La logia del tiempo: para comprar relojes de ultralujo no basta con dinero

Entre piezas limitadas, marcas selectivas y coleccionistas informados, México se consolida como un mercado clave donde comprar un reloj es una decisión emocional, cultural y patrimonial, no solo financiera.

En la alta relojería, el conocimiento define el verdadero estatus. Foto: Especial
Ángeles García
Ciudad de México /

En el verdadero mundo de la alta relojería, el dinero es apenas la llave de entrada, pero no el pasaporte definitivo. Las verdaderas piezas —esas que condensan siglos de oficio, obsesión mecánica y una idea casi filosófica del tiempo— no se compran, eligen a su portador, porque en ese mercado solo tienen acceso los que conocen los siglos de tradición y cultura.

Aquí no se trata de ostentar, sino de entender por qué un movimiento importa, por qué una complicación es un manifiesto técnico, por qué ciertas marcas y modelos funcionan más como obras de arte portátiles e inversión que como simples objetos de lujo. En esta logia silenciosa del tiempo, el verdadero estatus no lo da el precio, sino la inteligencia con la que se decide qué llevar en la muñeca.

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En ese mundo se mueve Eric Kogan, fundador de Kogan Luxury House, un recinto discreto incrustado en la Ciudad de México dedicado a la joyería y relojería con la intención de redefinir el lujo como una experiencia íntima y emocional.

“Llevo veinticinco años en la industria. Decidí independizarme porque me di cuenta de que el lujo ya no era un tema transaccional, era algo más." 
“La mayoría (de los clientes) son personas de negocios y son muy cultos. No compran solo porque sea caro; quieren entender por qué están apostando por cierta marca. En este mundo, el reloj no es un trofeo: es una decisión informada”, explicó a MILENIO.

Esto habla de cómo en la industria de la alta relojería no les interesa el dinero que tienes en el banco, sino de cómo los clientes crean credibilidad hacia las marcas.

Arquitectura íntima para vivir el lujo sin vitrinas. Foto: Jesús Quintanar

Por ejemplo, Audemars Piguet y Tudor son famosas por su selectividad con respecto a quién venden sus piezas limitadas y difíciles de conseguir, y en muchos casos, necesitan “conocer” a sus clientes.

Por otro lado, grandes firmas como Rolex suman más de 12 mil 400 millones de dólares anuales, con participaciones que rebasan el 30 por ciento del mercado minorista de relojes suizos.

Esta combinación de marcas históricas, producción limitada y coleccionistas informados alimenta un círculo en el que el valor no es solo monetario, sino cultural y emocional.

Además, hay muchas más marcas ahora simplemente quieren recompensar a sus clientes frecuentes y distribuidores autorizados.

Así que, si buscas un reloj exclusivo o difícil de conseguir, te conviene comprar relojes por vía legal de forma más frecuente.

México se consolida como mercado clave para relojes de ultralujo. Foto: Especial

¿De cuánto dinero estamos hablando?


A pesar de que China es el mayor productor de relojes en el mundo, con más de 595.5 millones de piezas al año, en valor de mercado se concentran en las piezas de lujo, siendo Suiza su principal exponente con 95 por ciento de este segmento, de acuerdo con datos oficiales de la Federación de la Industria Relojera Suiza (FH, por su sigla en francés).

Y es que, de acuerdo con los suizos, ellos percibieron más de 23 mil 575.6 millones de dólares de ingresos en 2025 por relojes con un valor superior a los 57 mil 400 pesos, mientras que aquellos valuados entre 9 mil 600 y 57 mil pesos fueron apenas 4 mil 357.1 millones de dólares.

Por eso son muy selectivos de a quién venden estos relojes, que valor realmente le están dando a estas piezas de perfección mecánica, no simplemente caer en banalidades.

Por ello tiendas como Kogan Luxury House no se promociona en medios tradicionales o en grandes campañas, su crecimiento llega por recomendación, por alianzas con casas de vino, por experiencias privadas. El capital real del negocio no está en el volumen, sino en la calidad de las relaciones.

“Por eso tenemos marcas como Lange, que hacen cinco mil relojes al año y nosotros somos los únicos que los representamos en Latinoamérica y el Caribe”, explicó.

Por otro lado, contó que existen relojeros independientes que producen apenas decenas de piezas anuales, un nivel de escasez que eleva tanto el valor simbólico como de capital.


México, la joya en latinoamérica

Para la alta relojería, México es de los mercados más importantes en el mundo. De acuerdo con FH durante 2025 recibieron de clientes en el país 405.4 millones de dólares, 5.9 por ciento más que un año antes.

