Fuentes bien informadas me confirmaron que en los próximos días, Sergio Salomón Céspedes Peregrina podría convertirse en el nuevo Secretario de Gobernación. No sería un relevo cualquiera pues la designación coincidiría con el inminente fracaso de la reforma electoral. Una reforma que nació debilitada y que hoy agoniza en el Congreso. El PT no la votará y el PVEM, a pesar que esta dudando, al final irá en contra. El PRI y el PAN, pero ni de locos. Sin aliados no hay mayoría y sin mayoría no hay reforma. Así de simple.
Pero como siempre, los fracasos siempre encuentran padrinos. El costo político recaería en Rosa Icela Rodríguez (ausente en los operativos que dieron muerte a El Mencho), en Ricardo Monreal como principal negociador en la Cámara de Diputados y en menor medida, en Ignacio Mier, quien, según los cercanos a los acuerdos, habría tenido menos margen de maniobra para convencer a los grupos parlamentarios, es decir, tendría una segunda oportunidad. El relevo en Gobernación sería una corrección estratégica, porque cuando una reforma presidencial fracasa, el problema no es legislativo, sino político. Y cuando el problema es político, se cambia al político.
Sergio Salomón ha demostrado disciplina, lealtad y capacidad de operación en momentos críticos. Lo que viene no es sólo un nombramiento, sino un ajuste interno y más aún, la confirmación de que la presidenta Claudia Sheinbaum busca hacerse de un grupo de su absoluta confianza, dejando de lado las herencias que le endosó López Obrador.
Es así como perdiendo gana, es decir, cumple con haber presentado la reforma, aunque no logre la mayoría calificada. Y como consecuencia, echa la culpa a los malos operadores obradoristas.
La pasada fue una semana positiva para Céspedes. El 24 de febrero estuvo muy cerca de la mandataria de la nación en el evento oficial del Día de la Bandera. El 25 acudió a la Cámara de Diputados para comenzar a cabildear la reforma para cambiar el marco legal de lo que será el Instituto de Movilidad Humana; y el viernes recibió el doctorado Honoris Causa por parte del Instituto Politécnico Nacional.
Nada mal para quien se apunta a ser el encargado de la política interna del país.