Por: Laura Frade Rubio
Ilustración: Víctor Solís, cortesía de Nexos
No es de extrañar que se introduzcan los campos formativos en categorías de saberes que se construyen en comunidad con diálogos en los que los conocimientos, creencias, tradiciones y costumbres se igualan y validan colectivamente, sin criterios científicos y aun aprendizajes esperados de índole individual que permitan evidenciar que algo se ha aprendido. O bien, el hecho de que las matemáticas se subsumen en el campo formativo de los saberes y pensamiento científico, perdiendo la especificidad propia derivada de ser una ciencia formal y por ende abstracta, y que como capacidad humana, como inteligencia matemática, requiere de tiempo y de un proceso de construcción basado en el desarrollo de los niños, niñas, adolescentes y jóvenes para lograrse. Esto mismo sucede con aspectos fundamentales de la educación en México como el laicismo, puesto que si las creencias, tradiciones y costumbres de cada comunidad se priorizan en la educación de una determinada escuela, el Estado deja de tener un papel regulador imparcial frente a todas ellas y únicamente una conformada por la mayoría que se establezca podría dominar el escenario.