El principio de tiempo mínimo de Fermat

La historia de la refracción de la luz es un buen ejemplo del esfuerzo intelectual que supone hallar la ley que sea evidente.

El principio de tiempo mínimo de Fermat
Nexos
Ciudad de México /

Martín Méndez

Ilustración: Patricio Betteo, cortesía de Nexos

Filosofía y dilemas existenciales aparte, el entendimiento del fenómeno de la refracción de la luz hasta su formulación cuántica del principio de tiempo mínimo de Fermat tiene en su haber la participación de una variedad de figuras ilustres que bien vale la pena contar. Alrededor del año 60 de nuestra era, Herón de Alejandría consignó en su obra Catóptrica (parte de la óptica que estudia la reflexión de la luz) la demostración matemática de la igualdad de los ángulos formados cuando un rayo de luz incide sobre un espejo y luego es reflejado.3 La suposición detrás de la demostración era que la trayectoria que sigue el rayo de luz cuando va del espejo al ojo del observador es la más corta. Posteriormente, en el 150 de nuestra era, el astrónomo Claudio Ptolomeo de Alejandría hizo contribuciones al estudio del comportamiento de la luz, las cuales compiló en su libro Óptica. En este libro, Ptolomeo describe las mediciones que verifican la ley de los ángulos iguales propuestas en la Catóptrica de Herón, extendiendo la aplicación de esta ley a espejos curvos. Al final de su libro, Ptolomeo incluye en sus estudios el fenómeno de la refracción, es decir, la curvatura de los rayos de luz al pasar de un medio transparente como el aire a otro como el agua.

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