Vehículos eléctricos: avances tecnológicos y retos para la movilidad del futuro

Los vehículos eléctricos no solo representan una alternativa tecnológica, sino un cambio profundo en la relación entre energía, transporte y sostenibilidad.

Desde una perspectiva ambiental y en un entorno urbano, estos automóviles son una excelente opción. | Especial
Carlos Gabriel Figueroa Alcántara
Ciudad de México /

En un mundo donde cada kilómetro recorrido tiene un costo ambiental, la forma en que nos movemos está experimentando una transformación sin precedentes. 

Los vehículos eléctricos no solo representan una alternativa tecnológica, sino un cambio profundo en la relación entre energía, transporte y sostenibilidad. 

Detrás de su silencioso funcionamiento se encuentra una compleja red de avances en materiales, baterías y eficiencia energética que están redefiniendo el futuro de la movilidad.

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Durante las últimas tres décadas, el uso de automóviles impulsados parcial o totalmente por motores eléctricos ha aumentado de forma significativa. 

Este crecimiento responde, en gran medida, a la necesidad de reducir emisiones de dióxido de carbono (CO₂) y de incrementar la eficiencia energética, misma que en el sector automotriz puede ser evaluada a partir del parámetro “Well to Wheel”, el cual se refiere al porcentaje de energía total aprovechada por un vehículo considerando desde el proceso de extracción del combustible hasta la propulsión. 

En automóviles eléctricos este porcentaje va entre 30  y 40 por ciento, mientras que en automóviles con únicamente motor de combustión interna va entre 16 y 26 por ciento.

Los automóviles eléctricos, además de ser más eficientes energéticamente, ofrecen ventajas adicionales que los de combustión interna, tales como menor contaminación auditiva, lo cual en entornos urbanos es de vital importancia porque impacta directamente en la calidad de vida de los habitantes. 

Otra ventaja es el menor costo de operación, ya que recargar una batería suele ser más económico que llenar un tanque de combustible.

A pesar de estas ventajas y de su incremento paulatino en el volumen de mercado, el precio de los automóviles eléctricos sigue siendo superior al de los impulsados por motores de combustión interna, lo cual se ha tratado de compensar mediante la implementación de políticas públicas que incentivan la adquisición de automóviles cuyo principal modo de propulsión no es un motor de combustión interna, es decir, no sólo se incentiva el uso de automóviles eléctricos, sino también a los conocidos como 'híbridos', los cuales en entornos urbanos como las ciudades latinoamericanas han tenido un impacto importante, ya que su bajo costo y mayor autonomía los hacen una opción más atractiva que los eléctricos.

En este punto vale la pena mencionar que un automóvil se considera eléctrico si es enchufable, aún si tiene tiene un motor de combustión, esto es debido a que en estos autos las baterías son lo suficientemente robustas y eficientes para que el vehículo se desplace en modo “cero emisiones”. 

Desde una perspectiva ambiental y en un entorno urbano, estos automóviles son una excelente opción. Sin embargo, el crecimiento del mercado de vehículos eléctricos todavía enfrenta algunos desafíos. 

Entre los más importantes se encuentran la autonomía de las baterías y los tiempos de carga, factores que pueden limitar su uso en trayectos largos, en vehículos de carga o en zonas rurales donde la infraestructura de recarga es limitada.

Como resultado de lo anterior, en los últimos años la industria automotriz ha prestado especial atención al desarrollo de nuevos materiales que contribuyan al incremento en la autonomía de vehículos eléctricos, en este punto hay que destacar que la reducción de peso es un factor fundamental, ya que los bancos de baterías son más pesados que un tanque lleno de combustible. 

Por ello se han diseñado materiales que combinan bajo peso y elevadas resistencias, permitiendo que, en conjunto con modificaciones en la estructura del automóvil, sea posible sustituir piezas tradicionalmente fabricadas con aceros y de esta manera reducir el peso total del vehículo. 

En este contexto, ha sido necesario explorar opciones que combinen características de diferentes familias de materiales, lo cual da como resultado los conocidos materiales compuestos.

Por otro lado, la eficiencia de las baterías ha sido un tema de gran interés cuando se habla de la autonomía de vehículos eléctricos, una medida de esta eficiencia es la “densidad energética”, que indica cuánta energía puede almacenarse en un determinado volumen de batería. 

Es decir, una batería con mayor densidad energética puede almacenar más energía en el mismo espacio, o bien ocupar menos espacio para almacenar la misma cantidad de energía. 

Esto es fundamental en la eficiencia energética y autonomía, debido a que las baterías de los automóviles eléctricos constan de paquetes de celdas conectadas entre sí, y el número de celdas depende de la fuerza motriz que requiere el vehículo para su desplazamiento, por lo que se debe considerar el tamaño y la cantidad de energía que se puede almacenar.

La búsqueda de baterías más eficientes no es nueva, desde hace más de tres décadas se investigan tecnologías que permitan mejorar su desempeño, no solo para vehículos eléctricos, sino también para dispositivos de uso cotidiano como teléfonos móviles, computadoras portátiles, tabletas y cámaras. 

Un momento clave en esta evolución ocurrió en 1994, cuando Sony introdujo una de las primeras baterías comerciales de ion de litio. Este tipo de baterías representó un avance importante debido a varias ventajas. Entre ellas destaca su bajo efecto de memoria, es decir, una menor pérdida de capacidad con el paso del tiempo cuando las baterías se cargan o descargan de manera parcial. 

Otra ventaja de estas baterías es que el litio al ser el elemento que más fácilmente pierde electrones facilita el diseño de celdas eficientes.

En este escenario, la movilidad eléctrica no debe entenderse únicamente como una innovación tecnológica, sino como un cambio estructural en la manera en que concebimos el transporte y el uso de la energía. 

Los avances en materiales, baterías e infraestructura no solo determinarán el rendimiento de los vehículos, sino también la velocidad con la que las sociedades podrán transitar hacia modelos más sostenibles. 

El reto no es menor: implica equilibrar desarrollo tecnológico, viabilidad económica y responsabilidad ambiental. 

Sin embargo, cada mejora en eficiencia, cada avance en almacenamiento energético y cada decisión de política pública nos acerca a un futuro donde desplazarnos no signifique comprometer el entorno, sino coexistir con él de forma más inteligente.

Si este tema te ha interesado, te invitamos a consultar las siguientes fuentes:

https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0264275125001155

https://www.iea.org/data-and-statistics/charts/global-electric-car-sales-2014-2024

https://www.marketresearchfuture.com/reports/vehicle-electrification-market-2043?utm_source=google&utm_medium=cpc&utm_campaign=23345944297&utm_adgroup=192905944267&gad_source=1&gad_campaignid=23345944297&gbraid=0AAAAApSi_p2haQQnzN_yD9SujMuuFX0vM&gclid=Cj0KCQjw37nNBhDkARIsAEBGI8MGg3FWTXX4rjHV6E3EwS6kaI259_NY3wj81xQYJP5G3re4UY2y8l8aAqZcEALw_wcB

https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1364032124004945

Editores científicos: Dr. Iván D. Rojas-Montoya, Dra. Sandra M. Rojas-Montoya


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