El que calla otorga

Ciudad de México /

¿Quién gobierna en México? La pregunta reverbera en la opinión pública por la indulgencia con que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo trata a los prosélitos de Andrés Manuel López Obrador, pese a sus impertinencias. La respuesta facilista es que existe un cogobierno, que ella manda en la administración pública y él controla el partido oficial, pero el asunto es más complejo y parece originarse en una decisión de CSP. Aunque la 4T la obedece cada vez que da un manotazo, ella lo piensa dos veces antes de hacerlo.

Esta renuencia a defenestrar incómodos emisarios del pasado alimenta la duda. Ocurrió con Gertz en la Fiscalía y López Hernández en el Senado, por ejemplo, y su hesitación no tuvo que ver con consideraciones de autonomía o división de poderes. CSP defiende sistemáticamente a obradoristas indefendibles en las mañaneras, incluido ahora Ramírez Cuevas, el orquestador de linchamientos en redes, aduciendo que no hay investigaciones en su contra. Es obvio que debe haberlas.

Y qué decir de los directores indeseables nombrados por AMLO. Cuando CSP ha decidido cambiarlos varios de ellos la han desafiado, en alarde de patrimonialismo y prepotencia y pese a depender de la cadena de mando del Ejecutivo. Ahí están los casos de Romero Tellaeche en el CIDE o Marx Arriaga en la SEP. El de Arriaga se convirtió en un espectáculo emblemático: un burócrata de cuarto nivel, que llegó al cargo por recomendación de la esposa de AMLO y sin mayor trayectoria o prestigio académico, se atrincheró en su oficina para denostar al gobierno de CSP, y pese a ello fue tratado con algodones en Palacio Nacional. Recibió elogios públicos y hasta el ofrecimiento de una embajada. ¿Cómo quieren que no se diga que AMLO sigue mandando, por Dios?

Los defensores de la 4T argumentan que CSP prodiga esas deferencias por cariño y respeto al fundador del movimiento. Santo y bueno. De ser así, si es por eso que ella se cuida de despedir políticos afines a AMLO que la meten en problemas o incluso están implicados en presuntos actos criminales, ¿no le corresponde al expresidente deslindarse y dejarlos a su suerte? Ni siquiera tendría que salir de su retiro en Palenque para hacer pronunciamientos; bastaría con que recurriera a la mensajería simbólica que él maneja con maestría. Para un hombre con su oficio político y comunicacional sería pan comido.

Pero no lo hace. Y la consecuencia de su ensordecedor silencio es el empoderamiento y la impunidad de quienes implícitamente reconoce como suyos. No se trataría solo de apoyar a su sucesora, por cierto, sino también de defender su propio nombre ante la historia, que tanto le importa. En dos escándalos de corrupción, el de huachicol fiscal y el de la Barredora, están involucrados un cercanísimo excolaborador y uno de sus “hermanos”, y faltan los que Julio Scherer denuncia en su libro. ¿No podría manifestar que traicionaron su confianza y que no lo representan? ¿No debería, en rigor, exigir que se les investigue y en su caso se les procese? Si deja correr las cosas es porque no quiere que los toquen.

Para defender a Maduro y para presentar su libro sí se dignó a hablar, pero no para defender a la presidenta ni para presentar a sus corruptos ante la justicia. Ni hablar, Andrés. El que calla otorga.

PD: Enhorabuena, Somos México.


  • Agustín Basave
  • Mexicano regio. Escritor, politólogo. Profesor de la @UDEM. Fanático del futbol (@Rayados) y del box (émulos de JC Chávez). / Escribe todos los lunes su columna El cajón del filoneísmo.
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