Transporte asegurado, humanos no necesarios

Autos autónomos que van a 300 km por hora, calles sin semáforos, cero tráfico. ¿Pero compraría usted un auto buscando la menor cantidad de víctimas mortales?

Gabriel Salazar es creador y presentador del canal de YouTube Autodinámico.
Gabriel Salazar
Ciudad de México /

En 1915 la población de caballos en el mundo llegó a su máximo histórico. A partir de ese año su efecto fue el contrario y decreció, no por falta de gente a la cual transportar de un lugar a otro, sino porque llegaron los automóviles y relevaron de sus tareas a millones de caballos, los volvieron inempleables. Actualmente, encontramos en países anglosajones supermercados en los que antes había 30 cajeros humanos y ahora solo hay un humano supervisando 30 cajeros electrónicos.

La automatización se ha encargado de desplazar aquello que puede ser reemplazado por un cerebro mecánico. No tiene que ser perfecto, solo tiene que cometer menos errores que el cerebro humano. No es nuevo para nadie que la principal causa de accidentes viales sea el factor humano; personas que se quedan dormidas al volante, una distracción en el camino, altos niveles de alcohol en la sangre, todos estos son motivos suficientes para que el auto más seguro del mundo se convierta en tu ataúd.

Es por esto que los fabricantes han optado por equipar sus modelos más recientes con tecnología de prevención de accidentes: el control crucero adaptativo, prevención de cambio de carril o frenado de emergencia se han desarrollado para apoyar a los humanos en sus habilidades mentales; sistemas como estos reducen el riesgo de accidentes considerablemente.

Y si cada sistema que reemplace las decisiones humanas es un paso más hacia la seguridad de las personas, ¿por qué no reemplazar por completo el factor humano? Los automóviles autónomos no son el futuro, están aquí y funcionan. Marcas como Tesla, Google, Ford o Uber han dado prioridad a desarrollar tecnologías que reemplacen por completo al conductor de su puesto de manejo, y esto es algo bueno.

Si bien aún existimos aficionados que disfrutamos de un buen manejo, del camino y las emociones que nos transmite la máquina, hay que reconocer que para la mayoría esto es completamente irrelevante. Para algunos, el único propósito que tiene un auto es el de transportarnos de un punto a otro. Ahora, imagina una ciudad sin accidentes vehiculares, sin contingencias e incluso sin semáforos u oficiales de tránsito.

No se trata de una ciudad sin autos, se trata de la ciudad del futuro regida por los autos autónomos. Es posible, y sucedería de esta manera: por medio de cámaras y sensores el auto se hace consciente de su entorno y es capaz de tomar acciones más rápido de lo que un ser humano acciona el pedal de freno, la ruta se toma conforme a las condiciones de terreno, clima y tráfico para que sea la más eficiente y se gaste menos combustible, sin importar si es combustible fósil o energía eléctrica.

También la comunicación automóvil a automóvil permite saber su posición para después hacerla saber a los demás autos evitando el uso de semáforo, ya que están programados para saber quién va antes y después, además de que con los sistemas de prevención mencionados, se evitarán aún los accidentes imprevistos.

Esto nos llevaría a lo siguiente, hacer uso de super vías donde el auto pueda ir a 300 kilómetros por hora sin intervención humana acortando distancias y traslado; también a que poseer un auto sería algo del pasado ya que no habría motivo para tenerlo y su uso sería bajo demanda. El conductor será ilegal en varias situaciones, adiós tráfico, adiós contaminación, accidentes y ruido.

Pero también, ¿quién toma la decisión, en caso de que el auto deba intervenir? ¿Preferirías comprar un auto que buscará la menor cantidad de víctimas mortales, aun si eso se traduce en matar a su ocupante? Ese es el dilema ético con el que nos enfrentamos al acercarnos al futuro donde la movilidad está asegurada; los humanos, no.

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