Por: Judith Kalman
Ilustración: Alma Rosa Pacheco, cortesía de Nexos
Las críticas de fondo aquí son dos: primero, que los materiales no están orientados a los niños lectoescritores emergentes. Los libros están pensados para alumnos que saben leer y escribir, con cierta experiencia con portadores de información, que conocen diferentes formatos y discursos para localizar y registrar la información. La segunda crítica es que las expectativas acerca de las prácticas lectoras y la producción escrita de niños en esta edad no coinciden con lo que saben hacer y —por lo mismo— opacan cuáles son las acciones docentes más pertinentes para ellos. En esta etapa del desarrollo, la apropiación de la escritura alfabética, la comprensión de la arquitectura de los textos y recursos discursivos son conocimientos complejos que los niños deben construir. Estos conocimientos también son parte de su uso y tendrían que estar vinculados a los diversos formatos, portadores y propósitos. Para llegar a estos saberes, es necesario contar con múltiples oportunidades de escribir y explorar textos de diversos géneros y presentaciones. Esto es precisamente lo que los nuevos materiales no contienen. Hay vínculos importantes entre la escritura y la lectura para aprender cómo se produce y se interpreta lo escrito, cómo se construyen los textos, cómo se ordenan, cómo representan significados y cómo interactúan las representaciones multimodales pero estos no sobresalen aquí.