La industria automotriz pisó el acelerador a fondo y avanzó por el carril de alta velocidad en México durante los últimos años. Su motor de crecimiento se caracteriza por ser alineado y balanceado, aunque con baches en el camino. Uno de los más grandes es la batalla que se desató por atraer y retener mano de obra calificada, la cual es considerada el talón de Aquiles del sector debido a que es un insumo insuficiente.
La disputa por contratar talento especializado orilla a armadoras y autoparteras a invertir más recursos en la mejora de sus condiciones laborales, que a la larga presiona sus márgenes de ganancia. Sin embargo, México se mantiene como un país “altamente rentable” por sus bajos costos de producción en comparación con otras economías, tanto en desarrollo como desarrolladas.
Salarios más altos respecto de otras ramas de la manufactura nacional, prestaciones adicionales y cursos de capacitación que pueden durar hasta 18 meses, son algunos de los beneficios que las empresas se ven obligadas a otorgar a los trabajadores para sumarlos a su plantilla laboral y evitar su “plagio”.
A pesar de estos incentivos, los costos de producción de la industria en México son entre 60 y 80% más económicos en comparación con países como Brasil, Estados Unidos (EU), Alemania y Japón, dice José Luis de la Cruz, director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico (IDIC).
“Sí hay oferta laboral para este sector, pero es insuficiente. Ello obliga a las empresas a ofrecer mayores incentivos económicos a los trabajadores, que si bien merman sus costos, no afectan su rentabilidad ni inhiben sus inversiones en el país”, dice.
No obstante, el presidente del Consejo de Administración de American Industries, Luis Lara Armendáriz, asegura que la escasez de personal especializado ya generó que algunas empresas de Chihuahua analicen cambiar sus operaciones a otra región. Hasta el momento, ninguna lo ha hecho.
Salarios, ¿competitivos?
De acuerdo con el documento “Estadísticas a propósito del sector automotriz”, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en la industria manufacturera mexicana, la rama automotriz es la que mejor paga.
La remuneración promedio (sueldo, salario y prestaciones sociales) de un trabajador en la manufactura es de 11,426 pesos al mes. En cambio, un empleado del sector automotriz percibe 18,101 pesos, es decir, gana 58% más.
Sin embargo, en el mundo los salarios del sector son de los más bajos, lo cual genera una ventaja competitiva para México ante los ojos de los inversionistas.
De acuerdo con el estudio: “Explosión de la Industria automotriz en México: de sus encadenamientos actuales a su potencial transformador”, al analizar 18 países productores, el nuestro ofrece el menor salario para los obreros de este sector. En promedio, un trabajador gana 3.95 dólares por hora. En mejores condiciones está Taiwán (7.5 dólares), Polonia (7.8 dólares), Hungría (9 dólares) y Brasil (11.4 dólares).
La diferencia se vuelve mayor cuando se compara con potencias mundiales. Por ejemplo, en Alemania un empleado de la industria percibe, en promedio, 52 dólares, y en Canadá, 40.4 dólares por hora.
México no solo tiene la mayor ventaja en mano de obra barata, sino en todos los costos de producción manufacturera en general. De acuerdo con el estudio Competitive alternatives: KPMG's guide to international business locations costs, edición 2016, México tiene el menor costo de producción manufacturero promedio de la industria automotriz en una muestra de 10 economías.
Es decir, en naciones como Japón, Alemania, EU, Italia y Canadá, el gasto de las armadoras y autoparteras en maquinaria, materiales y equipo, mano de obra y energía, entre otros conceptos, es más elevado.
“México es un paraíso para las empresas. Ofrece costos de producción baratísimos frente a otros países, incluso en comparación con Brasil. Esta cualidad difícilmente la pasan por alto los inversionistas, más cuando se trata de generar dinero”, comenta Jesús Sánchez Arciniega, investigador de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Regionalización de la mano de obra
De la Cruz y Sánchez Arciniega coinciden en que sí existe mano de obra especializada para la industria automotriz; no obstante, esta es insuficiente, además de estar focalizada en otras regiones.
