De delincuente a empresario turístico en Colombia

Crónica

Tras perder a seres queridos, recibir ochos balazos y estar cinco veces en la cárcel, Jaime Roncancio decidió parar, y con solo el apoyo del párroco del barrio fundó su proyecto de guías turísticos Breaking Borders.

Jaime Roncancio (Calabazo) mostrando el territorio de “La Décima”. Roberto Valadez
Roberto Valadez
Colombia /

"Porque en la calle hemos vivido y hemos crecido... con experiencias, con droga y vandalismo... Hemos sobrevivido a la selva de concreto, si se dan cuenta yo no miento…”

Así canta Jaime Roncancio, mejor conocido como Calabazo, a un grupo de turistas extranjeros que visitan, bajo su guía, el barrio de Egipto en Colombia y a quienes hace tres años hubiera asaltado.

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Ésta es una historia de éxito de los barrios bajos de Colombia, en la que las armas y la violencia fueron cambiadas por rimas y buena onda para construir la paz.

Durante más de 20 años, Calabazo y varios integrantes de su familia más cercana formaron parte de La Décima, grupo delictivo que se disputó a muerte el territorio con otras tres bandas llamadas La Novena, La Veintiuno y San Bruno, dejando a decenas de muertos en el camino; entre ellos su hermano, sobrinos y probablemente su mejor amigo, quien sigue en calidad de desaparecido.

Tras perder a seres queridos, recibir ochos balazos y estar cinco veces en la cárcel, Calabazo decidió que era momento de parar y sin más apoyo que el del párroco del barrio fundó su proyecto de guías turísticos Breaking Borders.

“Me cansé de esto porque la quinta vez que salí (de prisión), muchos de los chicos que cuando yo me fui eran niños —algunos de ellos eran sus sobrinos—, los encontré siendo adictos a la droga, unos más estaban en la cárcel y otros tantos muertos. Me pasó con mi tío y sobrinos, que en estos momentos tendrían 27 y 28 años”, recuerda, mientras su mirada viaja por sus recuerdos.

Calabazo toma aire y se reconforta recordando que los inicios de Breaking Border, en 2016, fueron con solo cinco jóvenes. El objetivo era atraer y pasear a los turistas extranjeros por su barrio, su gente y su antigua forma de vida.

“Antes rompíamos los focos y lámparas que se ponían en las calles de Egipto, porque nuestro secuaz preferido era la oscuridad”, explica a un grupo de mexicanos y argentinos, al tiempo que saluda a sus vecinos que se dirigen a comprar el desayuno.

Además de recorrer las calles del barrio de Egipto, el tour consiste principalmente en escuchar las anécdotas e historias de estos jóvenes, como en la que recuerdan que era costumbre que todos los niños de la zona practicaran desde chiquitos un “juego de manos” muy parecido al esgrima, con la única finalidad de que estos fueran adquiriendo reflejos para las peleas que indudablemente tendrían con cuchillos en la cárcel, al crecer.


A tres años de la fundación de Breaking Borders ya son 22 los muchachos que trabajan como guías turísticos de viajeros que llegan ya no únicamente de América Latina, sino también de Europa.

Su éxito llevó a estos jóvenes hasta Holanda para concursar como uno de los mejores conceptos de paz en el mundo, pues no solo los integrantes de La Décima se han salvado de morir gracias a este proyecto, sino que las bandas rivales empiezan a unirse. Breaking Borders se volvió más redituable que seguir robando y matando.

“La paz no se firma, la paz se construye”, dice Calabazo para despedir a un grupo de turistas mexicanos y argentinos, mientras otro de italianos y franceses espera su turno para iniciar el recorrido.

“...por una nueva oportunidad es que vamos a luchar, por una nueva generación es que vamos a arriesgar...”, cantan los de La Décima.

​MCM

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