'Tata' Martino, el desmotivador

El cajón del filoneísmo

Agustín Basave

Agustín Basave
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La selección mexicana de futbol, que nunca ha sido una potencia mundial, enfrenta hoy una situación más difícil que en las antesalas de otros Copas del Mundo. Nuestras estrellas ofensivas pasan por un mal momento, en algunos casos por lesiones y en otros por ocaso generacional. Raúl Jiménez, Hirving Lozano y Jesús Corona, que estaban triunfando en Europa, no se han recuperado mental o físicamente; Carlos Vela y Javier Hernández, que migraron a la MLS, están fuera de la convocatoria. Por lo demás, los descalabros sufridos en los últimos partidos de preparación han provocado un ambiente de desánimo y pesimismo entre los jugadores y la afición.

El problema es que el director técnico de México, lejos de contrarrestar esa crisis de plantel, la agudiza. La trayectoria de Gerardo Martino, si bien lo avala como un estratega conocedor y experimentado, también marca una constante en sus proyectos futbolísticos: empieza bien y termina mal. Esa tendencia declinante se repite en su trabajo como timonel del equipo mexicano, y se expresa hoy en su actitud de fastidio. Pareciera que está harto de las quejas en su contra, que no le disgustaría que lo corrieran y que eso le ha despertado una súbita franqueza para criticar los vicios de la Femexfut, una crítica que muchos compartimos pero que nos habría gustado escucharle antes. Y lo más grave: en sus ausencias y en no pocas declaraciones a los medios muestra un desprecio por nuestro futbol que pasa del realismo a una suerte de resignación a la derrota. No tenemos con qué competir en Qatar, insinúa; aceptémoslo.

Ante la debilidad provocada por la falta de futbolistas de clase mundial en plenitud, lo que se necesita en la Dirección Técnica es un motivador, no un desmotivador. Deberíamos tener ahí a alguien que, en vez de preparar a sus pupilos para no ser goleados, al menos estimule su ambición, su pundonor y su garra en la cancha. Pero tenemos al Tata, quien parece incapaz de compensar la carencia de variantes tácticas, la de él, con la capacidad para extraer lo mejor de cada uno de ellos. Por lo demás, ¿qué puede sentir el grupo cuando “el profe” prefiere ver un partido de Argentina que asistir a su entrenamiento? En fin. Yo esperaría también que, ante la escasez de delanteros, el señor estuviera dispuesto a tragarse su orgullo, a traer al Chicharito y a dedicar la energía que canaliza a su país a convencer a Vela de volver al Tri; no resolverían todo pero, dadas las condiciones, ayudarían mucho. Si tuviera a Mbappé y a Haaland podría darse el lujo de desdeñar a esos dos mexicanos de la MLS bajo los argumentos -con los que, dicho sea de paso, coincido- de que jugar en la selección es un privilegio y el ruego para ser convocado no debería partir del entrenador, y de que un jugador que mete ruido al vestidor debe tomar la iniciativa para arreglarlo. Pero Martino, tan realista y pragmático en su diagnóstico de la precariedad de México frente a la élite futbolística internacional, se vuelve dogmático y derrocha dignidad a la hora de (no) hacer su trabajo para recuperar a futbolistas que un equipo con déficit ofensivo necesita desesperadamente.

Sí, ya sé que no vamos a cambiar de técnico, que es demasiado tarde. Lástima. Los directivos mexicanos fueron muy exigentes e impacientes con Hugo Sánchez y con Víctor Manuel Vucetich, por ejemplo, mientras que para Osorio y Martino les sobró y les sobra paciencia y comprensión. Allá ellos y su rendición de cuentas. Yo, por mi parte, ya hago acopio de realismo pesimista para no desilusionarme y no sufrir de más cuando nuestra selección nacional inicie su camino mundialista en noviembre. En eso, por cierto, sí me ayuda el talante de Gerardo el Tata Martino.

Agustín Basave

Twitter: @abasave

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