Por: Gian Carlo Delgado Ramos
Ilustración: Víctor Solís, cortesía de Nexos
Una creciente población urbana se traducirá en una mayor expansión del espacio construido, seguramente dando pie a una mayor dispersión urbana y a la consolidación de zonas conurbadas. Tal proceso supone el incremento del consumo de materiales y energía para su construcción y operación; se pasará de un consumo de 1 226.7 millones de toneladas en 2015 a 1 491.5 millones de toneladas en 2035, en un escenario tendencial. También implica la agudización de los diversos impactos socioambientales. Por ejemplo, la erosión o pérdida de ecosistemas urbanos y periurbanos, la sobreexplotación de fuentes locales y regionales de agua, la mala calidad del aire o la generación de más residuos, ello además de los impactos asociados al cambio climático.