El autócrata salió del clóset

Ciudad de México /

Ya ni sus corifeos pueden disimular la vocación autocrática del presidente López Obrador. La muestra, categórica y orgullosamente, en su intento de tomar por asalto la Suprema Corte de Justicia. En cuanto terminó la Presidencia de Arturo Zaldívar, y con ella la posibilidad de dictar línea a la Corte desde Palacio Nacional sobre qué asuntos agilizar y cuáles congelar, AMLO lanzó tres manotazos: 1) emprendió una campaña de difamación contra Norma Piña y endureció sus críticas al poder Judicial, 2) anunció una iniciativa para elegir a los juzgadores por voto popular, y 3) una vez que Zaldívar le regaló su renuncia anticipada envió dos ternas al Senado con los nombres de abogadas muy cercanas a él.

El primer golpe es una infamia, el segundo un despropósito y el tercero una chicana. Puesto que ya he abordado los otros dos en este espacio, analizaré ahora el punto tres. Se trata de una jugada obvia para obtener una mayoría de incondicionales en el máximo tribunal; si su proyecto de votar a los juzgadores en elecciones políticas no pasa, tendrá al menos una integrante más de su lado. AMLO no busca ideologizar a la Suprema Corte, como he explicado antes: busca personalizarla. No quiere ministros de izquierda capaces de oponerse a sus desviaciones derechistas, como la militarización del país; quiere obradoristas que avalen lo que a él se le antoje.

En este contexto, cabe cuestionar la decisión opositora de rechazar su segunda terna. Aunque la oposición sabe que, de hacerlo, el Ejecutivo podrá realizar una designación directa, argumenta que AMLO debe asumir el costo político de hacerlo. Con respeto a los senadores del bloque de contención, varios de los cuales son amigos a quienes aprecio, no estoy seguro de que sea la mejor táctica. ¿A qué costo político se refieren? ¿Desde cuándo le importa a AMLO la crítica de la opinión pública? Lo que persigue es otro voto automático a su favor; la desaprobación del círculo rojo le tiene sin cuidado. ¿No sería más sensato cederle el paso a Bertha Alcalde quien, comparada con las otras, es la que parece tener más preparación y criterio propio? Sí, ya sé que hay varias mujeres con más merecimientos e independencia que ella para ocupar esa posición, pero hay muchas más del tipo de María Estela Ríos que AMLO puede sacarse de la chistera. ¿No conviene cuidar al bloque y guardar sus reservas de cohesión para detener cosas más graves que, sobre todo, no sean fait accompli? En fin. son preguntas.

Lo que no pregunto, lo que afirmo sin temor a equivocarme, es que AMLO ha perdido la última pizca de maquillaje para cubrir su rostro despótico. Escudado en un binarismo que desecha la imparcialidad, abre a machetazos el camino a una Corte dominada por el obradorismo. Más aún, pugna por un caudillismo de pensamiento único que valide la voluntad del caudillo in absentia. Quiere un México monocolor que mantenga en la marginalidad a quienes piensen distinto. Quiere mexicanos uniformados de guinda, marchando al son de sus ocurrencias. Conocíamos desde hace cinco años su autoritarismo, que la RAE define como “exceso o abuso de autoridad”, pero intuíamos que escondía en el armario su autocracia, término que el diccionario de Bobbio de plano remite al de “dictadura”. Ya no hay duda: el autócrata salió del clóset.


  • Agustín Basave
  • Mexicano regio. Escritor, politólogo. Profesor de la @UDEM. Fanático del futbol (@Rayados) y del box (émulos de JC Chávez). / Escribe todos los lunes su columna El cajón del filoneísmo.
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