La reforma electoral nació muerta. Desde antes de que se presentara, ya se sabía que no tenía futuro. Los aliados del oficialismo como el PT y PVEM, jamás iban a votar una ley que los colocaba al borde del precipicio. Y del otro lado del tablero, PAN, PRI y Movimiento Ciudadano tampoco tenían incentivo alguno para rescatarla.
La presidenta Claudia Sheinbaum lo sabía y aún así decidió empujar la iniciativa. En política, cumplir la promesa de campaña también cuenta, aunque el final sea previsible.
La votación del miércoles en la Cámara de Diputados solo confirmó lo inevitable.
En Puebla, el guion se siguió al pie de la letra.
Los diputados petistas Toño López y Nora Merino votaron en contra, bajo la línea marcada por su dirigente, la senadora Liz Sánchez. Y desde el Partido Verde, Tony Gali López hizo exactamente lo mismo.
Para algunos observadores podría parecer una ruptura con el oficialismo.
Nada más lejos de la realidad.
En política, a veces perder es parte del acuerdo.
En los pasillos legislativos se comenta que el compromiso fue frenar la mayoría calificada y a cambio, asegurar la reelección rumbo a 2027. Una derrota que, para algunos, ya venía con premio incluido.
Crisis en el Congreso local
En el Congreso de Puebla algo terminó por estallar. La inconformidad llevaba meses acumulándose. Pero ahora ya salió a la superficie. Un grupo nutrido de diputados de distintos partidos ha comenzado a presionar al presidente del Poder Legislativo, Pável Gaspar, para que se busque un nuevo perfil que encabece la Secretaría General del Congreso, cargo que hoy lo ocupa Leopoldo de Lara.
Desde su llegada, varios legisladores consideraban que no tenía el perfil para conducir la compleja operación legislativa. Durante meses el malestar se mantuvo en privado.
Hasta los de Morena, como Graciela Palomares denunció que los proyectos legislativos dependen del humor del director jurídico, quien a su vez responde al Secretario General.
Y fue más allá pues lamentó que el talento y la capacidad de los diputados no se traduzcan en iniciativas aprobadas por la falta de compromiso de una sola persona.
La crítica no vino de la oposición. Vino desde el propio bloque de la 4T.
Lo que circula en los pasillos del Congreso ya no es simple inconformidad. Es hartazgo.