Recordando a Colosio

Ciudad de México /

Hoy se cumplen 32 años del asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta. En estas tres décadas he publicado tantos artículos sobre él que, la verdad sea dicha, me resulta difícil decir algo más. Permítaseme entonces recordarlo con cuatro viñetas de antaño. Son fragmentos de textos que escribí en homenaje a quien fuera mi jefe y amigo, palabras dichas con el corazón en la mano.

Donaldo […] no era un político natural de esos que encarnan la tenebra perpetua, de los que se grillan a sus amigos, a su familia y hasta a sí mismos cuando se ven en el espejo. Era un hombre que aprendió a hacer política, a mover las piezas en el tablero de ajedrez y a ejercer su don de mando, pero que apagaba ese chip al acercarse a la gente o al entrar al ámbito de sus afectos. Si bien quería ser presidente, ni más ni menos, trascendía el afán de poder por el poder mismo porque tenía otras aspiraciones en la vida, y eso hacía una gran diferencia. Por eso y porque su pragmatismo no canceló sus ideales, rechazó el juego sucio. Y por eso sufrió las consecuencias y acabó siendo, para decirlo con sus propias palabras, “víctima de las perversidades del sistema” […] Recuerdo y atesoro una frase que me expresó alguna vez, con el desasosiego de su dilema a cuestas: “quiero que el partido gane, chingao, pero sé que por el bien de México algún día tiene que perder”.  De “La razón de una vida y la sinrazón de una muerte”, en Colosio: el futuro que no fue, Ed. Proceso, 2014.

Como he escrito en otra parte, el mejor homenaje que se le puede hacer a un gran hombre es demostrar que fue grande sin dejar de ser hombre. Colosio no fue un santo ni un funcionario perfecto; fue una persona que no concibió el poder como botín ni como intriga, lo cual lo hizo una rara avis en nuestra politiquería. De “Colosio: veinte años no es nada”, en El Universal, 20/03/14.

A ti te arrebataron la vida y a mí me dejaron sin aire. A la fecha respiro hondo, especialmente en marzo, para recordar lo que fue y para imaginar lo que no pudo ser. Pero aquí tengo la memoria y la imaginación, y por ahí anda Donaldo II para evocarte. De “Las cartas de Colosio”, en Milenio, 18/03/24.

Si algo hubo de ingenuidad en la desventura de Colosio, él la pagó con su sangre y México con el envilecimiento de la continuidad. De “Colosio para principiantes”, en Excélsior, 23/03/09.

Cierro con una reflexión en torno a estas citas. El común denominador de los testimonios de quienes conocimos a Donaldo puede cifrarse en una palabra: bonhomía. Hasta el otrora subcomandante Marcos, presto a tachar de corruptos y perversos a los políticos mexicanos, lo describió en una entrevista con Diego Enrique Osorno como un boyscout en busca de la obra buena del día (1994, Netflix). Pero atención: atribuir torpeza al bienintencionado no deja de ser un prejuicio. Los politólogos que creen que esa cualidad humana es un defecto político —según su particular lectura de Maquiavelo ser desalmado es requisito para gobernar bien— deberían repasar la historia de México. La inmensa mayoría de nuestros gobernantes ha tenido déficit de alma y superávit de perversidad y nuestro país es un desastre.

Recordemos a Colosio, no olvidemos lo sucedido el 23 de marzo de 1994. Una sociedad de memoria corta es una sociedad de transiciones largas. O fallidas... 


  • Agustín Basave
  • Mexicano regio. Escritor, politólogo. Profesor de la @UDEM. Fanático del futbol (@Rayados) y del box (émulos de JC Chávez). / Escribe todos los lunes su columna El cajón del filoneísmo.
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