de su casa, pero que en realidad, es la fachada de un pequeño refugio para decenas de migrantes que se albergan ahí.
“Familia, necesito que agarren a sus hijos y sus cosas y formen una fila porque hoy nos va a caer ‘la migra’”, piden durante la movilización.
¿Existe una intención política por parte de Paul Thomas Anderson?
“Pinches puercos (sic)”, corean los manifestantes que se oponen a que la redada avance por la ciudad. Recordando a su vez, a las diversas manifestaciones que tuvieron lugar en ciudades santuario como California —donde se grabó la película, recorriendo las regiones de Eureka, San Diego, Sacramento, San Juan Bautista—, Chicago o Texas, durante 2025.
A pesar de las enormes similitudes entre la realidad norteamericana y la historia que plantea PTA, cabe reflexionar si en realidad el director tenía como objetivo realizar una crítica a su país.
Cuando ocurrió el asesinato de Charlie Kirk, Anderson se encontraba en gira de medios para promocionar su película, un entrevistador del medio francés Le Figaro lo cuestionó sobre su opinión sobre la ‘violencia política’ —uno de los lemas de la French 75 antes mencionados— y él respondió que “el uso de ella en su nueva película era inapropiado”. “Es un asesinato horrible”, dijo sobre Kirk.
“No creo que podríamos traer el concepto de vuelta a mi película. Es una comedia de acción muy alejada de la realidad. Solo intento vender entradas para una película de ficción”, mencionó.
Sobre este tema, Gabriel Rodríguez Álvarez, académico y profesor de Sociología del Cine en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), comentó para MILENIO cuál es su perspectiva respecto a la forma en la que el cine fue abordado durante este año y cómo las nuevas políticas de Estados Unidos afectan en este.
“¿En qué están cambiando la realidad estas obras? ¿o solo están vampirizando o lucrando con una situación política?”, cuestionó.
—¿Por qué estas películas resuenan tanto y cuál es la razón de elegir estas narrativas?—
“Estas películas que tienen que cubrir intereses comerciales, que tienen que cumplir inversiones millonarias, con proyecciones de negocios, son obras que destacan en las taquillas por esa misma razón, el presupuesto que se les dio”.
“No conocemos cuántas otras que quedan fuera de festivales estarán tratando de tocar estos temas de un modo menos empeliculado”.
“En muchas de estos filmes parece que todo ya es muy apocalíptico, que es una guerra civil. Están hablando del malestar de estas sociedades; marginados, adictos, paranoicos, outsiders, son ahora los personajes”. “Es ahí donde podemos ver al largometraje como una metáfora de la sociedad norteamericana”.
No solo se trata únicamente de la película en sí. Es importante saber cómo opera, cómo se mueve y cómo se promociona. De esta forma, puede identificarse quién está detrás del cine como producto. Quién lo apoya, quién lo impulsa y quién lo quiere.
Sobre las historias mainstream, el investigador invitó a reflexionar sobre las narrativas que hoy en día se muestran en pantalla: “¿sólo se puede hacer terrorismo? ¿sólo se puede hacer violento el antagonismo? Eso les encanta a las películas”.
“Hacen personajes así, que tienen bazucas y gran armamento, pero ¿la gente realmente vive así?”, cuestionó.
California como un territorio de disputa en el cine
Una Batalla tras Otra se grabó en California, como antes se mencionó, en un territorio atravesado por enormes operativos contra los migrantes. Pero además de ello, el responsable de la planeación de la Cátedra Ingmar Bergman en cine y teatro de la UNAM, identificó que el metraje se diferencia de otros títulos recientes precisamente por su lugar de filmación.
“Es una película que se grabó en el estado de California, por todas las diferentes áreas que tienen y todo lo que pudieron conseguir allí, desde la frontera —que el propio director ha declarado en entrevistas que no podía replicar, que era necesario filmar el muro real— hasta los bosques y paisajes”.
“Eso ya no ocurre generalmente en el cine estadunidense. Precisamente lo que estuvimos viendo en el último año es que se hizo evidente que ese lugar en California se estaba perdiendo”.
Asimismo, reiteró la importancia del factor económico, ya que muchas de las películas se filman en ciertas locaciones porque hay incentivos fiscales o se otorgan exenciones y descuentos que le convienen a los productores.
Esta situación fue algo que el líder republicano también abordó durante el año: un arancel del 100 por ciento a las películas que no fueran producidas en Estados Unidos.
“Hollywood y muchas otras zonas de Estados Unidos están siendo devastadas. Este es un esfuerzo concertado de otras naciones y, por lo tanto, una amenaza para la seguridad nacional", escribió en Truth Social en mayo, y tachó a los metrajes extranjeros de “propaganda”.
“Autorizo al Departamento de Comercio a empezar de inmediato el proceso para establecer un arancel del 100 por ciento sobre todas y cada una de las películas que ingresan a nuestro país y que se producen en países extranjeros”, alertó.
