Hidalgo carga una rareza histórica: es de las entidaes que nunca han tenido una gobernadora, pese a décadas de alternancias y modernización institucional. Y esa ausencia ya no es un detalle anecdótico: es un vacío de representación que se siente en la conversación pública, en las oportunidades y —sobre todo— en la legitimidad.
No se trata de suponer que, por ser mujer, alguien gobernará “mejor” por naturaleza. Eso sería simplista. Se trata de entender que la política también es arquitectura de incentivos, y que la diversidad en el poder cambia prioridades, estilos de negociación y formas de rendición de cuentas.
Hay otro punto que en Hidalgo pesa: gobernar no es solo administrar, es recomponer confianzas. Cuando una sociedad ve que los cargos más altos siempre se reparten entre hombres, se instala la sensación de “club cerrado”. Romper ese patrón con una mujer en la gubernatura no solo abre la puerta a más liderazgos —también manda una señal concreta: aquí el poder no tiene género predeterminado.
Además, hay evidencia útil para quienes piden resultados, no símbolos.
Organismos como International IDEA han documentado que el obstáculo ya no es tanto “si la gente votaría por una mujer”, sino el ecosistema que les permite competir y gobernar sin violencia política, sabotaje o linchamiento digital.
Ahora: ¿por qué tendría sentido independientemente de si el periodo es corto o largo? Porque el primer gran efecto no es el tiempo, es el precedente. Una gubernatura encabezada por una mujer —sea de dos o cinco años— reconfigura de inmediato tres cosas: 1) el tipo de conversaciones que entran a la agenda con seriedad (cuidados, seguridad cotidiana, salud, violencia de género, economía familiar), 2) el mapa de talentos en el servicio público (más cuadros femeninos compitiendo por áreas estratégicas) y 3) el estándar cultural en municipios y regiones donde aún se duda de la autoridad cuando habla en voz femenina.
Hidalgo necesita una gobernadora por una razón simple y potente: porque la democracia no solo cuenta votos, también cuenta historias.