El desprestigio como herramienta

Puebla /

En Morena ya comenzó la temporada de fingir pureza mientras se despedaza al compañero de al lado.

Todavía no arrancan formalmente las definiciones rumbo a 2027 y en Puebla ya se escucha el rechinar de dientes entre los grupos morenistas. Porque basta que desde Palacio Nacional o desde la dirigencia nacional bajen una nueva línea moral, para que inmediatamente se active la maquinaria del linchamiento interno.

La instrucción presidencial dice “no al nepotismo” y entonces aparecen expedientes, campañas digitales, filtraciones y señalamientos contra hijos, esposas, hermanos, cuñados, parejas sentimentales y hasta amistades. Nadie acusa por convicción, sino porque el otro estorba.

La consigna ahora es “no a la reelección” y de inmediato comienza la cacería de quienes pretenden mantenerse vigentes políticamente. Los mismos que hace unos meses defendían la continuidad como un derecho democrático, hoy descubren que perpetuarse en el poder es inmoral, siempre y cuando el beneficiado sea el rival.

Y cuando desde la cúpula se condenan los excesos, las fiestas ostentosas o el despilfarro, entonces aparecen fotografías y videos cuidadosamente administrados desde las propias entrañas morenistas.

Morena está entrando a una etapa donde la verdadera oposición ya no está afuera, sino dentro.

El discurso de la unidad se mantiene únicamente para las conferencias, los boletines y las fotografías. En la realidad, los distintos grupos políticos se preparan para una guerra de desgaste donde el objetivo no será demostrar quién es el mejor perfil, sino quién logra destruir primero la reputación del otro.

Ya no se gana construyendo prestigio, sino destruyendo el prestigio ajeno.

El problema para PRI, PAN o Movimiento Ciudadano es que tampoco queda claro si tienen la capacidad, el liderazgo o la inteligencia política para capitalizar este canibalismo vinotinto.

El problema es que esto va a poner peor y lo que hemos visto es tan solo la antesala de un Coliseo Político, donde los leones y las fieras rugen de hambre.

Aquí sí aplica la de “lo peor, esta por venir”.


  • Alberto Rueda
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