Posteriormente, dijo ante la prensa que “otros países le han estado robando las películas y la capacidad cinematográfica a su nación”, culpando al gobernador del estado, Gavin Newsom, sobre el declive de la producción cinematográfica hollywoodense.
—¿Ha habido un cambio en la manera en la que se aborda la política en el cine ?—
“El cine es un joven, pero a la vez viejo, medio de comunicación que en cada época ha tenido una forma de decir, y al mismo tiempo, de no decirlo”.
Rodríguez Álvarez explicó que el cine fue un factor fundamental para definir el siglo XX. Hasta los dirigentes políticos encontraron en ese medio un apoyo. Sin embargo, con el paso del tiempo, ese bastión fue trasladado a la televisión, y recientemente, a las redes sociales.
“Tomó tiempo para que se pudieran hacer cosas más complejas. El asunto es que también la política ha tenido una serie de caídas éticas. Entonces el cine también se ha servido mucho de eso para recrear esos casos”, dijo.
Desde los años 70 hasta la actualidad, el cine se ha involucrado en la agenda internacional, por ello, múltiples películas han sido censuradas y es hasta años después que “el público las encuentra”.
A inicios del siglo XX, comenzaron a establecerse los institutos de producción cinematográfica solventados con impuestos gubernamentales, explicó Rodríguez Álvarez.
“Cada que una administración nueva llega al poder, lo que hace es renovar o establecer su industria del cine”.
Bugonia: una crítica a las corporaciones
El nuevo trabajo del cineasta griego Yorgos Lanthimos, Bugonia, explora la historia de Teddy, interpretado por Jesse Plemons y Aidan Delbis en el papel de Don, su primo. Ambos tienen una granja apicultora en el condado de Fayette, Georgia, donde las abejas están muriendo presuntamente por causa del Trastorno de Colapso de Colonias (CCD, por sus siglas en inglés).
Teddy y Don atribuyen la situación a Auxolith, una empresa farmacológica de productos químicos y a su CEO, Michelle Fuller, —interpretada por Emma Stone— quien supuestamente es una alienígena que busca controlar al mundo.
“La gente dice que es por los pesticidas o por la pérdida del hábitat. Algunas personas piensan que los gobiernos mundiales y las grandes corporaciones agrícolas diseñaron el CCD para manipular el suministro de alimentos”, explica Teddy a Don.
“Pero yo sabía que tenía que haber un principio mayor, así que estudié, observé (...) hasta que lo encontré. Estuvo ahí todo el tiempo. Encerrándonos, envenenándonos, asfixiándonos”, dice Teddy respecto a Michelle Fuller y su plan por acabar con los humanos.
Con esta película, Lanthimos aborda a aquellos estadunidenses marginados que dedican su pensamiento a las teorías de conspiración. A creer en especies de ficción detrás del éxito en las corporaciones o del capital de los multimillonarios.
“Consumes contenido en internet que refuerza esta idea deformada y subjetiva de la realidad”, argumenta Fuller a Teddy tras ser secuestrada e interrogada sobre si era una extraterrestre.
En la “vida real” pueden identificarse casos como las personas antivacunas o los interesados en revelar la “verdad” del proyecto MK-Ultra, Pizzagate y recientemente, el caso del magnate Jeffrey Epstein, viendo en ello una misteriosa confabulación más que una red de tráfico sexual.
“Y eso planearon, hacernos lo mismo que a las abejas. Una colonia muerta atomizada en un millón de direcciones, incapaces de volver a casa”, dice Teddy.
Además de la crítica a los conspiranoicos, el filme también arremete contra las grandes empresas, presentando a la CEO de Auxolith sí como una extraterrestre, pero interpretándolo desde su falta de humanidad y la falsa empatía que tiene hacia sus trabajadores.
“Necesito que le digas a todos que pueden irse a las 17:30 a partir de hoy. (...) Necesitamos enviar el mensaje de que tenemos una nueva cultura. Deben sentirse libres de irse a las 17:30 para estar con su familia. Nadie va a trabajar excesivamente como en el pasado (...) Pero claro, no es obligatorio, y obviamente si tienen trabajo que hacer deben quedarse y terminar”, le dice Fuller a su secretaria.
Un señalamiento a todas las industrias
Sobre el tema, el investigador explica que hay una ola de cine creado por directores extranjeros que a pesar de entrar a una industria “en la que hay muchos intereses, mucha publicidad y se le pide a las películas que recuperen cantidades”, logran colarse en festivales europeos, ganarlos y se va abriendo un mercado para este tipo de proyectos.
“Estas críticas también las hemos visto en trabajos como Parásitos—película de Bong Joon Ho—. Este tipo de películas llegan de fuera y se meten al corazón del cine comercial”, mencionó.
“Justamente lo que están denunciando son estos miedos, esta corrupción de las clases. Cómo los empresarios pierden su ética”.
