Nicaragua, el entuerto pendiente

Ciudad de México /
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Claudia Sheinbaum ha decidido desfacer algunos de los entuertos de la política exterior obradorista. Propició un acercamiento con España, adoptó una postura prudente en torno a las elecciones en Colombia y dio los pasos necesarios para el restablecimiento de las relaciones con Perú, por ejemplo. En esos casos su posición fue menos ideológica y más pragmática o, mejor dicho, menos proclive a las fobias que su antecesor disfrazó de principios. Enhorabuena.

Pero hay un lugar en América Latina respecto del cual la Presidenta, a juicio mío, debería reducir la dosis de pragmatismo y aumentar la de “principismo”. Me refiero a Nicaragua. Se dice que los radicales de Morena le aconsejan hacerse de la vista gorda ante las atrocidades, cada una mayor que la anterior, del “camarada” Daniel Ortega, quien ha reprimido brutalmente a la gente que ha protestado contra su gobierno, clausurado medios independientes, encarcelado críticos, desterrado y desnacionalizado líderes opositores y ha declarado que ya no habrá elecciones para que sus enemigos no intenten “atrapar el gobierno y el poder”. ¿Lo hará?

El mundo está inmerso en graves conflictos internacionales y no pone atención a un pequeño país desgarrado por una gran tiranía. Pero ya es hora de voltear a verlo y de respaldar a la sociedad nicaragüense, y la izquierda latinoamericana que se dice democrática es la primera obligada a alzar la voz. ¿No se presentó Ortega en sus primeras bregas electorales como un demócrata respetuoso de los derechos de sus ciudadanos? ¿Ahora resulta que sus credenciales como comandante de la revolución sandinista han trocado en patente de corso para cambiar a Sandino por Artemio Cruz y cometer cualquier barbaridad?

No aludo a los remisos del estalinismo, claro, sino a quienes desecharon el mantra de la dictadura del proletariado para abrazar la democracia que preconiza el pluralismo. ¿No les da vergüenza callar ante las atrocidades que comete el déspota de Nicaragua? Salvo Mujica y Lacalle, en su momento, junto con Boric y recientemente Lula, los gobiernos izquierdistas de América Latina han guardado un ominoso silencio o, peor aún, han avalado la satrapía. La auparon la Venezuela de Chávez y Maduro, la Argentina de Kirchner y Fernández, el Perú de Castillo, la Bolivia de Evo y Arce, la Colombia de Petro y, por supuesto, la Cuba de los Castro y Díaz Canel. ¿Y el México de la 4T, que López Obrador presumía como liberal? ¿Nada va a decir Sheinbaum sobre las flagrantes violaciones a la libertad de expresión y a los derechos humanos de los nicaragüenses, ni siquiera para contrarrestar la idea de que el ánimo de censura ronda su gobierno? ¿Va a emular la izquierda democrática de Uruguay, Chile y Brasil o va a decantarse por el populismo de los perdedores?

El pragmatismo, en buena tesis, no excluye principios: los encauza. Y si el resguardo de la dignidad de los pueblos es algo más que un eslogan, si de veras se quiere combatir la opresión y defender a los oprimidos, he aquí la oportunidad de demostrarlo. ¿En Perú, Bolivia y Ecuador se esgrime la solidaridad y en Nicaragua el pretexto de la no intervención? Hago votos por la rectificación del gobierno mexicano. Si ya se hizo en otros casos, ¿por qué no en este también? Nunca es tarde para desfacer entuertos.


  • Agustín Basave
  • Mexicano regio. Escritor, politólogo. Profesor de la @UDEM. Fanático del futbol (@Rayados) y del box (émulos de JC Chávez). / Escribe todos los lunes su columna El cajón del filoneísmo.
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