El Mundial de unos cuantos

Puebla /

Comenzó la justa mundialista donde 22 hombres correrán por un balón para poder colocarlo en la red del equipo contrario. Y con eso basta para paralizar al planeta.

Durante un mes, millones de personas ajustarán horarios, modificarán rutinas y pospondrán compromisos para sentarse frente a una pantalla. El futbol tiene esa capacidad que ningún otro espectáculo ha logrado, el de convertir un juego en un acontecimiento global.

Pero esta edición también será recordada como el torneo al que muchos mexicanos, los propios anfitriones, no pueden asistir.

México abre las puertas de la fiesta, pero buena parte de sus ciudadanos se quedará afuera. Los boletos para algunos encuentros alcanzaron cifras que resultan inalcanzables para una familia promedio, quienes tendrían que destinar el equivalente a varios meses de ingresos únicamente para entrar al estadio, sin contar transporte, alimentos, hospedaje o cualquier gasto adicional.

El futbol siempre fue presentado como el deporte del pueblo. El Mundial de 2026 parece demostrar exactamente lo contrario.

La expectativa económica tampoco ha resultado como muchos imaginaron.

Empresarios, restauranteros y prestadores de servicios confiaban en que el torneo generaría una derrama similar a la observada en otras ediciones. Sin embargo, las reglas de comercialización y explotación de derechos terminaron concentrando buena parte de los beneficios en muy pocas manos.

Los costos para transmitir partidos, organizar eventos relacionados o utilizar contenidos oficiales resultan prohibitivos para numerosos negocios locales en Puebla y el resto del país. Lo que parecía una oportunidad terminó convirtiéndose en un mercado altamente controlado.

Sin embargo, el futbol sigue demostrando algo que va mucho más allá de un negocio.

Su influencia alcanza la economía, la política y hasta el estado de ánimo colectivo. Puede unir ciudades enteras detrás de un mismo escudo. Puede convertir un estadio en punto de encuentro para miles de personas que durante noventa minutos olvidan problemas, preocupaciones y diferencias.

Quizá por eso, ciudades como Puebla, defienden con tanta fuerza la permanencia de sus equipo profesional.

Porque el futbol no solo genera empleos, consumo o turismo.

También ofrece la posibilidad de escapar de la realidad... aunque sea por noventa minutos.


  • Alberto Rueda
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