Esto ubica a la nación en la posición 16 donde más ingresos reciben los relojeros de la nación suiza, pero la número uno de Latinoamérica; siendo superior incluso que Canadá y Países Bajos.

Reloj del padrino. Foro: Jesús Quintanar

Para Eric Kogan, el fenómeno tiene una característica clara que explica estos resultados: “Yo no tengo turistas… son coleccionistas mexicanos”. Por ello expuso que el negocio se sostiene en relaciones de largo plazo y en un círculo reducido pero constante de clientes locales.

Sin embargo, Asia concentra 46 por ciento de la demanda global, destacando a China, Japón y Hong Kong, que son sitios donde la relojería es parte de su cultura.

También esto define los materiales con los que se hacen los relojes; FH reveló que 54 por ciento de los relojes se hace con acero, 7 por ciento con aleaciones y solo 3 por ciento con algún metal precioso como oro, plata y platino.

La casa como modelo de negocio


Kogan Luxury House es una casa de más de siete décadas de historia en la colonia Polanco.

Una casa convertida en templo de la alta relojería. Foto: Jesús Quintanar

El inmueble fue intervenido para convertirse en un espacio que combina arquitectura colonial con un lenguaje contemporáneo, sin perder la lógica doméstica. Más que un showroom, funciona como una casa viva.

Cada ambiente está diseñado para reflejar la identidad de distintas Maisons internacionales, con espacios dedicados a firmas como Jacob & Co., Bovet, Girard-Perregaux, Ulysse Nardin y Cartier, entre otras.

Hay salas multimarca, boutiques privadas y áreas pensadas para encuentros más íntimos con cada producto que venden. El diseño incorpora cajas fuertes integradas al mobiliario, algunas con tecnología que mantiene en movimiento los relojes automáticos, cuidando su funcionamiento incluso cuando están resguardados.

Marcas que producen piezas ilimitadas al año. Foto Jesús Quintanar


Además, cada Maison cuenta con un especialista capacitado para acompañar al visitante, explicar procesos, historia e ingeniería detrás de cada pieza. Esta figura es central en el modelo de hospitalidad: el conocimiento es parte del valor agregado.


El valor de la emoción y sentimiento


Más allá de los números, Kogan insiste en el componente emocional. “No estamos comprando piezas… estamos comprando sentimientos”, dice.

Un reloj puede marcar una graduación, una boda o un aniversario y convertirse, con el tiempo, en un legado familiar. Esa carga simbólica es parte del atractivo del sector.

Incluso en el mercado de segunda mano —un segmento en crecimiento a nivel global—, la confianza y la asesoría especializada son esenciales.

Kogan subraya que algunas piezas solo pueden autentificarse al abrir el mecanismo, lo que refuerza la importancia de comprar con representantes autorizados.

En la conversación, Eric Kogan también abordó uno de los temas más sensibles del mercado relojero contemporáneo: la autenticidad.

Lejos de ofrecer fórmulas rápidas o consejos superficiales, su explicación apunta a la complejidad técnica de la alta relojería y a los riesgos que han crecido con la expansión del mercado secundario.

El lujo entendido como experiencia privada. Foto: Jesús Quintanar

Para Kogan, distinguir entre un reloj auténtico y uno falso no siempre es posible a simple vista.

Existen piezas cuya verificación requiere un análisis profundo del mecanismo interno, donde se revisan calibres, componentes, números de serie y ensamblajes que solo pueden evaluarse abriendo el reloj. En ese nivel, el conocimiento técnico es determinante y la apariencia exterior resulta insuficiente para garantizar la autenticidad.

De ahí que subrayó la importancia de la asesoría especializada. En un mercado donde una sola pieza puede representar una inversión significativa, comprar con representantes autorizados o expertos reconocidos no es un detalle menor, sino una condición esencial para proteger el valor —tanto emocional como financiero— de la adquisición. La validación profesional se convierte así en parte del lujo mismo.

Kogan también advierte sobre los riesgos crecientes del mercado de relojes de segunda mano, un segmento que ha ganado relevancia entre coleccionistas por su valor histórico y potencial de inversión. En este entorno circulan piezas modificadas, relojes con componentes no originales o certificados alterados, lo que vuelve indispensable el acompañamiento de especialistas capaces de rastrear el origen y la integridad de cada objeto.

Al final, su propuesta se resume en una idea clara: “Queremos que deje de ser transaccional… queremos que sea todo un proceso de lujo desde que nos conocen hasta que se van”.

AG

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