Los mayores clústeres de la industria están en las zonas centro, particularmente en el Bajío, y norte de la República, en estados como Guanajuato, Puebla, San Luis Potosí, Aguascalientes, Monterrey y Baja California.
Sin embargo, dice Sánchez Arciniega, hay entidades como la Ciudad de México, Coahuila, Guadalajara y el Estado de México donde existe un importante número de técnicos listos para trabajar, pero que tienen que ser trasladados a los centros de producción.
A este problema se suma la necesidad de capacitar al personal. La mayoría de los técnicos que contratan las empresas deben ser entrenados, porque tienen limitado o nulo conocimiento de los procesos tecnológicos que se requieren.
La capacitación que se necesita va desde el aprendizaje de un segundo idioma (coreano en el caso de KIA; japonés, con Mazda y Honda, y alemán, con Audi) hasta el conocimiento de técnicas sumamente modernas.
Algunas empresas optan por abrir sus propios centros de aprendizaje para establecer cursos de manera constante. Tal es el caso de Audi, que invirtió 680 millones de pesos (mdp) en sus instalaciones de Puebla.
KIA fue otra armadora que apostó por esta estrategia en Monterrey, donde capitalizó 1.5 millones de dólares (mdd) para tal fin. Sin embargo, otras empresas optan por entrenar a su personal fuera de México, proceso que, incluso, lleva meses.
“Entrenar a los técnicos genera un costo adicional, sobre todo cuando este se lleva a cabo fuera del país, pero las empresas recuperan la inversión. Este tipo de procesos se hacen con una contratación atada, es decir, firman contratos donde el trabajador se compromete a estar cierto número de años con su contratante”, refiere Sánchez Arciniega.
Potencia mundial, pero con riesgos
Actualmente, México es el séptimo productor de autos más grande del mundo, solo superado por China, EU, Japón, Alemania, Corea del Sur e India. En 2015, en el país se ensamblaron 3.6 millones de unidades, según la Organización Internacional de Constructores de Automóviles (OICA).
Todo apunta a que este sector permanecerá por el carril de alta velocidad en los siguientes años. Para 2020, la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA) estima que se producirán al menos 5 millones de unidades, de las cuales 80% será para el mercado externo.
De acuerdo con el INEGI, la industria automotriz da empleo a 730,920 personas. Con el crecimiento que se proyecta para los siguientes años, se requerirá de al menos 10,000 trabajadores por año, lo cual podría “sobrecalentar” el mercado laboral ante la limitada oferta actual, advierte José Luis de la Cruz.
“La mano de obra actual es insuficiente para el desarrollo que se proyecta. Se requiere más personal especializado, lo cual abre una puerta de oportunidad importante para las universidades e institutos técnicos en el futuro”, comenta.
Inversiones millonarias
Cada año la industria automotriz recibe millones de dólares en nuevas inversiones. En los últimos dos años, al menos se pusieron sobre la mesa 13,000 millones de dólares con la apertura o planeación de nuevas plantas.
En el país, de acuerdo con datos del INEGI, están instaladas 18 plantas armadoras y 2,550 empresas de autopartes. Entre 2008 y 2019, diez plantas de ensamble de autos comenzaron o planearon entrar en operación. Las firmas propietarias de estas armadoras son Nissan, Infiniti, Toyota, Mazda, Honda, General Motors, Audi, BMW, Kia y Ford.
Estas inversiones son parte fundamental para que el sector se mantenga como una importante palanca de crecimiento de la economía mexicana. Hoy, la industria contribuye con 16.9% de la producción manufacturera del país. Ello la convierte en la segunda rama más importante, solo detrás de la alimentaria. Además aporta 3% del Producto Interno Bruto de México.
Con todas estas inversiones sobre la mesa, las expectativas son positivas. No obstante, además de la falta de mano de obra, hay temas pendientes que se deben resolver, entre ellos, mejorar los procesos logísticos, aumentar la proveeduría local en la producción y bajar los índices de autos chocolate, todo en un contexto de desaceleración económica y un clima de inseguridad en el país.