Crónica de una traición

Puebla /

Néstor Camarillo hizo lo que mejor sabe hacer: traicionar.

El hombre que debía su carrera política al impresentable Alejandro Alito Moreno; el que tenía como escudera fiel a Delfina Pozos; el que convencía a los suyos de aguantar dentro del hundido PRItanic… se largó sin avisar, como quien abandona la fiesta después de vaciar la botella y romper la vajilla.

Las señales estaban ahí. Primero, el coqueteo con el PT a través de Liz Sánchez, su compañera en el Senado; sin embargo, no logró convencerla, pero no le abrió la puerta. Luego, los guiños a los cabilderos de Morena, aquellos que sí estuvieron interesados en algún momento para lograr los votos en la Reforma Judicial, pero el interés había caducado. Después, buscó a Eduardo Rivera para ver si el PAN lo rescataba, aunque con las ofensas que había lanzado contra la militancia y el dirigente Mario Riestra, era más fácil que un chiva-hermano adoptara la playera del América.

Lo demás es cuento. Mentira que se peleaban por él y que todos los dirigentes buscaban convencerlo de sumarse a sus filas. ¿Quién querría cargar con un político desprestigiado y que hizo trampa para obtener su escaño, a punta de traiciones y verdades a medias, como su origen indígena?

Saltó antes de que el partido cayera al precipicio.

Lo adelanté desde el inicio de semana. Néstor encontró en Clemente Castañeda la rendija para colarse a Movimiento Ciudadano. Pero no da paso sin condición. Ya pedía controlar el partido en Puebla, lanzarse por la alcaldía capitalina en 2027 y hasta soñaba con la gubernatura en 2030. Nada menos.

Pero la realidad lo aterrizó rápido. Fedrha Suriano, dirigente estatal de MC, marcó distancia: “es una decisión legislativa, no mía”. En clave política: “no lo quiero en mi equipo”. Y Jorge Álvarez Máynez, líder nacional fosfo-fosfo, tampoco está feliz con la nueva adquisición. No olvida que Camarillo lo insultaba en redes, que le decía esquirol, borracho, y de paso se burlaba también de Samuel García y el propio Clemente.

Ayer, en la plenaria de MC, lo sentaron lejos de los verdaderos jugadores. Y el ex priista, como colegial desesperado, intentaba a toda costa acercarse a Máynez para tomarse la foto y presumirse como “capital político”. Nada más falso, pues en el PRI apenas administraba equipos imaginarios y difícilmente alguien lo seguirá ahora en su salto naranja.

Porque el que traiciona una vez, traiciona siempre.


  • Alberto Rueda
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