Tesla: Nuevo León tiene otros datos

Ciudad de México /

La génesis de la megaplanta que Tesla construirá en Santa Catarina da para un versátil caso de estudio. A los politólogos nos serviría para ilustrar la concentración del poder en México y el estilo personal de gobernar del presidente López Obrador; a los economistas para analizar la prevalencia de la globalización del capital. Veamos.

Se podría leer en el affaire que, sagazmente, AMLO lo ideó todo desde el principio. En cuanto vio que el plan de Elon Musk —quien, dicho sea de paso, no es santo de mi devoción— llevaba tiempo cocinándose, y que la medalla se la iba a colgar el gobernador de Nuevo León, habría amenazado con vetarlo bajo el pretexto del agua —ese tipo de fábricas no la requieren en demasía— para forzar a Musk a negociar con él, gestionar futuras inversiones cerca del aeropuerto Felipe Ángeles o en el sureste del país y, al final, dar luz verde al proyecto nuevoleonés y vestirse de héroe. El viejo truco de crear un problema para luego resolverlo. Esta lectura, si bien exagera los alcances de la prospectiva de AMLO, muestra correctamente el poderío de nuestra Presidencia: la trama sería impensable en el primer mundo.

Yo creo, sin embargo, que las cosas se dieron con una menor dosis de premeditación. AMLO es un hombre que se mueve temperamental e instintivamente y sobre la marcha le saca provecho a sus pulsiones. Por ejemplo, su beligerancia no emana del cálculo, como algunos suponen, sino de su personalidad. Su discurso pendenciero ha sido siempre el mismo; en 2006 y 2012 no fue electoralmente rentable, pero le dio réditos suficientes en 2018, cuando la mayoría de los mexicanos ya estaba enojada. Él no adaptó su estrategia a la realidad, como he dicho antes, sino que la realidad se adaptó a su estrategia. Por eso estoy convencido de que el primer capítulo de la serie Tesla nació de una filia y una fobia —la preferencia de AMLO por el sureste de México y su antipatía por la cultura empresarial nuevoleonesa— y de su impulso visceral de salvar la mala apuesta del AIFA. Aquí se aprecia su inclinación voluntarista por las decisiones casuísticas y discrecionales. Sancho en la ínsula Barataria.

También creo que tras de su manotazo en la mesa surgió la idea de acercarse a Musk y avalar el proyecto original. Al hacerlo AMLO demostró que no traga lumbre, aunque la escupa todos los días. Cuando se le advirtió que de no hacerse en Nuevo León la planta se iría a otro país, se mordió su orgullo y aceptó avalarla. Quien había dicho que nadie le pone condiciones prefirió apechugar heroicamente a convertirse en el villano que espantó por sus purititas pistolas una inversión de ese tamaño. Aquí aparece en escena, nos guste o no, el resiliente músculo de la empresa transnacional, capaz de imponerse incluso al populismo. Globalidad pura y dura, vivita y coleando.

Creo, en suma, que AMLO actuó por instinto y después maniobró: fiel a su estilo, ya entrado en gastos capitalizó la coyuntura. En todo caso, como haya sido, celebro que en el fuero interno del Presidente haya triunfado la sensatez y felicito al gobernador por salirse con la suya, porque es la nuestra, la de los nuevoleoneses. AMLO piensa que el “aspiracionismo” es dañino para la sociedad, y que el petróleo es la palanca del desarrollo. Nuevo León tiene otros datos. 

@abasave

  • Agustín Basave
  • Mexicano regio. Escritor, politólogo. Profesor de la @UDEM. Fanático del futbol (@Rayados) y del box (émulos de JC Chávez). / Escribe todos los lunes su columna El cajón del filoneísmo.
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