En las artes visuales las obras en blanco y negro han tenido por lo general un sesgo de dramatismo, pero también de sobriedad. Véase, por ejemplo, el llamado Cine Negro o las magníficas obras de una larga trayectoria de la fotografía, desde sus inicios hasta la adición del color; la introducción de este elemento dio lugar, durante mucho tiempo, a discusiones sobre si las fotos a color eran o no arte, aunque finalmente se impuso el color a plenitud.
En lo concerniente al grabado, su devenir fue en sentido contrario: durante centurias fue considerado una técnica accesoria para divulgar famosas obras al óleo.
Precisamente porque no existía la fotografía se hacía su transducción a la gráfica.
Por todo el orbe circulaban catálogos con grabados, excelentemente realizados, muchos de ellos, para promover la obra de famosos artistas. Más adelante la gráfica brillaría como arte por sus propios logros.
Otra de las vetas primigenias de la gráfica (que sigue teniendo sentido) fue la de generar imágenes multireproducibles cuyo bajo costo las hacía accesibles a las más diversas clases sociales (y esto ocurrió desde el siglo XVI, mucho antes de las tesis de Walter Benjamin sobre el arte en la era de la reproductibilidad técnica).
En ese tenor, los grabados cumplían diversas tareas o propósitos, tanto evangelizadores como críticos. Ejemplo de lo primero son los misales, diversos impresos para divulgar el catecismo y ediciones de la Biblia (de lujo, como la de Gustave Doré, 1865, o de la Vulgata de Amberes, 1715).
Ejemplo de lo segundo, Passional Christi un Antichristi, libro de xilografías de Lucas Cranach el Viejo, 1521, donde su autor compara trece pares de imágenes yuxtaponiendo la vida de lujos del Papa con la vida humilde de Jesús, idóneo instrumento propagandístico del luterianismo.
Para no ir tan lejos, en el México de finales del siglo XIX destacaron grabadores como Miguel Pacheco, Luis G. Campa, Sebastián C. Navalón, Cayetano Ocampo y los destacadísimos Manuel Manilla y Guadalupe Posada.
Para estos últimos, como para aquellos que mencioné antes, el grabado fue el medio idóneo para tocar y trastocar diversos temas: religiosos -como ya indiqué-, vida cotidiana, sucesos históricos, política, nota roja, estudios de flora, fauna y paisajes, fantasía (las calaveras de Manilla y Posada), etc.
Por otra parte, el arte gráfico en el México del siglo XX, por señalar sólo un rasgo, es abrumador por la calidad de las y los artistas que trabajaron en el Taller de la Gráfica Popular (TGP).
Por nada debe extrañar, entonces, el interés y la fuerza de atracción que genera la obra de Mack Doselementos, quien inauguró su muestra Imackginario Gráfico en el Museo Regional de La Laguna, Murel.
Un sintético e-flayer, con el sol y la luna (alusión al día y la noche, al blanco y al negro, a su hijo y a su hija) le sirvió para promocionar su séptima exhibición individual. La exposición sólo presenta una muestra de su vasta producción realizada entre 2008 y 2025.
Por lo anterior, el espectador debe, de alguna manera, estar atento a las fechas de las obras para advertir la maduración de su arte gráfico y el calado de sus contenidos.
Desde que conocí a Mack me llamó mucho la atención su trayectoria plástica y los temas que despliega.
En lo primero, su trabajo es un ejemplo más de que el arte no sólo ocurre en los museos y galerías, sino en la calle, entre el polvo, el tráfico, el riesgo y el sol.
No solamente practicó el grafiti, sino que convirtió a su Crew en uno de los más importantes de La Laguna desarrollando, en paralelo, un interesante trabajo comunitario cuyo propósito fue emplear el arte (grafiti, breakdance, hip-hop y rap) para rescatar a muchos jóvenes de la delincuencia y las drogas; en muchos casos lo consiguió.
Cabe mencionar, de pasada, que con esa experiencia de calle y activismo que tiene Mack Doselementos, quizá no calculó que su instalación Fuck ICE carecería de efectividad por estar fuera de lugar; ganaría impacto si la hubiera pensado para la calle, con esténciles, stickers o, incluso, en camisetas; en un museo, viene siendo lo de menos, por muy interesante que sea: un prisma rectangular horizontal cubierto con banderitas de EEUU sobre espejos, dejando espacios sin cubrir para dar a leer ese lema que se utiliza para repudiar las violentas acciones del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) de los Estados Unidos, adosado con un tendedero con cráneos calados, hechos en papel de china negro, donde se lee la misma consigna en sus frentes.
En lo que concierne a lo segundo, sus temas, iré desmenuzando algunos de ellos en lo que sigue.
Me atrajo mucho su serie sobre el virus SARS-CoV-2, causante del COVID-19 que azotó al mundo entero entre 2019 y 2023 (su serie Mis días breves, Covid – 19).
Se trata, ciertamente, de dibujos hechos con tinta negra, no de grabados, pero que a primera vista lo parecen, por su trazo y sobriedad.
En esas piezas, el autor no sólo nos muestra que no le tiene miedo a la simetría (que se repite constantemente) sino que por ella crea imágenes emblemáticas como Infancia interrumpida, del 2020, en la que resume los años de vida y educación perdidos por las infancias en ese patético periodo, durante el cual permanecieron encerrados.
