Xóchitl: la hazaña de morder la manzana

Ciudad de México /

La contienda por la Presidencia de México iniciará con un electorado dividido a tercios. Uno lo tiene Claudia Sheinbaum, otro Xóchitl Gálvez y el restante es la manzana de la discordia que ambas intentarán morder. Huelga explicar que no se trata de porciones de idéntico tamaño. Tomemos para ilustrar el punto una cifra que no varía significativamente en las mediciones: en el 60% de mexicanos que aprueba al presidente López Obrador están tanto el voto duro morenista que se transferirá sin mermas a Claudia Sheinbaum -su tercio- como el voto blando obradorista que probablemente se repartirá y del cual solo un pedazo acabará en sus alforjas. Hoy Claudia cuenta con el apoyo de todos los incondicionales y de la mayoría de los switchers porque es la única abanderada que ven, pero las cosas pueden cambiar a medida que conozcan a Xóchitl.

Ese segmento de la población será la clave de la elección de 2024. Para que Gálvez le dé un buen mordisco y lo sume a su tercio, sin embargo, no debe aparecer como una hater de AMLO, porque se trata de gente que aprecia al presidente. Yo lo he dicho en este espacio y ella lo sabe bien: a esos electores les repele el discurso que tan buenos resultados da entre la clase media, ávida de reivindicación contra los escupitajos de AMLO; no quieren esgrima verbal: ansían creer que la violencia cesará, que México será una mejor casa para todos. Anhelan empatía. Ella tiene que darse a conocer abajo y seducir a simpatizantes -no fanáticos- de la 4T. La estrategia ya la tiene, solo falta implementarla: reconciliación y esperanza.

Claro, no es fácil transmitir esas ideas-fuerza cuando se tiene que defender sola de un bombardeo diario. Pero si alguien tiene la entereza para enfrentar la brutal embestida es Xóchitl Gálvez. Y es que, en efecto, las campañas de las dos virtuales candidatas se asemejarán a las de los últimos años del viejo sistema político mexicano. Será una lucha de David contra Goliat, un choque entre oposición y oficialismo, entre la inconformidad de la sociedad civil y el aparato de Estado con sus clientelas en ristre. Por eso Xóchitl ha de agarrar la honda, sí, pero para lanzar, además de piedras, ofrendas.

La contienda electoral será terriblemente ríspida. No veremos la ecuanimidad, la cautela para no equivocarse de quien lleva una amplia ventaja y sabe que sus contrincantes no la pueden alcanzar, como ocurrió con Sheinbaum en la travesía en aguas calmas de la disputa interna de Morena. Presenciaremos la arremetida salvaje del ejército de la puntera comandada por su comandante, un lance movido por el temor a ser rebasados: Claudia proyectará una imagen de mesura mientras AMLO acopia y dispara la inmundicia de una guerra sucia como la que él padeció en 2006.

Con todo, no es eso lo más grave. El gran problema es que el PAN, el PRD y sobre todo el PRI no acaban de aceptar a Xóchitl Gálvez porque no les garantiza cuidar sus intereses. Cuando a una se le cae el Metro dirigentes, legisladores y gobernadores salen a defenderla; cuando a la otra la alcanza el fuego amigo del plagio reina el silencio. Es toda una hazaña la que Xóchitl requiere realizar, sin duda, pero se equivocan quienes piensan que no es la candidata idónea para morder la manzana. Ella es la única esperanza de la oposición.


  • Agustín Basave
  • Mexicano regio. Escritor, politólogo. Profesor de la @UDEM. Fanático del futbol (@Rayados) y del box (émulos de JC Chávez). / Escribe todos los lunes su columna El cajón del filoneísmo.
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