Cuando te planteas caminar hasta Santiago de Compostela por primera vez, lo normal es dudar frente al mapa. Aunque las tres vías principales comparten las tradicionales conchas y exigen sellar la credencial en bares o iglesias, la rutina diaria varía mucho de una a otra. No es lo mismo caminar un mes por el interior que hacer 10 días junto al Atlántico.
Para acertar con la elección sin llevarte sorpresas a mitad de marcha, conviene revisar antes las rutas y etapas del Camino según tu forma física y los días que tienes libres. Y es que decantarse por un trazado u otro cambia desde el suelo que pisan tus pies hasta el presupuesto que gastas cada noche.
El factor del tiempo y las distancias desde cada salida
El calendario disponible suele ser el primer filtro para descartar opciones. Si cuentas con una o dos semanas libres, el Camino Portugués resulta el más flexible. Aunque el recorrido desde Lisboa suma 620 kilómetros, mucha gente arranca en Oporto para cubrir 240 kilómetros en 10 o 14 días sin estrés. Incluso puedes salir desde Tui para completar unos 120 kilómetros en una semana, eligiendo entre la senda interior por Pontevedra o la variante costera por Baiona y Vigo.
En cambio, quienes disponen de un mes entero suelen debatirse entre las dos travesías largas que nacen en la frontera francesa. El Camino Francés parte de Saint-Jean-Pied-de-Port o Roncesvalles y abarca 780 kilómetros en unas 33 jornadas, permitiendo también hacer los últimos 100 kilómetros desde Sarria en 5 días. Por su parte, el Camino del Norte arranca en Irún y se extiende por 825 kilómetros durante unas 36 etapas, teniendo en Vilalba el inicio de sus últimos cien kilómetros.
La dureza del terreno y el clima en cada trazado
Más allá de la distancia, el esfuerzo que exigen las piernas marca una diferencia enorme, y en este sentido, el trazado norteño por la cornisa cantábrica tiene fama de “rompepiernas” por sus continuos desniveles desde el País Vasco hasta Asturias. Allí hay jornadas que acumulan entre 500 y 800 metros de subida, sumando 560 kilómetros de asfalto frente a 250 de sendas de tierra.
A su favor juega la brisa marina que suaviza el verano, aunque obliga a llevar chubasquero por las lluvias frecuentes cerca de Bilbao o Santander.
Por otro lado, la vía francesa ofrece unos 500 kilómetros de tierra y un desnivel medio más llevadero de 200 a 300 metros diarios, salvo en el cruce de los Pirineos y la subida a O Cebreiro. Su reto principal aparece en las llanuras entre Burgos y León, donde los más de 35°C en verano ponen a prueba la resistencia. Si prefieres evitar esas cuestas y el calor seco, la ruta portuguesa presenta un perfil suave con etapas cómodas de veinte kilómetros.
La oferta de servicios y el presupuesto en los albergues
El bolsillo y la facilidad para dormir también separan a estas opciones en sus respectivas tres categorías. El Camino Francés tiene la red de servicios más completa, con camas de albergue de 10 a 20 euros y un gran ambiente social para quien va solo o en bicicleta, aunque en verano se llena bastante. Por el contrario, en la ruta del norte puedes caminar mañanas enteras viendo a menos de diez personas antes de entrar a Galicia por Ribadeo.
Sin embargo, al cruzar zonas veraniegas como San Sebastián, hay menos albergues baratos y una habitación privada puede rondar los 70 euros. Frente a ambos, el trazado portugués ofrece un punto intermedio tranquilo con albergues de 7-12 euros, mientras que las vías del norte y francesa terminan uniéndose en Arzúa para compartir los últimos cuarenta kilómetros hasta la catedral.
Acción promocional apoyada por el Instituto Galego de Promoción Económica (IGAPE), Xunta de Galicia y cofinanciada por la Unión Europea.