En contraste, visto a la distancia y a juzgar por los resultados de la política de salud del gobierno anterior, su San Gatell de Covid, también de 2020, me parece un homenaje inmerecido a un epidemiólogo que desde el principio de la emergencia sanitaria desestimó la gravedad del virus (cuestionando la utilidad del cubrebocas), se le vio “echando novio” en la playa durante el periodo más grave y cuyos resultados se resumen en un exceso de muertes por mal manejo de la pandemia (de 800 mil, 200 mil no debieron fallecer); los saldos del llamado “Dr. Muerte” son patéticos:
México fue el país donde murió el mayor número de personal médico, se maquillaron las cifras a cual más y de remate, se presentó una desfasada vacuna “nacional” llamada Patria en 2024 (pasada la emergencia), que aún en 2025 no llegaba a los centros de salud y hospitales.
Homenaje justificado, el que rinde Mack al personal de salud con piezas como Santa Silvia de la Cruz Roja y Santa Laura de IMSS, ambas de 2020.
Llama la atención, por otra parte, la capacidad de Mack para pasar de las impresiones gráficas minúsculas (Transgénicos, Fertilizantes, Pesticidas y Arsénico (de 2014), minigrafías de 2.4 x 3.4 cm. de estampa, donde sutura símbolos de esos elementos con símbolos humanos de muerte, como cráneos, hilvanando narrativamente causa y consecuencia; recuérdese que Mack es biólogo) a la gigantografía donde lucen peces (120 x 240 cm., 2025), seres fantásticos -Sirenia (124 x 235 cm., 2023)- y personajes típicos de las calles de la Comarca Lagunera, como Carlos y Pancholín (269 x 123 cm., 2024).
Y aludiendo asimismo a las calles de la Comarca, también hay, perdida un poco entre otras tantas obras, una pequeña pieza que se refiere al periodo de intensa violencia que padeció La Laguna en la segunda década del siglo XXI; con un título inocuo, No anunciar (2011), vemos un grabado realizado en aguafuerte y aguatinta. De primer vistazo se vislumbra un bajopuente.
Percibiendo la imagen de derecha a izquierda, muestra el texto que da título a la obra (“No anunciar”), enseguida, advertimos un grafiti decorativo, al centro de la imagen, y a la izquierda un cadáver colgado de cabeza, chorreando sangre, con un correspondiente color rojo.
Como se aprecia en este caso, si bien en las piezas expuestas predomina el blanco y el negro, Mack no rehúye al color, pero lo utiliza de manera mesurada, elegante y a veces diáfano.
Destacan como ejemplo, los peces, ya referidos; Naza, de 2024, una colografía y litografía de suaves turquesa y ocre, con mucha textura visual; y las monocromías donde plasma la agreste vegetación de la estepa Lagunera: Guapilla, Noa y Lechuguilla, pequeñas piezas realizadas entre 2009 y 2010.
En la obra de Mack Doselementos se advierte, constantemente, la intención de rastrear (y de crear) símbolos visuales de identidad regional: basado en la vegetación, la fauna, los personajes, los hechos y los despojos de la historia humana en esta árida zona. Desde luego, no es el único artista lagunero ocupado en ello, pero lo ha hecho indagando y a veces creando leyendas rurales y urbanas.
Interesante juego retórico, alusivo a las diversas gentes de la región, es aquél que hace al titular una de sus obras Todos somos harina del mismo costal, de 2023, en la que nos presenta, ampliado, lo que era un imagotipo (imagen y texto) de la Compañía Harinera de Torreón, S.A., que figuraba en las hojas membretadas de la empresa; ahí también vemos color: azul y rojo. Cabe recordar que Mack es coordinador de las actividades del Centro Cultural Antigua Harinera y fue ahí donde encontró una hoja de papel con ese membrete.
De radiante fuerza es, a mi parecer, la gigantografía Trascender La Laguna I, de 2023 (194 x 133 cm.), una impresionante estampa donde vemos que de un cráneo surge una noa, pero también muerta, seca.
Metáfora de algo que señalé antes: despojos del paso del ser humano por la laguna (recordemos que la noa es un agave endémico en peligro de extinción).
El mismo autor anota en la ficha técnica (cosa curiosa: casi todas ellas tienen anotaciones) que se trata de restos de vida; parafraseando lo escrito por él, añade que, pese a ello, el humano sigue y sigue, aunque perjudique su entorno y la vida silvestre.
En fin, en esa búsqueda de signos de identidad, Mack recurre a plasmar personajes que se han vuelto emblemáticos de la región: Armando Fuentes Aguirre “Catón”, Pilar Rioja, Carlos y Pancholín (estos últimos ya mencionados), con altas y bajas en la calidad plástica de las obras.
Las tres alusivas a Pilar Rioja son las menos logradas (Diseños para Pilar Rioja, 2018), tienen un dejo o tufo de foto de revista de los años cincuenta del siglo pasado con una técnica de aerosoles y esténcil un tanto toscos.
Más lograda, diría sobresaliente, La espera, de 2025, linograbado inspirado en Rebeca Méndez Jiménez “La loca del muelle de San Blas” (87 x 68 cm.), donde vemos una figura humana sugerida por una especie de manglares.
Ella, por lo que se lee en el texto, no es un personaje de la Comarca Lagunera, pero es muestra de que, como sabemos, Mack Doselementos ha itinerado por varios talleres en distintas ciudades del país, haciendo y enseñando gráfica.
Hay muchas más obras y series por ver en esta exposición individual Imackginario Gráfico (en total 77 obras), que nos presenta este interesante e inquieto artista, activista y biólogo, en el Museo Regional de La Laguna, Murel, desde el 16 de abril hasta el 14 de junio de 2026.
[1] Académico del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información de Artes Plásticas (Cenidiap) del INBAL.