En este tipo de películas no solo existe una crítica al gobierno, sino también a las corporaciones.
“Farmacéuticas que convierten en adictos a sus clientes, evasiones de impuestos”, enunció Rodríguez Álvarez.
Respecto al conflicto con las farmacéuticas, Lanthimos lo aborda a través de flashbacks en los que conocemos la historia de la madre de Teddy, Sandy Gatz, una mujer que se sometió a un programa de medicación con opioides para aliviar su dolor crónico que aparentemente la dotó de características sobrenaturales.
“Solo como el veneno que me dan, pero sé que ocultan alguna mierda ahí para programar mis células. Sé cuál es el plan: me venden la enfermedad y la cura, y es una ganancia para ambos lados de la industria del control mental”.
Una nueva forma de hacer cine
Puede identificarse una nueva tendencia en la manera de hacer política en el cine contemporáneo, “ya también se están metiendo con los malos”, expresó el entrevistado.
“Has ayudado a tu especie a lograr la esclavitud tecnológica y el desmoronamiento del planeta Tierra a mano de las corporaciones agrícolas”, reclama Teddy a Michelle.
“Tina, esa máquina te cortó y te penalizaron por no llegar a la cuota mensual. Eso es una violación (...) Pronto todo cambiará”, dice Teddy a una compañera de trabajo que tenía dificultades para empacar productos debido a un accidente laboral.
Además, Bugonia presenta un juego actoral que es “el resultado de muchas energías”. Por un lado, tenemos a Emma Stone, en su cuarta ocasión trabajando con Lanthimos, y Jesse Plemons, un reconocido actor, y el debut en la gran pantalla de Aidan Delbis, un joven autista que forma parte del programa de The Miracle Project, un programa de teatro, cine y artes expresivas inclusivo.
Así como Una Batalla tras Otra está basada en Vineland, Bugonia es un remake de Save the Green Planet!, filme de 2003, escrito y dirigido por Jang Joon-hwan, que sigue la misma historia pero con Lee Byeong-gu en el que se basó el personaje de Teddy, y Kang Man-shik, el ejecutivo que en la película sería Michelle Fuller.
“De ahí vienen temas del miedo, el apocalipsis, la invasión alienígena. Estamos en una época en la que nos da mucho miedo que algo de afuera llegue, mientras que adentro, las relaciones entre diferentes no se pueden conciliar”, explicó el fundador del colectivo y asociación civil Jinetes Sampleadores de Imágenes.
—¿Cuál es el futuro para el cine?—
Ante un panorama incierto, con grandes acontecimientos como la disputa entre Netflix y Paramount por la compra de HBO y Warner Bros, cabe reflexionar de qué forma se desarrollará la producción cinematográfica el próximo año.
“El futuro es este presente del cine digital. El cine no va a dar pasos atrás en términos estructurales. Se ha ampliado en términos de la tecnología, de su forma de convivir con otras narrativas. Lo que nos dejó la pandemia Covid-19 fue una gran lección respecto a que este arte no se va a morir nunca”.
“Porque necesitamos historias y necesitamos reunirnos a verlas. Siguen llenándose las salas de cine; no solo las salas comerciales, tenemos las Cinetecas Nacionales en la Ciudad de México”.
“También hay contradicciones como estar viendo películas que fueron hechas para una pantalla de siete metros desde nuestros dispositivos móviles”.
“No solo es el cine, sino el público. Conforme pasa el tiempo, también se mantiene, cultiva, amplía su propia relación con este. Existe la cinefilia y es algo que no ha decaído. Todas las películas apelan a nuestra persona y la gente guarda sus propios efectos con el cine. Actualmente las generaciones tienen distintas miradas. Alguien podría pensar que solo se está mirando hacia el norte global, pero hay interés en otras regiones”.
Sumado a ello, Gabriel Rodríguez remarcó la importancia de la preservación de las obras en sitios como las videotecas.
“El cine no es nada más lo que estamos viendo en la cartelera, lo del estreno, sino que más bien es todo eso que se va acumulando, todo eso que estuvo antes en unos archivos fílmicos”, mencionó.
El académico invitó a los lectores a los ciclos, retrospectivas y eventos planeados para el 2026, que se realizan en las tres sedes de la Cineteca Nacional, que en conjunto reunieron una audiencia total de un millón 351 mil 116 espectadores con 141 películas internacionales y 77 mexicanas durante este año.
“No está mal ir a comer palomitas a una sala, pero también está el cine para ir a investigar, para hacer historiografía, para ir al pasado, para hacer estos viajes como el que ustedes están haciendo”.
“El cine es genial porque nos abre la mente y nos hace imaginar cosas. Y, en cierto modo, también nos prepara para lo que va a pasar. Pero de igual manera puede hacer alusión a situaciones, a quejas específicas sobre algo”, concluyó el entrevistado.
MD