Lamentablemente México se ha convertido en un país donde a diario desaparecen personas.
Y reaparecer, cuando ocurre, a veces significa que lo que pasó fue peor de lo que imaginábamos.
Lo del académico de la Ibero, Leonardo Escobar, no puede tratarse como un episodio más en la fila interminable de historias que el país aprende a olvidar. No solo por quién es, ni por lo que representa, sino porque muestra al Estado como amenaza.
Porque lo que empieza a asomarse es una hipótesis gravísima, donde el académico asegura, habría sido víctima de una detención ilegal por parte de la Guardia Nacional, la misma que nos fue vendida como la solución a los problemas del país. La corporación que, en el discurso, iba a garantizar seguridad, legalidad y derechos humanos.
La que, en la práctica, se ha convertido para muchos en uniformes con poder y sin control.
De comprobarse, no es menor la historia del investigador, quien relata los hechos con ecuanimidad, sin estridencias, aunque por momentos genera más dudas que certezas. Y justo por eso pega más. Narra irregularidades que se cruzan como estafeta entre autoridades. Los policías del aeropuerto, policías de Apodaca, procedimientos que nadie documenta, traslados confusos y versiones que no cuadran.
La vieja fórmula mexicana es que cuando todos “intervinieron”, nadie se hace responsable.
Y mientras las instituciones se lavan las manos con burocracia, el ciudadano queda indefenso y expuesto.
Esto podría tratarse de una postal del país.
Un país donde el abuso de autoridad no es excepción, donde muchos hombres y mujeres de bien viven con temor de salir de casa y no regresar o regresar después de haber pasado por un infierno sin expediente.
El caso del académico de la Ibero exhibe algo que México no ha querido enfrentar con seriedad, como la normalización del atropello.
La pregunta central no es si fue o no fue la Guardia Nacional, sino cuántas veces sí ha sido y no hubo nombre, ni Ibero, ni presión pública.
Porque el escándalo no es la denuncia, sino que resulte creíble.
Ojalá este episodio no se archive en el cajón del “ya pasó”. Y ojalá que esta vez, las instituciones entiendan que la exigencia ciudadana es que se descubra la verdad, se dé con los responsables y que haya consecuencias.
Porque cuando el Estado se lleva a una persona sin explicación, eso no es seguridad.