La carrera por la inteligencia artificial (IA) ya cambió las reglas para emprendedores e inversionistas. En este nuevo escenario, sobrevivir no dependerá de tener una buena idea, sino de construir soluciones que la esta herramienta no pueda reemplazar fácilmente.
Omar El Gohary, presidente y fundador de Magnat Found, explica cómo está evolucionando el ecosistema de innovación, qué oportunidades tiene México y por qué el talento humano seguirá siendo indispensable.
¿Qué buscan hoy en una startup antes de invertir?
En México existe un ecosistema sólido, aunque gran parte de la inversión hoy se concentra en empresas más maduras, en rondas Serie B o C.
Las startups también enfrentan un reto distinto al de hace unos años. Muchas ideas que antes podían convertirse en un negocio hoy pueden ser resueltas por ChatGPT, Claude u otros modelos. Por eso buscamos productos realmente defendibles, soluciones que no puedan ser sustituidas fácilmente por una IA de propósito general.
También analizamos cómo desarrollan tecnología. Hace algunos años necesitábamos alrededor de 80 personas durante dos años para escribir 2.5 millones de líneas de código; hoy, dos programadores pueden generar cerca de un millón de líneas en dos semanas con herramientas de IA.
Más allá del capital, nuestro valor está en acompañarlas. Contamos con especialistas en IA, infraestructura y arquitectura de sistemas que las ayudan a construir una base tecnológica capaz de escalar. También las apoyamos en su expansión internacional, identificando mercados con necesidades similares cuando Estados Unidos no es la mejor opción.
¿Cuál es el mayor reto que enfrentan las empresas al implementar la IA?
Muy pocas empresas la han implementado realmente. Lo primero es identificar un caso de uso claro: un problema específico cuya solución genere un beneficio tangible. Muchas organizaciones creen que la IA resolverá todo o que no servirá para nada, cuando el verdadero desafío es encontrar dónde crea más valor.
También sigue siendo indispensable la supervisión humana. Una implementación responsable tiene dos dimensiones. La primera son las personas. Algunas empresas ven la IA únicamente como una oportunidad para eliminar empleos. A mí eso me parece irresponsable. Lo correcto es darles herramientas a los colaboradores para que aprendan a trabajar con IA y puedan enfocarse en tareas de mayor valor.
La segunda dimensión es la gobernanza. Hay que definir qué decisiones puede tomar un modelo, cuáles requieren supervisión humana y con qué información fue entrenado. La IA aprende del contenido disponible en internet, pero ese “promedio” no siempre es correcto ni representa la verdad. Además, siguen existiendo las alucinaciones, es decir, la IA puede inventar cosas.
Cuando hablamos de IA, ¿dónde está la gran oportunidad para México?
La oportunidad está en los casos de uso, no en competir por la infraestructura. Las inversiones necesarias para desarrollar modelos como los de OpenAI o Anthropic son enormes.
Lo que sí podemos hacer es aprovechar esa infraestructura, adaptarla con conocimiento especializado y resolver problemas concretos. Eso implica añadir una capa de conocimiento —lo que se conoce como RAG (Retrieval-Augmented Generation)— para que un modelo general responda con información específica de una industria o empresa.
Ahí está la verdadera oportunidad: construir aplicaciones útiles y defendibles sobre plataformas que ya existen.
¿Elon Musk asegura que en cinco años los robots podrán hacer prácticamente todo el trabajo humano. ¿Qué tan realista es esa predicción?
Creo que hay algo de exageración. Si siguiéramos al pie de la letra muchas de las predicciones de Elon Musk, hoy ya tendríamos bases en Marte. Así que probablemente no veremos, en cinco años, robots haciendo absolutamente todo el trabajo humano.
Lo que sí es un hecho es que ya entramos en una nueva etapa. Pasamos de una era de internet y algoritmos avanzados a una IA con capacidades mucho más sofisticadas. Los grandes modelos de lenguaje, desarrollados por empresas como OpenAI o Anthropic, ya pueden dialogar, programar, crear contenido y resolver problemas complejos.
él dice...“El valor ya no está en la idea, sino en construir
Soluciones defendibles”.
El siguiente gran salto llegará cuando esa inteligencia pueda comprender el mundo visual. Hoy ya se entrenan modelos con enormes volúmenes de imágenes y video. Cuando esa inteligencia visual se combine con robots que ya pueden caminar, manipular objetos o levantarse, veremos un cambio enorme, comparable al que hoy vivimos con la IA generativa.
¿Cómo debería regularse la inteligencia artificial?
Estamos viviendo algo muy parecido a lo que ocurrió con internet. Al principio nadie hablaba de privacidad, ciberseguridad o protección de datos. Todo eso llegó después.
Los gobiernos difícilmente pueden avanzar al mismo ritmo que evoluciona la tecnología. Pero tampoco creo que la autorregulación sea suficiente. Las empresas compiten entre sí, la innovación avanza muy rápido y los distintos países operan bajo reglas diferentes.
Por eso sí creo que los gobiernos tendrán que participar de forma más activa para establecer límites claros sobre qué puede hacerse y qué no, especialmente en sectores sensibles como la salud, donde la IA no puede sustituir el juicio médico.
¿Cómo transformará la IA el trabajo en los próximos años?
Me recuerda mucho a la llegada del automóvil. Antes existía toda una economía alrededor de los caballos; con los autos, ese ecosistema tuvo que transformarse. Lo mismo ocurrió con la electricidad.
La inteligencia artificial provocará un reajuste similar. Muchas tareas repetitivas serán automatizadas, pero la creatividad seguirá siendo profundamente humana. La IA aprende de patrones y de la información existente; no identifica por sí sola necesidades nuevas ni crea negocios originales.
Eso obligará a las personas a capacitarse y utilizar estas herramientas para hacer cosas distintas. Hoy el conocimiento está mucho más democratizado. La diferencia la marcarán la creatividad y la capacidad de convertir ese conocimiento en soluciones nuevas.
Probablemente veremos otro gran reajuste dentro de cinco o diez años, cuando la robótica alcance un nuevo nivel. Nadie puede decir con certeza qué ocurrirá, pero las tendencias apuntan hacia una transformación profunda de la forma en que trabajamos, aprendemos y creamos valor.
AAL