Como CEO de SpaceX, Elon Musk podría tener derecho a tres paquetes de compensación extraordinarios, en lugar de uno. Su valor dependería no solo de la capitalización bursátil, sino de metas tan ambiciosas como establecer una colonia permanente en Marte, instalar centros de datos en órbita, desplegar flotas de robotaxis y vender más de un millón de robots humanoides. La recompensa potencial: 1.7 billones de dólares.
Las cifras rebasan la imaginación terrenal, pero no las ambiciones del máximo exponente del tecnocapitalismo. Musk, que aportó 442 millones de dólares (mdd) a los republicanos para las elecciones de mitad de mandato y fue cuestionado por presuntas decisiones sobre Starlink en Ucrania, ahora prepara otra apuesta monumental.
El mes pasado presentó planes para una posible fusión entre SpaceX —su compañía de cohetes, satélites e inteligencia artificial (IA), que debutó en bolsa este verano— y Tesla, su fabricante de vehículos eléctricos. La operación, que sería la mayor fusión empresarial de la historia, reuniría buena parte de su imperio en una sola empresa cotizada: una suerte de Musk Inc.
Para sus seguidores, significaría el nacimiento de un conglomerado del siglo XXI, articulado alrededor de la IA y con presencia en sectores que van de la exploración espacial a la robótica. Para sus detractores, sería otro intento de convertir promesas tecnológicas difíciles de cumplir en valor bursátil. En ambos casos, la apuesta exige vencer obstáculos de ingeniería y reunir cantidades astronómicas de capital.
el dato...3.5 billones de dólares alcanzaría
La valoración conjunta de SpaceX y Tesla si prospera la megafusión.
“Esto despierta grandes emociones entre los inversionistas: lo que están haciendo define el futuro”, dice Gene Munster, de Deepwater Asset Management. “Nunca ha existido una empresa de esta escala que se le parezca”.
Con una valoración combinada cercana a 3.5 billones de dólares, SpaceX se situaría entre las cinco compañías más valiosas del planeta, pese a contar con un negocio mucho menor que el de otros gigantes tecnológicos que lideran la carrera por la IA. Ross Gerber, antiguo entusiasta de Tesla y todavía accionista de SpaceX, calcula que hasta dos billones de esa valoración podrían ser “pura exageración”. Aun así, reconoce que Musk disfruta de una prima bursátil extraordinaria.
El beneficio de Musk
Wall Street lleva tiempo anticipando una unión entre ambas empresas, pero nada está decidido. La transacción necesita el aval de los comités independientes creados para estudiarla, el voto de la mayoría de los accionistas de Tesla y autorizaciones regulatorias en varios países.
Las reglas sobre conflictos de interés impiden que Musk intervenga en las deliberaciones. Él mismo reconoció que hablar de la propuesta equivale a “bailar tap sobre un campo minado”, aunque dejó claro que desea verla avanzar.
De concretarse, uno de sus mayores beneficios para Musk sería el control. Una persona cercana al consejo de Tesla sostiene que SpaceX, donde el empresario controla el 85 por ciento de los votos mediante acciones con derechos especiales, emitiría títulos para adquirir Tesla, en la que posee 20 por ciento. Así, Musk obtendría el control mayoritario de la entidad resultante y podría dejar atrás los conflictos de gobierno corporativo que han perseguido su gestión en Tesla.
Entre ellos están la impugnación judicial de su gigantesco paquete de opciones de 2018 y la disputa por la compra de SolarCity, empresa de energía solar en dificultades que él presidía. Terminar con las exigencias de aprobación de los accionistas “no es la razón para concretar la fusión, pero sin duda representa un beneficio enorme”, señala la fuente.
El acuerdo también evoca otras maniobras de Musk: la adquisición de SolarCity y la integración, el año pasado, de X —antes Twitter— con xAI. Sus críticos creen que la fusión permitiría trasladar la atención desde los resultados decepcionantes de Tesla hacia los negocios de SpaceX que más entusiasman al mercado.
Tesla ha perdido terreno en los vehículos eléctricos y sus apuestas por la robótica aún no se reflejan en los resultados. En contraste, las acciones de SpaceX se han mantenido, en términos generales, por encima del precio de su debut bursátil, pese a la volatilidad.
Munster ve en la empresa espacial “10 oportunidades capaces de crecer a una tasa anual de 25 por ciento durante la próxima década”. Su narrativa de negocios futuristas, desde cohetes hasta centros de datos espaciales, alimenta ese entusiasmo. Una SpaceX ampliada podría convertirse, dice, en la acción meme definitiva.
el dato...500 mil mdd podría costar
La expansión de infraestructura para inteligencia artificial que proyecta Musk.
