• El príncipe que lloraba sangre: la oscura verdad detrás de Drácula y el extraño estudio que lo acercó al veganismo

  • Una investigación sobre restos atribuidos a Vlad Tepes abre otra lectura del mito: detrás de Drácula no solo hay sangre y oscuridad, también pistas sobre su salud y una dieta que contradice la leyenda.
Ciudad de México /

La historia de Drácula nunca comenzó con colmillos.

Comenzó con cadáveres atravesados por estacas, bosques de cuerpos pudriéndose bajo la niebla balcánica y un príncipe rumano cuya reputación fue tan brutal que siglos después aún parece caminar entre las sombras de Europa oriental

Mucho antes de Hollywood, antes de las capas negras y los castillos envueltos en murciélagos, existió un hombre real: Vlad III de Valaquia, mejor conocido como Vlad Tepes, “El Empalador”.

Y quizá el detalle más extraño de todos es que, más de cinco siglos después, algunos investigadores creen que aquel hombre asociado eternamente con la sangre llevaba una dieta basada en vegetales.

Sí: Drácula pudo haber sido vegano.

O al menos eso sugieren algunos análisis recientes sobre restos biológicos encontrados en antiguas cartas manuscritas. La contradicción parece salida de una novela gótica escrita a medianoche.

Tal vez por eso cada 26 de mayo —cuando se conmemora la publicación de Drácula en 1897— Vlad Tepes vuelve a levantarse entre sombras. Porque justo ahí, entre la historia y el mito, es donde parece seguir respirando.

Vlad Tepes, el origen del mito. | Especial

El hombre detrás del monstruo

Antes de convertirse en símbolo universal del horror, Vlad fue un gobernante real nacido en 1431 en la región de Transilvania. Reinó sobre Valaquia, un principado atrapado entre guerras, invasiones y conspiraciones políticas en la Europa medieval.

Su sobrenombre “Drácula” no tenía originalmente ninguna relación con demonios o vampiros. Provenía de la Orden del Dragón, una organización militar y religiosa a la que pertenecía su padre, Vlad II Dracul. En ese contexto, “Drácula” significaba simplemente “hijo del Dragón”.

Durante siglos, en parte de Rumania fue visto como un líder severo pero eficaz. Un gobernante dispuesto a utilizar el terror como herramienta política mientras enfrentaba al Imperio otomano y castigaba a enemigos internos.

El problema es que Vlad convirtió la crueldad en espectáculo.

La práctica que lo volvió inmortal fue el empalamiento: atravesar a las víctimas con estacas de madera y dejarlas agonizar durante horas —a veces días— frente a ciudades enteras. Crónicas alemanas del siglo XV describen caminos cubiertos de cadáveres verticales, como si los bosques hubieran empezado a producir cuerpos humanos.

Aquellas historias circularon gracias a los primeros panfletos impresos de Europa, algo parecido a la propaganda medieval. Y aunque algunos relatos probablemente fueron exagerados por rivales políticos y comerciantes sajones, sí existen registros históricos que confirman castigos extremadamente violentos durante su gobierno.

Es decir: la reputación sangrienta de Vlad no nació de la ficción, pero tampoco todo fue exactamente como lo pintó la leyenda.

El príncipe que convirtió la historia en sombra. | Especial

Bram Stoker no inventó a Drácula… lo transformó

Durante siglos, Vlad Tepes permaneció como una figura histórica regional. Todo cambió en 1897 cuando el escritor irlandés Bram Stoker publicó la novela Drácula.

Stoker tomó el nombre del príncipe rumano y lo fusionó con supersticiones balcánicas sobre muertos que regresaban de sus tumbas para alimentarse de los vivos. El resultado fue uno de los personajes más importantes de la literatura gótica.

El Drácula de la novela ya no era un príncipe medieval: era un aristócrata oscuro, casi erótico, condenado a vivir eternamente entre sangre, deseo y muerte.

Y aunque hoy mucha gente cree que Vlad Tepes y el vampiro eran prácticamente la misma figura, en realidad la conexión masiva entre ambos comenzó décadas después, especialmente durante el siglo XX, cuando el régimen comunista de Nicolae Ceaușescu descubrió que el mito podía convertirse en una mina turística.

Rumania terminó vendiendo castillos, souvenirs y rutas vampíricas mientras intentaba recuperar a Vlad como héroe nacional.

Un asesino convertido en símbolo patriótico. Un monstruo transformado en producto cultural.

Donde la pluma de Stoker despertó la oscuridad eterna. | Especial

El misterio de la tumba que nadie encuentra

Ni siquiera la muerte logró darle paz.

Vlad Tepes fue asesinado en 1476, probablemente traicionado en medio de conflictos internos. Desde entonces, el paradero de sus restos se convirtió en uno de los grandes misterios históricos de Europa oriental.

Algunas teorías afirman que fue enterrado en un monasterio al norte de Bucarest. Otras dicen que sus restos terminaron en otra región del sur rumano. Incluso existen versiones que aseguran que su cabeza fue enviada al sultán otomano en Constantinopla como prueba de su muerte.

Pero nunca apareció una tumba definitiva, y eso, naturalmente, ayudó a fortalecer la leyenda. Porque las figuras que no descansan terminan convirtiéndose en fantasmas culturales.

La tumba vacía donde el mito aún respira.| Especial

El estudio que volvió extraña la historia

En 2023, investigadores italianos analizaron proteínas y rastros biológicos encontrados en cartas atribuidas a Vlad Tepes. Los científicos utilizaron técnicas modernas capaces de detectar compuestos microscópicos dejados por lágrimas, sudor o contacto humano sobre documentos antiguos.

Ahí apareció uno de los hallazgos más inquietantes: señales compatibles con hemolacria, una condición extremadamente rara que puede provocar lágrimas mezcladas con sangre.

Sí: el hombre que inspiró a Drácula posiblemente lloraba sangre.

Pero eso no fue lo único.

El estudio también encontró indicios relacionados con una dieta predominantemente vegetal. Algunos medios interpretaron los resultados como evidencia de que Vlad pudo haber consumido muy poca proteína animal en sus últimos años de vida, posiblemente debido a las condiciones alimenticias de la época o problemas de salud.

No significa necesariamente que fuera “vegano” en el sentido moderno del término. Sería anacrónico afirmarlo así.

Pero la ironía es demasiado poderosa para ignorarla: el personaje que terminó convertido en símbolo universal de beber sangre podría haber vivido alimentándose principalmente de vegetales.

La historia parece escrita por alguien obsesionado con el humor negro.

Drácula bajo el microscopio: hasta sus lágrimas siguen dando pistas. | Especial

El verdadero horror de Drácula

Quizá por eso Vlad Tepes sigue fascinando.

No porque fuera un vampiro. Sino porque representa algo más perturbador: la facilidad con la que la humanidad convierte el miedo en mito y la violencia en espectáculo eterno.

Detrás de Drácula no hay magia oscura ni inmortalidad.

Hay guerra medieval, propaganda política, obsesión colectiva y un hombre cuya imagen terminó deformándose durante siglos hasta convertirse en una criatura imposible de separar de la noche.

Y aun así, entre castillos húmedos, manuscritos antiguos y estudios científicos que parecen sacados de una película de terror, Vlad continúa regresando.

Como todos los monstruos que la historia nunca termina de enterrar.


  • Claudia Islas
  • claudia.islas@milenio.com
  • Periodista, guionista y editora egresada de la UNAM. Amante de la cultura underground, la música, el cine y la psicología. Apasionada por contar historias que merecen ser narradas, incluso aquellas que nadie se atreve a mirar de frente.

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