Análisis de una tragedia que pudo evitarse

La tragedia del 3 de mayo, como muchas otras que han sucedido en las instalaciones del STC Metro, no fue un accidente.

Una vez más habrá que apelar a la historia para darnos cuenta de que la tragedia actual es una crónica de negligencia

Nexos

Por: Erick Serna Luna

Ilustración: Oldemar González, cortesía de Nexos

Sin minimizar la tragedia y el drama que viven las familias de las personas que iban a bordo del tren, es momento para que despierte una ciudadanía consciente y organizada que le exija a las autoridades en los cargos públicos –y a las personas que aspiran a ellos– que sea una prioridad del gobierno el mantenimiento y renovación estructural de las 12 líneas y las 195 estaciones que componen la red del STC Metro. Sin menoscabar la importancia de otros medios de transporte urbano, es el momento de que el STC Metro sea el centro de la política de movilidad de la CDMX. La importancia del Metro como transporte urbano recae en las vidas que dependen de su buen funcionamiento, vidas de la gente trabajadora, del pueblo. Un pueblo que, contrario al eslogan político, no es prioridad. Vidas a las que, en contraste con aquella estrofa del himno nacional, se las ha brindado un sepulcro de horror.

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