La importancia de llamarse

Parte título, parte apelativo, parte poema inconcluso, los nombres científicos encierran y representan un trayecto evolutivo de eones en unas cuantas palabras.

La importancia de llamarse.
Nexos
Ciudad de México /

Por Diego Ramírez Martín del Campo

Ilustración: Estelí Meza, cortesía de Nexos

La existencia de los diferentes lenguajes es una prueba clara; diferentes nombres para las mismas cosas. Sin embargo, podría argumentarse que también al nombrar creamos y damos forma a conceptos dentro de nuestro imaginario. Damos importancia y, hasta cierto punto, encapsulamos una totalidad en unas cuantas sílabas. Le damos significado o peso a aquello que denominamos a través de la palabra que termina por apoderarse de su esencia. En la ciencia esto es muy importante. Tomemos a los nombres científicos, por ejemplo, compuestos por dos palabras. La primera, el género, indica un grupo general al cual pertenecen organismos emparentados y de características similares. El segundo, o epíteto específico, habla de una particularidad de la especie en cuestión. Canis, por ejemplo, son los cánidos. Entonces tenemos al Canis familiaris o perro y al Canis lupus o lobo. Emparentados ambos al ser cánidos, pero distinguibles entre sí y señalado por lupus o lobo en latín y familiaris o doméstico en latín también. Los nombres, en este caso, son importantes y, a diferencia de lo que señaló Julieta, donde la esencia de Romeo se mantiene en él sin importar cómo lo llame, los nombres científicos roban un poco de ésta y de las características de los organismos para encapsularlos en unas cuantas palabras. Al menos en la ciencia, por eso nombramos.

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