Cuando la Presidenta se siente en casa

Puebla /

La distancia entre Puebla y Palacio Nacional no se mide en kilómetros. Se mide en la cercanía, el tono y la confianza.

En la forma en que una presidenta mira a un gobernador y en lo que decide traer o no traer dentro del portafolio de decisiones.

Claudia Sheinbaum ha visitado Puebla diez veces desde diciembre de 2024, es decir, una gira cada mes y medio por territorio poblano.

Eso es un mensaje contundente.

En cada visita se le ve cómoda, suelta, como en casa. Como quien pisa terreno aliado y no tierra de compromisos incómodos. Como quien no viene a supervisar a un rebelde, sino a cobijar a un leal.

Porque Alejandro Armenta ya se colocó en el grupo de gobernadores que goza de la confianza presidencial.

Armenta es, paradójicamente, un gobernador que no nació del obradorismo puro. No fue parte del círculo íntimo. No fue de los que se formaron a la sombra del presidente López Obrador. Lo respetó, sí, pero no le perteneció.

La candidatura de Armenta fue una decisión de Sheinbaum.

Y desde entonces él ha operado con la disciplina del que sabe quién lo hizo gobernador.

No solo le ha sido eficaz. Le ha sido útil.

Y en política, la utilidad es lo que cuenta.

Y esta buena relación se traduce en recursos, obras, programas, respaldo y futuro.

Cuando el escritorio presidencial queda cerca, los beneficios llegan rápido.

Cuando queda lejos, los estados se vuelven lentos.

Puebla, hoy, parece estar del lado correcto del mapa, es decir, aquel donde la Presidenta se ve cómoda, analiza de forma estratégica y entiende que estar al lado de Armenta, le garantiza que su proyecto se consolide.

El ajuste viene

Después de la glosa, después del ritual de las comparecencias, después del desfile de cifras y discursos donde todos “van muy bien”, llega el momento en que el gobernador se queda a solas con la realidad para reconocer que no todos en su gobierno caminan parejo.

Alejandro Armenta se prepara para mover el gabinete. Ya lo está haciendo.

Y no por gusto, ni por renovación, ni menos fortalecimiento institucional, sino porque hay áreas que no están entregando los resultados que él necesita y el reloj no perdona.

En política, sustituir secretarios suele leerse como un fracaso, pero es al revés, ya que el verdadero fracaso es sostener a quien ya demostró que no puede.


  • Alberto Rueda
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