En medio de unentorno de volatilidad marcado por conflictos bélicos y el encarecimiento de los energéticos, el peso mexicano cerró marzo en 17.94 unidades por dólar, con una depreciación mensual de 4.12 por ciento, equivalente a 71 centavos. Se trata de su peor desempeño desde agosto de 2024.
En promedio, la moneda nacional cotizó en 17.77 pesos por dólar, reflejando un mercado cambiario más inestable.
El retroceso contrasta con el inicio de año. Hasta febrero, el peso acumulaba una apreciación de 7.13 por ciento, impulsado por flujos favorables y expectativas positivas.
A la par, la volatilidad del tipo de cambio se elevó a 14.4 por ciento desde 8.9 por ciento el mes previo, alcanzando su mayor nivel desde abril de 2025.
En este contexto, el peso se ubicó como la novena divisa más depreciada del periodo, por debajo del florín húngaro y la rupia india, ambas con una caída de 4.21 por ciento frente al dólar.
La depreciación estuvo ligada principalmente a una mayor aversión al riesgo global ante el conflicto en Medio Oriente.
Las tensiones en Irán derivaron en el cierre del estrecho de Ormuz —por donde transita cerca de 20 por ciento del petróleo mundial—, lo que impulsó los precios energéticos y elevó los temores de mayor inflación, menor crecimiento global y posibles alzas en tasas de interés.
Al cierre de marzo, los energéticos registraron fuertes movimientos. El petróleo (tanto WTI como Brent) repuntó con fuerza a casi 94 por ciento, mientras que el gas natural en Estados Unidos mostró una caída de 21 por ciento.
En contraste, los precios del gas en Europa y de la gasolina en Estados Unidos avanzaron de forma significativa, reflejando la presión en los mercados energéticos globales.
En México, el aumento en los precios de las gasolinas fue más acotado, debido al estímulo al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS).
En marzo, el precio de la gasolina regular subió en promedio 2 por ciento, mientras que la de alto octanaje aumentó 9.4 por ciento.