Washington: una visita y diez lecciones

Ciudad de México /

1) Un estadista reconoce sus limitaciones. La política exterior no es lo suyo y AMLO debe hacer acopio de sensatez —pedirle humildad sería demasiado— para asesorarse de quienes sí saben.

2) La asesoría ha de ir del formalismo protocolario —que en diplomacia no es “obsesión monárquica” sino una mensajería simbólica, engorrosa pero necesaria— a los temas de fondo, estratégicos y tácticos. La negociación con una superpotencia no puede sustentarse en ocurrencias, por más que AMLO esté en posición de fuerza y Joe Biden de debilidad.

3) La verdadera “obsesión monárquica” es insistir en que la relación con una democracia tan compleja como la de Estados Unidos se reduzca al diálogo entre los dos presidentes. Es un grave error desairar al Congreso, a los medios y a los think tanks, y es un despropósito creer que los legisladores del partido en el poder de allá son tan sumisos como los de acá, quienes se limitan a obedecer a un monarca presidencial que —proclaman— encarna a la nación.

4) La indefendible defensa de AMLO a Donald Trump debería terminar pronto: elogiarlo a él y condenar las posturas antiinmigrantes de Greg Abbott et al es morderse la lengua. El gobernador de Texas y sus similares son émulos del trumpismo, meros repetidores de las consignas racistas —particularmente antimexicanas— que Trump patentó entre los republicanos de hoy.

5) Toda acción hostil suscita una reacción hostil. No se puede menospreciar a senadores y congresistas y a la prensa y esperar buen trato de su parte. Bastantes enemigos gratuitos hay en el mundo para empeñarse en tener más.

6) Grillarse a un embajador es útil pero insuficiente, especialmente cuando los problemas no están en la Casa Blanca. De nuevo: a quienes AMLO tiene que ganarse es a otros actores que allá sí cuentan y a los que ha ignorado, si no es que insultado.

7) Es ingenuo creer que, por ser “una buena persona”, quien gobierna a Estados Unidos es políticamente torpe. Sin infundirle miedo a AMLO como hizo Trump, Biden ha logrado que México siga haciendo el trabajo sucio en la migración, que invierta más en infraestructura fronteriza y quizá que capture al capo de su elección. A cambio de hacer oídos sordos a las quejas de algunas empresas y a la bravuconada nuestra de cada día —con todo y desmonte de la estatua de la libertad— Joe Biden le saca a AMLO lo que quiere. Le deja la retórica de la bravura y se queda con los hechos de la asimetría. AMLO es muy astuto, sin duda, pero en este caso habría que ver de qué lado ha estado la sagacidad.

8) La insustancialidad del encuentro representa el primer cobro de facturas a AMLO —sutil pero inequívoco— por su ausencia y por su labor de zapa en torno a la Cumbre de Los Ángeles. Tuvo que aceptar mala fecha y agenda ajena.

9) A los paisanos migrantes hay que dedicarles algo más que palabras bonitas. Hace dos años AMLO los agravió al hacerle un acto de campaña en la Casa Blanca al presidente que más los ha insultado y maltratado, y en esta nueva visita se negó, una vez más, a reunirse con las organizaciones de paisanos.

10) No todo el neoliberalismo es malo para AMLO: el libre comercio, prescrito en los diez mandamientos neoliberales del Consenso de Washington, es su gran prioridad. ¿Qué sería de la economía mexicana sin el TMEC? 

@abasave

  • Agustín Basave
  • Mexicano regio. Escritor, politólogo. Profesor de la @UDEM. Fanático del futbol (@Rayados) y del box (émulos de JC Chávez). / Escribe todos los lunes su columna El cajón del filoneísmo.
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