De empujones y 'switchers'

Ciudad de México /

La 4T va ganando la guerra de percepciones en torno a la elección presidencial de 2024. El presidente López Obrador se ha salido con la suya al crear la imagen de que Claudia Sheinbaum crece y que Xóchitl Gálvez se ha desinflado. No importa que eso sea falso: es verosímil, y la mayoría de la gente, opositores incluidos,lo cree. Para proyectar esa realidad virtual AMLO ha contado con una pequeña y disimulada ayuda de medios electrónicos y encuestadores. Ya me he referido aquí al estiramiento de la ventaja de Claudia en las encuestas; del empujoncito noticioso bastan dos botones: 1) aunque el impasse electoral en que nos encontramos hace que apenas se sepa de ambas futuras candidatas, solo se habla del “estancamiento” de Xóchitl; 2) la caída del prompter hace más ruido que la de Harfuch.

Y es que la conseja de que AMLO es víctima de un cerco mediático ya no resiste el menor soplo de análisis factual. La hostilidad que, en efecto, padeció en su etapa de opositor, se ha revertido gradualmente durante su Presidencia. Que mucha gente compre su victimización demuestra tanto su hábil manejo de la comunicación como su creciente control de los medios. Una cosa es que lo critique la mayoría de los analistas y opinadores, cuyas ideas se quedan en el círculo rojo, y otra que las líneas editoriales lo contradigan ante el círculo verde. No hay tal. Es cada vez más evidente que, mientras los espaldarazos mediáticos a Sheinbaum se multiplican como resultado de su imagen ganadora, la cobertura masiva de la ante precampaña de Gálvez es limitada.

Con todo, los votantes mexicanos no han dicho la última palabra. Yo pienso que el fiel de la balanza será un segmento del electorado al que me referí en este espacio hace dos meses como switchers del “voto blando obradorista”. Dije entonces que en el 60% de quienes aprueban a AMLO hay un conjunto de simpatizantes suyos, quizá un 20%, que no es incondicional de la 4T y por tanto es indeciso, y que “será la clave de la elección de 2024” (“Xóchitl: la hazaña de morder la manzana”, 25/09/23). Vale señalar que esa apreciación, a la que por cierto llegué más por la vía de la intuición que por datos duros, coincide con los resultados del análisis de Gabriel González Molina en su nuevo libro, Switchers S2.

El reto de la oposición es comunicacional. Si el Frente Amplio quiere ganar tiene que hacer dos cosas: convencer a la gente de que la sucesión presidencial no se dio cuando AMLO entregó el bastón de mando a Claudia Sheinbaum —que la decisión es de la ciudadanía y aún no se ha dado— y atraer a los switchers. Lo primero es muy difícil, porque significa vencer en su cancha al mago de la narrativa mañanera, al mismísimo artífice de la mitocracia, y hacerlo en un contexto de oficialismo mediático en ascenso. Lo segundo, sin embargo, es relativamente fácil, porque el segmento a conquistar está acotado y se sabe qué lo tiene insatisfecho: quiere la paz —en dos sentidos, la pacificación de México y la concordia entre los mexicanos— y aspira a la prosperidad. Cualquiera de las dos que lo persuada de que cumplirá esas asignaturas pendientes —para lo cual debe salirse de la confrontación polarizadora e inspirar esperanza de progreso— se puede ganar su voto sin perder electores cautivos. Creo que por ahí es.


  • Agustín Basave
  • Mexicano regio. Escritor, politólogo. Profesor de la @UDEM. Fanático del futbol (@Rayados) y del box (émulos de JC Chávez). / Escribe todos los lunes su columna El cajón del filoneísmo.
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