Antes que el propio Congreso del estado pudiera legislarlo, entre el gobierno y los empresarios adheridos a la Coparmex se vivió un verdadero parlamento abierto, donde se pudieron dirimir las diferencias y encausar la rivalidad hacia un nuevo rumbo donde la comunicación y la sinergia serán el plato fuerte de un pacto que busca reconquistar el bien de Puebla.
La toma de protesta de Rubén Furlong como nuevo presidente de la Coparmex en Puebla marcará, sin lugar a dudas, el comienzo de una relación de altura, madura y con miras a encontrar acuerdos que permitan a la entidad sacar adelante el desarrollo económico en un momento donde la economía nacional pasa por una crisis y donde se debe entender que solo en unidad, los estragos serán “menos piores”.
En los discursos del gobernador Miguel Barbosa; del presidente nacional de la Coparmex, José Medina Mora; del presidente entrante, Rubén Furlong; y hasta del líder saliente, Fernando Treviño, se permitió reivindicar las reglas poniendo sobre la mesa -todos- reclamos del pasado y después, proponiendo soluciones para el presente y el futuro a corto y mediano plazo.
Si los interlocutores lograron entenderlo, viene una nueva relación entre el gobierno y los generadores de inversión y empleo.
Si no, entonces viene por delante una nueva guerra fría.
El gobernador Barbosa fue claro al señalar que la corrupción y los privilegios no caben en su gobierno.
Los empresarios expresaron que su contribución es vital para la reactivación de la economía.
La sensatez, la prudencia y la libertad de expresión serán claves para lo que venga por delante.
Por lo pronto, la llegada de Rubén Furlong pinta para bien porque demostró ser inteligente, visionario y empático ante los nuevos tiempos que vive Puebla, el país y el mundo.
Tendrá el reto de sacudirse a los patrones del yunque, porque ha quedado demostrado que las visiones extremistas, de poco ayudan a la nueva realidad.
Alberto Rueda
@AlbertoRuedaE