Guía coyuntural para Biden

Ciudad de México /

Dos sucesos del inicio de año reflejan la situación de México en su vertiente democrática y en el ámbito de la seguridad: la elección en la Corte y el Culiacanazo II. Va mi análisis en las siguientes líneas. Por cierto, tengo la impresión de que al presidente de Estados Unidos, quien hoy nos visita, le serviría como guía coyuntural la actualización de sus briefings en estos dos temas, que dibujan nítidamente el perfil actual de este país.

Nuestra Suprema Corte de Justicia acaba de dar una venturosa muestra de autonomía al colocar en su Presidencia a una mujer honorable que discrepa de la 4T. Si bien a AMLO le alcanzó el poder para vetar a otro presidenciable, no pudo impedir que ganara alguien que no le gusta porque no le obedece. Este motivo de celebración para quienes queremos checks and balances funcionales en la democracia mexicana le debe parecer poca cosa a Biden, y por eso hay que explicarle que el anterior Chief Justice de México se comportó como militante del oficialismo y subordinado del presidente. En efecto, se dedicó a hacer política cortesana, aunque no supo culminar su juego: en su sucesión cometió el error de leer mal las señales de Palacio Nacional, impulsar al candidato vetado y torpedear a la candidata favorita. Se quedó en el peor de los mundos posibles, con desdoro y sin premio, desprestigiado ante el círculo rojo y, al parecer, malquistado con AMLO y lejos de un codiciado nombramiento presidencial. ¡Tanto servilismo para nada!

Por otro lado, la detención de Ovidio Guzmán en Culiacán proyecta luces y sombras. Lo bueno fue el desvanecimiento del mantra de que la violencia no se combate con violencia -que niega el hecho incontrovertible de que no hay Estado sin monopolio de violencia legítima- y el derrumbe del tabú de enfrentar a los cárteles; quedó al descubierto el absurdo de dejarlos hacer y dejarlos pasar mientras los programas sociales obran el milagro de desarmarlos, se reivindicó la tesis de que permitirles control territorial es efectivamente invocar un Estado fallido y se demostró que doblegarlos exige inteligencia, estrangulamiento de redes de lavado de dinero y, sí, también una violencia que se debe minimizar pero que no se puede evitar. Lo malo fue que se trató de una golondrina al norte que no hace verano al sur, de una concesión y no un cambio de estrategia. ¿Qué decirle a Joe Biden? Que reciproque actuando contra la drogadicción y el tráfico de armas de su lado de la frontera. ¿Qué decirle a AMLO? Que la recaptura de Guzmán refutó su anterior liberación: no hay masacre de civiles cuando, en vez de propiciar humillaciones al Ejército, se le deja realizar su trabajo -mis felicitaciones a quienes participaron en el operativo, mis condolencias por los fallecidos-: las fuerzas del orden saben que el crimen organizado evita atacar a su base social, real o potencial.

Bienvenido sea, presidente Biden. Llega usted a un México esperanzado en retomar su transición democrática y ensangrentado por las drogas que se demandan en su país y la corrupción que prolifera en el nuestro. Yo no le pido que le diga algo a AMLO; le pido más argumentos para quienes sostenemos que su gobierno conviene más a los mexicanos que el de Donald Trump, cuyo regreso a la Casa Blanca es ignominiosamente anhelado por la 4T.

@abasave

  • Agustín Basave
  • Mexicano regio. Escritor, politólogo. Profesor de la @UDEM. Fanático del futbol (@Rayados) y del box (émulos de JC Chávez). / Escribe todos los lunes su columna El cajón del filoneísmo.
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