¡Viva la santa de Cábora!

Lo que me parece fascinante en la figura de Teresa Urrea es que sus poderes de curandera y profeta son inseparables de su visión política.

Un tema recurrente en los acontecimientos que rodean la vida de Teresa Urrea es el poder de las imágenes.
Nexos
Ciudad de México /

Por: Natalia Mendoza

Ilustración: Raquel Moreno, cortesía de Nexos

Teresa Urrea nació alrededor de 1873 como hija ilegítima de una mujer tehueca del norte de Sinaloa y un hacendado español, que años después la reconoció y acogió en su rancho de Cábora, en el sureste de Sonora. Después de un ataque de catalepsia que la mantuvo postrada por tres meses, Teresa desarrolló el don de curar a los enfermos que acudían en masa a visitarla. También tuvo visiones marianas que la llevaron a denunciar la corrupción del clero, proclamar el triunfo de las revueltas y anunciar el advenimiento de un mundo nuevo. Varios grupos que se rebelaron contra el gobierno de Porfirio Díaz en esos años invocaron su nombre. Cuando en 1892 los mayos atacaron Navojoa para resistir el despojo de sus tierras, se les oía gritar: “¡Viva la santa de Cábora!”. Ese mismo año, Teresa y su padre fueron expulsados de México y tomaron residencia en un pueblo minero de Arizona.

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