Este martes entra en vigor la reclasificación del tramadol a la fracción III del artículo 226 de la Ley General de Salud. Desde ahora, la receta deberá quedarse en la farmacia y ya no podrá utilizarse para surtir el medicamento durante meses.
La medida llega mientras personas que desarrollaron dependencia tras años de consumo comienzan a buscar ayuda por miedo a la abstinencia y las nuevas restricciones para conseguir el analgésico opioide.
Uno de esos casos comenzó con unas gotas para controlar el dolor por una lesión en la columna. Diez años después, el paciente tomaba prácticamente un frasco diario, había desarrollado tolerancia y llegó desesperado a consulta cuando en la farmacia le dijeron que ya no se lo venderían.
“Empezó con unas poquitas gotitas de tramadol, pues empezamos a subirle, subirle, subirle, hasta el punto de que nos estábamos tomando el frasco completo todos los días, y esto desde hace diez años”, relató Eduardo Marbez Serio, médico adictólogo y exjefe de la Oficina de Salud Mental y Adicciones del IMSS Bienestar Estado de México.
El especialista explicó que el paciente desarrolló tolerancia, es decir, necesitaba cada vez una dosis mayor para obtener el mismo efecto. Después llegó otra angustia: “Ya fui a la farmacia y me dijeron que ya no me lo van a vender”.
Desde el lunes, tras el anuncio del gobierno federal, comenzaron a llegar a consulta personas que tomaban tramadol de hace años, que no logran reducirlo por sí solas o que ya enfrentan restricciones para conseguirlo.
“Muchas personas ya están temiendo que va a estar complicado dejar el medicamento (...) Ahorita muchas personas están preocupadas por los síndromes de abstinencia que se pudieran llegar a presentar, ahora que les va a costar más trabajo conseguir el medicamento”, señaló Marbez Serio.
El fin de las recetas resurtibles
La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios reclasificó el tramadol a la fracción III del artículo 226 de la Ley General de Salud, lo que implica una venta mucho más controlada.
“Con una sola receta podían resurtirlo durante algunos meses y no se les retenía la receta en la farmacia”, explicó Marbez Serio.
Con el nuevo esquema, añadió, “ya se retiene la receta en la farmacia y ya solamente se puede prescribir una vez”.
El tramadol es un analgésico opioide utilizado para tratar dolor moderado a severo, como el posoperatorio o el derivado de golpes, fracturas y traumatismos. Actúa sobre los receptores opioides del organismo y modifica la actividad de neurotransmisores como la serotonina y la noradrenalina.
A diferencia del ibuprofeno o el diclofenaco, no es un antiinflamatorio. Aunque se le considera un opioide de baja potencia, “esto no significa que sea inofensivo”, advirtió Marbez Serio.
Su principal riesgo, sostuvo, es que “puede llegar a generar dependencia”, agregó.
El problema se agravó durante años por la facilidad para conseguirlo, incluso a bajo costo. El especialista explicó que personas con dolores crónicos siguieron tomándolo por periodos prolongados y, en algunos casos, aumentaron la dosis sin supervisión médica.
“Las personas estaban tome, tome, tome tramadol en dosis altas y generando síndromes de abstinencia cada vez que dejaban de tomarlo o disminuían bruscamente la dosis”, advirtió.
Los riesgos del mercado libre y el síndrome de abstinencia
Aunque la regulación entra en vigor este martes, varias farmacias comenzaron semanas atrás a limitar la venta, sobre todo a personas identificadas como usuarias frecuentes fuera de prescripción.
“Muchas farmacias ya están limitando el uso de este medicamento”, dijo.
En algunos casos, agregó, “ya no están vendiendo el tramadol”, lo que aumentó la preocupación entre quienes lo consumían de manera habitual. El miedo no es menor porque la abstinencia puede ser severa.
Marbez Serio explicó que, cuando una persona dependiente suspende de forma brusca el medicamento, el cuerpo “reclama” la sustancia y aparecen síntomas físicos y psíquicos.
Entre ellos mencionó agitación, temblores, dolor, insomnio, incapacidad para relajarse y taquicardia.
“Puede llegar a ser sumamente desagradable” e incluso “puede llegar a poner en riesgo la integridad física de las personas”, alertó.
Por ello, insistió, la salida no es suspenderlo de golpe ni intentar enfrentar la abstinencia en casa.
Con sus pacientes está aplicando reducciones graduales de la dosis, acompañadas de vigilancia médica y tratamiento sintomático para controlar las molestias.
“Ahorita lo que he estado tratando de hacer con mis pacientes que todavía lo pueden conseguir es hacer reducciones graduales en la dosis”, explicó.
Ese descenso, subrayó, debe realizarse “de la mano de un especialista” y “no tratemos de hacerlo solitos en casa”.
En algunos pacientes puede valorarse una terapia de sustitución con otro opioide. También pueden considerarse medicamentos como la naltrexona para disminuir el deseo de consumir tramadol cuando existen recaídas frecuentes.
Marbez Serio aclaró, sin embargo, que no existe una receta universal.
“Cada caso de cada paciente se tiene que analizar de manera muy cuidadosa para dar el tratamiento adecuado para la situación particular de esa persona”, señaló.
El tratamiento debe considerar el tiempo de consumo, la dosis alcanzada, la forma en que se incrementó, los intentos previos para suspenderlo y la presencia de otros trastornos adictivos.
Alternativas de desintoxicación clínica
El especialista también planteó la importancia de aplicar protocolos estrictos desde el inicio del tratamiento: definir la dosis, el tiempo de uso, el seguimiento médico y la forma de retirarlo cuando el dolor haya cedido.
El objetivo es evitar que el alivio inicial derive en tolerancia, dependencia y abstinencia. A esos riesgos se suman los daños por uso irregular o por sobredosis.
Marbez Serio aclaró que una sobredosis letal por tramadol “sería muy difícil” porque se trata de un opioide de baja potencia, pero no es imposible.
El riesgo general de los opioides es la depresión respiratoria, que puede provocar que la persona deje de respirar.
En el caso del tramadol, el consumo excesivo también puede causar náusea intensa, vómito y daño hepático.
“Sí puede llegar a suceder como con cualquier otro medicamento”, detalló.
El especialista precisó que la mayor preocupación no es únicamente una intoxicación aguda, sino el autoconsumo prolongado y el aumento progresivo de las dosis.
Se trata de personas que comenzaron a tomarlo por un dolor legítimo, continuaron cuando ese dolor ya había desaparecido y terminaron utilizándolo porque ya no podían suspenderlo sin presentar malestar.
Marbez Serio insistió en que la reclasificación no significa prohibir el tramadol, sino someter su venta a una vigilancia más estricta.
“No se está prohibiendo la venta del tramadol, simplemente lo que está haciendo es regularse”, dijo.
“No es un medicamento que se deba vender de manera libre”.
Para quienes llevan años consumiéndolo, comenzó en la farmacia: menos margen para resurtirlo, receta retenida y el temor de enfrentar, de golpe, una dependencia construida durante años.