Pero las historias que seducen a Wall Street tarde o temprano deben traducirse en resultados. La fusión pondría a prueba si los negocios de Musk pueden funcionar bajo un mismo techo. Simplificar la estructura, compartir inversiones y coordinar proyectos —incluida una iniciativa para desarrollar tecnología avanzada de fabricación de chips— ofrecería ventajas.
También surgiría el riesgo habitual de los conglomerados: que el mercado los valore por debajo de la suma de sus partes ante la posibilidad de perder enfoque y asignar mal el capital.
Los incentivos de Musk podrían intentar contrarrestar ese peligro. Tras incorporar xAI a SpaceX a principios de año, mantuvo esquemas de remuneración separados para las divisiones: hasta 550 mil mdd por su cargo en SpaceX y 150 mil mdd por su antiguo puesto en xAI.
A ellos se sumaría un plan de acciones restringidas de Tesla que podría valer un billón de dólares. Si también se traslada a SpaceX, el total potencial ascendería a 1.7 billones de dólares, siempre sujeto al cumplimiento de sus objetivos.
Las promesas de Elon
El reto es que la compañía combinada tendría que entregar resultados en numerosos frentes al mismo tiempo. Gerber recuerda las promesas incumplidas de Tesla, desde los prolongados retrasos en conducción autónoma hasta vehículos anunciados que nunca llegaron.
Sin embargo, Musk también acumula logros difíciles de ignorar: el primer lanzamiento orbital del gigantesco Starship y la puesta en marcha, a principios de este año, de un centro de datos que consume más de un gigavatio de energía. Ese avance abrió a SpaceX el mercado mayorista de infraestructura para IA.
“Es capaz de materializar una parte suficiente de su visión para mantenerla vigente”, dice Aswath Damodaran, profesor de finanzas corporativas de la Universidad de Nueva York. Una empresa combinada, añade, le permitiría impulsar una visión todavía más ambiciosa.
Y considerablemente más costosa. Hace dos semanas, Musk elevó a 10 gigavatios su previsión de nueva capacidad de centros de datos para IA el próximo año, frente a una estimación de entre 25 y 50 gigavatios para todo el mercado estadunidense en 2027.
Si cada gigavatio cuesta alrededor de 50 mil mdd, la inversión podría alcanzar hasta 500 mil mdd. “La fase de inversión del próximo año, antes de que la máquina comience a generar dinero, podría ser sencillamente impresionante”, advierte Munster.
Satisfacer la demanda de capacidad de cómputo podría determinar el éxito o el fracaso del proyecto. Si Musk consigue acercarse a sus metas, SpaceX se colocaría entre los grandes proveedores de infraestructura de IA. Damodaran cree que ese mercado podría convertirse en el más rentable del sector: “Si puedes suministrar esa capacidad, tomas el control de la situación. Te conviertes en la NVIDIA de la siguiente etapa”.
el dato...85 por ciento de los derechos de votolos controla Musk en SpaceX
Una ventaja que reforzaría su poder sobre el imperio combinado.
La apuesta descansa también en un supuesto discutible: que alquilar capacidad de procesamiento, o compute, será cada vez más lucrativo. A diferencia de Amazon, Microsoft y Google, que suelen asegurar clientes mediante contratos multianuales, SpaceX depende de arrendamientos cuyos precios se revisan con frecuencia. Musk considera que modelos de IA cada vez más eficientes elevarán el valor de cada vatio de energía y, por tanto, las tarifas de alquiler.
Los directivos aseguran que los contratos más recientes permiten recuperar en menos de un año el costo de construir nueva capacidad. Si esa dinámica perdura, el negocio podría generar buena parte del efectivo que necesita para crecer. Pero una adopción de la IA más lenta de lo previsto, o la dificultad de sus clientes para obtener beneficios, podría moderar la demanda y presionar los precios a la baja.
Hay otra contradicción. En los documentos de su salida a bolsa, SpaceX contemplaba usar los centros de datos para sus propios servicios de IA. Ahora busca alquilar esa infraestructura a terceros. Musk sostiene que puede hacer ambas cosas, aunque las limitaciones de capacidad ya obligaron a la empresa a posponer el entrenamiento de sus propios modelos.
Más riesgos, otro giro brusco de la narrativa. Es el repertorio habitual de un empresario que combina ambiciones tecnológicas descomunales con oportunismo financiero. La diferencia es que, si la fusión prospera, la escala de su imperio hará mucho más difícil separar la promesa de los resultados. A juzgar por los antecedentes, sus accionistas más leales estarán dispuestos a acompañarlo en el viaje.
FVL