La 4T tiene una vertiente socialista. Aunque no proviene directamente de López Obrador, formado en el nacionalismo revolucionario priista, sino de su entorno político y familiar, cuenta con su aval. Y quizá la expresión más clara de esta faceta ideológica es el modelo pedagógico inspirado en Paulo Freire e impulsado por el gobierno obradorista, que intenta romper con el individualismo en aras de la cooperación comunitaria. Para Freire, la educación individualista conviene a los opresores porque evita la unión de los oprimidos. La competencia, en ese contexto, es parte esencial del paradigma: fomenta la rivalidad y la fragmentación de los explotados en beneficio de los explotadores.
Desde esta perspectiva es más fácil entender el rechazo a la prueba PISA. El régimen desconfía de los mecanismos evaluadores porque los ve como parte del engranaje del capitalismo: poner a los estudiantes a competir entre sí por mejores calificaciones es erosionar el sentido de comunidad y dar becas en función de la excelencia académica propicia la división en el aula. Los ecos de la visión idílica de los pueblos originarios de AMLO —las civilizaciones prehispánicas estaban exentas de la maldad occidental —explican su aquiescencia a esta concepción educativa. El solidarismo comunitario, el tequio en su sentido más amplio y no la refriega individual y egoísta, es la norma. Mariátegui y su socialismo indoamericano resuenan en los oídos cuatroteros.
Los creadores de PISA, dicen, no entienden esto. En la “nueva escuela mexicana” (NEM) es más importante que maestros y alumnos sepan discernir si son opresores u oprimidos a que aprendan matemáticas. Ellos, los europeos y los gringos, quieren nerds; la 4T quiere un pueblo con conciencia de clase. Este es el mandato de Marx —del nuestro, el gran adalid justiciero dispuesto a luchar por su oficina hasta las últimas consecuencias— y ya no hay que disfrazarlo. Los niños emancipados lo agradecerán.
El problema de este modelo, más allá de ideologías, es que soslaya el hecho de que el mundo en el que los egresados de la NEM vivirán sigue siendo capitalista. Qué digo el mundo: México sigue siendo capitalista. Esos muchachos tendrán que trabajar en un entorno que exige competencia —en ambos sentidos de la palabra— y para ello necesitarán ser diestros en manejo de números y en lectura y escritura. Uno diría que también se requerirían esas monsergas en un entorno socialista, pero los perspicaces artífices de la NEM responderían que una vez que se llega a la tierra prometida esas herramientas se usan con otro criterio. Luego entonces se vale hundir en la incompetencia a los precursores del edén. Algo tienen que sacrificar los pioneros en aras de las generaciones por venir, esas sí venturosas.
Ni siquiera es necesario discutir las “bondades” del comunitarismo bucólico y del hombre nuevo. Lo que la 4T está haciendo es condenar a nuestra niñez a una futura disfuncionalidad laboral, a conformar comunidades más desiguales —a la postre almácigos de carencias y rezagos— que poco tendrán de solidarias y de felices. Aun si la maqueta del paraíso terrenal luce atractiva, su aspecto se tornará deplorable después de sumergirla en el ácido de la realidad. Y de las deformaciones y contrahechuras será responsable este gobierno. ¡Lero lero!