América Latina enfrenta una paradoja estructural, pues mientras la economía avanza hacia la digitalización, millones de jóvenes quedan fuera del sistema productivo: los llamados ninis, término atribuido a ese sector de la población que "ni estudia, ni trabaja".
Un análisis de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), junto con Ayuda en Acción, advierte que 20 por ciento de los jóvenes en la región —uno de cada cinco— no estudia ni trabaja, reflejando una falla estructural en la transición entre escuela y empleo.
El análisis detalla que el sistema educativo va más lento que la economía y el mercado laboral cambió más rápido que la educación.
De acuerdo con la organización, la digitalización está transformando “prácticamente todas las esferas del trabajo”, modificando tanto los empleos disponibles como las habilidades requeridas.
Mientras que la Organización Internacional del Trabajo (OIT) advierte que los jóvenes en América Latina enfrentan mayores tasas de desempleo e informalidad que el resto de la población.
Los sistemas educativos en la región siguen operando con estructuras rígidas, poca actualización curricular y escasa conexión con el sector productivo.
El desfase se denomina “desajuste de habilidades”, un fenómeno donde las capacidades de los trabajadores no coinciden con lo que demandan las empresas.
Este desajuste, según el organismo, es una de las principales causas de desempleo, baja productividad y dificultad para cubrir vacantes en América Latina.
Es decir, no es falta de empleo sino de habilidades. El problema central no es que no haya trabajo, sino que los perfiles no encajan.
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID) ha documentado que en varios países de la región existe una brecha clara entre la demanda de habilidades digitales y la oferta de talento disponible, lo que limita la transformación digital de las empresas.
Esto explica una contradicción creciente:
- Jóvenes sin empleo
- Empresas sin talento
Y ambos problemas ocurren al mismo tiempo.
El dato...¿Qué impacto económico tienen los ninis?
El desajuste no solo afecta a las personas, sino a toda la economía. La Cepal advierte que la región enfrenta una “trampa de baja productividad” vinculada a la falta de capacidades tecnológicas y capital humano.En términos simples, sin talento capacitado, las empresas no pueden innovar, crecer ni competir globalmente.
La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) ha advertido que los sistemas educativos en la región no están preparando a los estudiantes para la economía digital.
Además, el bajo dinamismo laboral agrava el problema. Según estudios del organismo, América Latina ha registrado, en la última década, uno de los crecimientos más bajos en generación de empleo, con alta prevalencia de informalidad.
El Internet no es la única herramienta que necesitan los jóvenes
Aunque la conectividad ha aumentado, el problema ya no es solo acceso, sino capacidades; pues se identifica la brecha de habilidades digitales como una de las principales desigualdades estructurales de la región.
Incluso cuando las personas tienen acceso a tecnología, muchas no cuentan con las competencias necesarias para aprovecharla económicamente.
Esto crea una nueva forma de exclusión:
- Quienes pueden usar la tecnología para generar ingresos.
- Y quienes quedan fuera de la economía digital.
Los estudios muestran que las oportunidades laborales para jóvenes varían según género, territorio y nivel socioeconómico, con mayores barreras para poblaciones rurales y vulnerables.
Además, el cambio en la estructura productiva agrava la situación. Según el análisis conjunto con Ayuda en Acción, más del 60 por ciento del empleo juvenil se concentrará en el sector de servicios hacia 2030, un sector con altos niveles de informalidad y precariedad si no se regula adecuadamente.
¿Qué les falta a los ninis para ingresar al sistema productivo?
Frente a este panorama, los organismos coinciden en que la educación técnica y profesional es clave.
La organización señala que este tipo de formación es estratégica para articular educación y empleo, mejorar la productividad y facilitar la inserción laboral en contextos de cambio tecnológico.
Sin embargo, también reconoce limitaciones:
- Programas poco flexibles.
- Baja calidad en algunos casos.
- Escasa vinculación con empresas.
Por ello, el reto no es solo ampliar la cobertura, sino rediseñar completamente el modelo.
Ante la lentitud del sistema educativo, el sector privado está llenando el vacío.
El propio análisis destaca la necesidad de una mayor participación de los empleadores en la formación de competencias, especialmente en áreas digitales y técnicas.
Esto explica por qué cada vez más empresas están:
- Creando programas internos de capacitación.
- Formando talento desde cero.
- Reduciendo tiempos de aprendizaje.
Es un cambio de paradigma: la formación deja de ser exclusiva de las escuelas.
Además, las organizaciones advierten que los jóvenes son “agentes esenciales para el cambio estructural”, pero enfrentan crecientes obstáculos para acceder a empleos de calidad .
Si la región no corrige esta desconexión:
- Aumentará la desigualdad.
- Se estancará la productividad.
- Y se perderá competitividad global.
Pero si lo logra, la digitalización puede convertirse en una palanca de desarrollo.
Se requiere un rediseño integral que incluya:
- Educación flexible y continua.
- Formación en habilidades digitales.
- Mayor vínculo con empresas.
- Políticas públicas inclusivas.
Porque el problema de fondo no es que falte talento, es que América Latina sigue formando —o excluyendo— a sus jóvenes para un mundo que ya dejó de existir.
GS