De preguntas y nece(si)dades

Ciudad de México /

Primera pregunta: ¿qué sigue tras el golpe al CJNG? Por presión de Estados Unidos, por voluntad del gobierno mexicano o por ambas cosas la estrategia de permisividad ante el crimen organizado del sexenio pasado ha sido sepultada, aunque la Presidenta no lo pueda admitir. Enhorabuena. ¿Y ahora qué? El sentido común nos dice que fue un error ir de los garrotazos al avispero a los abrazos al avispero, que hay que desarticular las estructuras paramilitar, financiera y gubernamental de los cárteles. Pero ¿cómo contrarrestar el lavado de dinero en un país como el nuestro, donde la penetración de la criminalidad en la economía es ancha y profunda? Es evidente que, además de las empresas fantasma y las empresas fachada, hay negocios que involuntariamente, por temor o por desconocimiento, se ven involucrados en actividades ilícitas. Más aún, cualquier persona que compra o vende una casa en México está expuesta al riesgo de hacer la operación con algún delincuente sin darse cuenta, como tristemente le ocurrió al futbolista Rafa Márquez hace tiempo. ¿Cómo se ataca esa hidra sin que paguen justos por pecadores? Y finalmente, ¿cuándo se procesará a los políticos, empresarios, militares y policías que se han coludido con organizaciones criminales? Conste que en este caso no pregunto cómo, solo cuándo, porque aquí lo que se requiere es voluntad, perspicacia y priorización del interés nacional sobre el partidarismo.

Segunda pregunta: ¿cuál es el propósito de la reforma electoral? Obviamente no es emparejar los porcentajes de votos y de curules, porque aumentaría la sobrerrepresentación en detrimento de las minorías. Y de nada sirve abrir las listas cuando se cambian 100 diputaciones plurinominales por 100 de primera minoría y en el Senado se elimina la representación proporcional. Si se busca “dar al pueblo lo que pide” habría que recordar que la mala fama de los “pluris” no viene de la izquierda sino de periodistas “conservadores” y que con listas abiertas se puede trasladar la fuerza de las dirigencias partidistas al electorado en la votación de legisladores. ¿Y por qué recortar el financiamiento en 25 por ciento en todos los rubros, si no es para debilitar al INE? Se ahorraría mucho más si se cancelaran las aberrantes elecciones judiciales. No, lo que se quiere es otra cosa: hacer de Morena el nuevo partido hegemónico. Es la lógica del pensamiento único, la que impidió consensuar la reforma con la oposición. En el antiguo régimen, antes de la transición democrática, los opositores pugnaron por abrir el sistema, tener un órgano electoral autónomo y emparejar el piso de recursos para competir. Al PRI no le interesaba que hubiera proporcionalidad ni que se dieran prerrogativas, porque ganaba la mayoría de los distritos y porque era el único que tenía acceso a los cofres públicos, y menos que las elecciones fueran organizadas fuera de su ámbito de control. Lo que se pretende ahora es retroceder al siglo pasado. Voracidad aparte, ¿eso necesita la 4T? ¿Es el beneficio de la regresión mayor que el costo de minar su alianza con el PVEM y el PT? Y es que, pese a haber “atenuado” la iniciativa, sus satélites están inconformes. ¿Qué caso tiene descafeinar una bebida que de todos modos va a quitar el sueño? ¡Pero qué nece(si)dad!, diría el clásico. 


  • Agustín Basave
  • Mexicano regio. Escritor, politólogo. Profesor de la @UDEM. Fanático del futbol (@Rayados) y del box (émulos de JC Chávez). / Escribe todos los lunes su columna El cajón del filoneísmo.
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