La biodiversidad escaló de ser un tema exclusivamente ambiental a una prioridad de inversión y desarrollo económico en América Latina, bajo esa premisa, el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) anunció que destinará el 10 por ciento de sus operaciones al financiamiento de iniciativas vinculadas con biodiversidad.
La financiación busca dirigir recursos a la conservación, restauración y, especialmente, al aprovechamiento sostenible de los recursos naturales de la región.
En el marco de la segunda edición de Diálogos Mutis de Biodiversidad - América Latina, Alicia Montalvo, vicepresidenta de Cooperación, Alianzas y Movilización de Recursos de CAF, explicó que la entidad busca ampliar la visión tradicional de conservación hacia un modelo que genere actividad económica y oportunidades productivas.
“Queremos conseguir atraer recursos para la región relacionados no solo con la restauración y conservación, sino especialmente con el uso sostenible. Me gustaría ampliar y extender esta nueva frontera de recursos naturales con una mirada de desarrollo productivo que sea nueva”, afirmó.
“Hemos definido 15 ecosistemas estratégicos en la región, ecosistemas que se caracterizan por su riqueza ambiental, pero también por sus valores económicos”, precisó.
Mahahual: la conservación chocó con las expectativas de desarrollo
Movilizar recursos hacia la biodiversidad implica enfrentar tensiones económicas, sociales y políticas en los territorios, un ejemplo de ello: México.
Luis Rodrigo Morales, jefe de la oficina de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), puso sobre la mesa el caso de Mahahual, en Quintana Roo, donde un proyecto de expansión turística generó un extenso debate por su posible impacto sobre el Sistema Arrecifal Mesoamericano.
“Como autoridad ambiental nos toca equilibrar entre la conservación ambiental y el desarrollo de las comunidades”, precisó.
Morales relató que la propuesta de expansión fue bien recibida por la población local debido a las expectativas de empleo y crecimiento económico, pero despertó preocupaciones por los efectos ambientales sobre uno de los ecosistemas marinos más importantes de la región.
“Las comunidades con toda legitimidad dijeron: también tomaremos en cuenta cuando se toman estas decisiones, porque por delante viene el empleo, viene la calidad de vida y viene el desarrollo de estas comunidades”, sostuvo.
Para el funcionario mexicano, el caso refleja una discusión que atraviesa toda América Latina: cómo evitar que conservación y desarrollo sigan viéndose como objetivos incompatibles.
“Creo que uno de los errores que hemos tenido es haber aceptado involuntariamente que conservación y desarrollo son ideas separadas. Ese divorcio ya lo tenemos que superar”, afirmó.
El desafío: ponerle valor económico a la naturaleza
Independiente a las amenazas tradicionales como el crimen organizado en áreas protegidas (en el caso específico de México), las limitaciones presupuestarias o las presiones inmobiliarias y turísticas, Morales sostuvo que el principal reto sigue siendo económico.
“El 100 por ciento de la economía depende de la biodiversidad, pero no todo el valor de la naturaleza va traducido en una actividad económica”, señaló.
A su juicio, la dificultad radica en cerrar la brecha entre la teoría ambiental y las señales de mercado que orientan las decisiones de inversión.
“El mercado tiene que estar en la toma de decisiones para poder proteger la biodiversidad. Si no lo hacemos, vamos a estar muy lejos de proteger nuestros intereses económicos y los intereses de la biodiversidad”, advirtió.
En ese contexto, destacó la colaboración con CAF para desarrollar mecanismos financieros innovadores, entre ellos un fondo público-privado enfocado en biodiversidad y proyectos orientados a valorizar activos naturales y especies emblemáticas mexicanas como la tortuga caguama, la mariposa monarca y la vaquita marina.
“Estamos trabajando en un mecanismo súper importante con CAF: un fondo público-privado de biodiversidad y conservación. La pregunta es cómo podemos valorizar estos activos naturales y demostrar que conservar puede generar más valor que destruir”, explicó.
La discusión expone el cambio de paradigma de pasar de financiar únicamente la protección de los ecosistemas a construir modelos económicos capaces de generar ingresos, empleo y competitividad a partir de su conservación.
Para CAF, la apuesta es que la biodiversidad se convierta en una nueva frontera de inversión sostenible para América Latina y el Caribe.
MVDJ