El biometano comienza a dejar de ser solo una alternativa energética sobre el papel con la emisión de los primeros permisos para producir, comercializar y distribuir el combustible, así como la revelación de dos instalaciones en proceso, aunque todavía falta mucho camino para que sea una alternativa frente al gas natural.
Guillermo Gómez Herrera, director general de Consultoría Sustentable G2H y presidente del Consejo Nacional de Biogás (CNBiogás), explicó a MILENIO que el cambio más relevante es que los proyectos comienzan a avanzar de la etapa conceptual hacia una estructura comercial.
“Por primera vez empezamos a ver distintos eslabones de la cadena con permisos concretos. El propio Segundo Informe de Gobierno reconoce dos primeras instalaciones para producción de biometano a partir de excretas agropecuarias, tres permisos de comercialización y uno de distribución por medios distintos a ductos”, señaló.
Este avance, de acuerdo con Guillermo Gómez, permite comenzar a hablar de una industria en construcción y no únicamente de proyectos aislados.
“Eso es muy relevante porque permite pasar de una lógica de proyectos aislados a comenzar a estructurar una industria”, sostuvo.
El biometano se obtiene a partir de la purificación del biogás generado por la descomposición de materia orgánica, como residuos agropecuarios, y puede utilizarse en aplicaciones donde actualmente se consume gas natural fósil.
Sin embargo, Gómez Herrera subrayó que contar con los primeros permisos no significa que el país ya tenga un mercado desarrollado.
“Todavía no diría que México tiene un mercado de biometano a escala comercial. Estamos en una etapa inicial”, puntualizó.
El siguiente paso, explicó, será generar las condiciones para que esos proyectos puedan convertirse en negocios de mayor escala, principalmente mediante una masa crítica de plantas, compradores ancla, contratos de largo plazo e infraestructura para distribuir e inyectar el combustible.
“Los permisos son un parteaguas, pero son el inicio de la construcción del mercado, no el punto de llegada”, afirmó.
Industria y transporte, primeros mercados
La industria y el transporte pesado aparecen como los sectores con mayor potencial para convertirse en los primeros compradores relevantes de biometano, debido a que utilizan combustibles fósiles en aplicaciones donde la electrificación puede presentar mayores dificultades.
En la industria, el combustible renovable puede sustituir gas natural en procesos térmicos, particularmente en empresas que buscan reducir sus emisiones o la huella de carbono de sus productos.
“Veo dos mercados particularmente atractivos en una primera etapa: la industria y el transporte pesado”, indicó Gómez Herrera.
En el autotransporte, el biometano podría utilizarse en flotas de carga, transporte urbano y vehículos de alto kilometraje, aprovechando tecnologías e infraestructura desarrolladas para el gas natural vehicular.
“En transporte pesado también hay una oportunidad relevante porque el biometano puede aprovechar tecnologías e infraestructura asociadas al gas natural vehicular”, añadió.
La generación eléctrica también puede representar un mercado, aunque no necesariamente el de mayor valor para todos los proyectos. En algunos casos, explicó, puede resultar más eficiente utilizar directamente el biogás para generar electricidad que invertir en su purificación para convertirlo en biometano.
El reto: competir contra el gas natural
El principal desafío comercial será lograr que el biometano pueda competir económicamente con el gas natural, particularmente porque los proyectos requieren inversiones que varían según su tamaño, materia prima, tecnología de purificación y distancia respecto de los consumidores o de una eventual interconexión.
Gómez Herrera señaló que tampoco existe un periodo único de recuperación de las inversiones, pues éste depende del precio de venta, financiamiento, disponibilidad de residuos y existencia de contratos de largo plazo.
A estos ingresos pueden sumarse otros relacionados con el tratamiento de residuos, el aprovechamiento del digestato y los atributos ambientales del combustible.
“Si únicamente comparamos el costo del biometano contra la molécula de gas natural, muchos proyectos tendrán dificultades para competir”, advirtió.
La diferencia, agregó, está en que el biometano también permite evitar emisiones de metano, valorizar residuos y sustituir combustibles fósiles.
“Para desarrollar el mercado, esos beneficios deben poder reconocerse económicamente”, señaló.
Por ello, el CNBiogás considera necesario avanzar en reglas sobre calidad, trazabilidad y medición del combustible, así como facilitar la interconexión con redes existentes y desarrollar alternativas de distribución para proyectos alejados de los ductos.
El reto para México, de acuerdo con el especialista, será convertir los primeros permisos en una cadena comercial capaz de generar producción constante, encontrar compradores y justificar nuevas inversiones.
Por ahora, los primeros eslabones ya están apareciendo: dos instalaciones de producción, tres permisos de comercialización y uno de distribución. El siguiente paso será conseguir que esa estructura deje de ser incipiente y se convierta en un mercado de escala.
AM