Frente a la rápida adopción de la inteligencia artificial y las transformaciones del mercado global, líderes del sector privado nacional hicieron un llamado urgente a las corporaciones para no relegar el criterio, la flexibilidad y la sensibilidad humana en la toma de decisiones.
Durante su participación en el panel "La Industria de Nuevo León y el Futuro de México", José Antonio Fernández Carbajal, presidente ejecutivo del Consejo de Administración de FEMSA, reconoció los beneficios operativos de la IA, pero enfatizó que los números y algoritmos no deben reemplazar la intuición ni la ética de las personas.
“Lo que no debemos de perder es el sentido humano que debemos de ponerle a todo lo que es tecnología. Y en eso, pues no hay más que los errores humanos para aprender de ellos y los criterios de los humanos para decirle: 'ya sé que lo correcto, según tus números, es hacer esto, pero por alguna razón especial voy a cambiar'”, aseveró Fernández Carbajal.
Flexibilidad contra la rigidez corporativa
Por su parte, Daniel Servitje, presidente de Grupo Bimbo, advirtió sobre los peligros de la burocratización y el exceso de procesos en las organizaciones en crecimiento, señalando que las estructuras demasiado estrictas terminan por asfixiar la innovación y el talento joven.
“Cuando los procesos se vuelven muy rígidos, cuando pierden frescura, cuando pierden contacto con lo que tienen que enfrentarse en el mercado, ahí empezamos a ver que las empresas se frenan. Creo que tenemos que ayudar a que en las empresas aceitemos las cosas para que el crecimiento se dé y que el talento pueda sentirse motivado”, sostuvo Servitje.
En esa misma línea, Enrique Zambrano Benítez, presidente emérito de Grupo Proeza, coincidió en que la competitividad de las empresas mexicanas dependerá de su capacidad de adaptación, la apuesta por el desarrollo interno de talento y una visión estratégica a largo plazo.
Los magnates concluyeron que, si bien la tecnología y la IA son herramientas catalizadoras, la toma de decisiones finales, la interpretación del entorno social y la innovación disruptiva seguirán dependiendo intrínsecamente de las personas.