Salud: Sin lugar para quimeras

La prestación monopólica de servicios de salud excluye la libertad de elección, y genera serios desincentivos a la calidad y la eficiencia.

Las condiciones de salud en los países escandinavos, Inglaterra y Canadá están muy por encima del promedio mundial.
Nexos
Ciudad de México /

Por: Julio Frenk y Octavio Gómez-Dantés

Ilustración: Patricio Betteo, cortesía de Nexos

Además de las limitaciones de carácter operativo, el modelo de monopolio público tiene un serio defecto en términos de transparencia frente a la población. Al referirse a este sistema es común que, junto con el adjetivo de “único” (es decir, monopólico), se le describa como “gratuito”. Este último concepto se usa de manera equívoca para sugerir un acto de generosidad por parte del gobierno. En realidad, son los ciudadanos quienes financian los servicios de salud, a través del pago de impuestos o cuotas de seguridad social. En el modelo OCDE la gratuidad se refiere estrictamente al momento en que los servicios se utilizan. La razón por las que no es necesario cobrar en el momento de la utilización es que los ciudadanos ya pagaron por adelantado sus impuestos y sus cuotas a la seguridad social.

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