Por Valeria Moy
Ilustración: Kathia Recio
En este único México conviven realidades económicas radicalmente distintas. La brecha que existe entre el norte y el centro del país con el sur es cada vez mayor. El PIB, la informalidad, la productividad, la pobreza, la competitividad, podrían sonar únicamente a variables explicadas en libros de texto y capturadas en las cifras publicadas rutinariamente por los institutos de estadística, pero no lo son. Esos datos representan la calidad de vida de los habitantes. Es más impactante ver una imagen de una fábrica robotizada que observar una tabla con datos de productividad sectorial. La fotografía de un niño en situación de pobreza transmite más que cualquier dato de crecimiento económico. Pero a diferencia de una imagen que captura un solo momento, los datos nos permiten ver los cambios, la evolución, o ver también el estancamiento.
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